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Zafra (Badajoz)
Territorio Paradores, un proyecto de Paradores

Del medievo al surrealismo en un paseo

Con su castillo-parador del siglo XV como el más vivo recuerdo de la antigua ciudad, Zafra bascula entre su identidad milenaria a través del vino y el aceite y la más actual, con actividades como la escalada, el turismo de orquídeas o la visita a un ‘gaudí’ apócrifo. Ya no es solo un lugar de paso

Explorar el interior de un castillo de noche, liviano tras un baño caliente y en soledad es un placer que pocas veces se presenta. El parador de Zafra, especie de Hogwarts extremeño, brinda esta oportunidad. Hay estancias circulares que parecen el gabinete de un mago. Salones en penumbra, con una opulencia de casa de dehesa, en los que sentarse frente al fuego y estudiar conjuros. Una capilla en la que colarse e imaginar cómo los duques de Feria (esta es su antigua casa) escuchaban misa bajo el techo de pan de oro. Volver a la habitación, de puntillas y con un cosquilleo de emoción, para caer en una cama principesca, con dosel y unas grandes telas rojas que, por suerte, no hay que apartar.

¿Puede un edificio despertar tanto la imaginación? “Sí, porque estamos en un alcázar del siglo XV en el que cada espacio es diferente”, responde Carmen Comino, directora del parador desde hace 12 años. “Pasar unos días aquí es sumergirse un poco en el medievo”. El castillo, pese a su aspecto defensivo, con sus nueve torres y sus almenas, fue más bien una tranquila residencia palaciega. “Era una señal del poderío de los duques de Feria”, prosigue Comino. “Lo levantaron aquí como punto de paso en la ruta de la Plata, en el camino hacia sus tierras del sur”. Parador desde 1968, el edificio se conserva impecable, con la reforma de la fachada exterior como última mejora. “Siempre ha tenido uso y por eso se ha mantenido tan bien. A lo largo del tiempo ha sido oficina de telégrafos, hospital de sangre, escuela de arte y oficios, refugio de familias sin recursos… La gente de Zafra lo recuerda”, detalla la directora.

Dentro del parador

La antigua residencia de los duques

Pisar el parador de Zafra es pisar casa noble. De influencias góticas y mudéjares, este palacio del siglo XV fue una de las residencias principales de los duques de Feria, un alto en el camino hacia sus tierras del sur; desde 1963 es parador. Destaca su marmóreo patio, de influencia renacentista y en el que es una delicia comer si el tiempo acompaña, y sus nueve torres almenadas, que le dan un aspecto de castillo cervantino.

¿Habitación con torre o sin torre?

Hay disponibles 51 habitaciones, 12 superiores y 36 dobles. Entre ellas, una suite con terraza y artesonado de madera policromada, una júnior suite y una habitación adaptada para personas con discapacidad. También la peculiar 303 (en la imagen), una habitación circular –se dice que fue antiguo archivo del duque– situada dentro de la propia torre del homenaje.

Ternera y cerdo de raza 100% autóctona

Lo que ofrece la carta del parador de Zafra proviene de la dehesa extremeña: jamón ibérico, quesos como la Torta de Barros, aceites, vinos... Y, por encima de todo, carnes, que además son 100% raza autóctona, como el solomillo de ternera retinta (en la imagen) y el cerdo ibérico. Materia prima que convive con otros clásicos pastoriles: las migas (también para desayunar), el zorongollo (una ensalada fría de pimiento rojo) o la caldereta de cordero.

Tres lugares para comer y beber

El comedor principal, alargado e iluminado con tacto, ofrece desayuno, almuerzo y cena para 60 personas. Se accede desde el patio de la planta baja. El parador dispone también de un comedor privado con aforo para 20 personas, con techo de madera policromada, que aloja eventos de restauración. Y para un algo rápido (o no) está la cafetería, que tiene un curioso altillo con un par de mesas de lo más tranquilo.

Recovecos y salones

Una de las cosas más curiosas de este parador es la cantidad de estancias inesperadas que alberga. En el salón capilla del siglo XV, donde los duques rezaban, salta a la vista la división nobleza-plebe, escenificada en las dos alturas del espacio, cuya cúpula está rematada en pan de oro. Cerca, también en la tercera planta, está el salón chimenea (en la imagen), que rezuma calidez de casa de campo esté o no prendido el fuego. Ambos espacios son de libre uso.

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Poco después, ya de sobremesa, uno se ve charlando con el duque de Feria sobre taifas, escritores mestizos y viajes al Nuevo Mundo. Es una visita teatralizada. Un plan que, quizá contra la creencia popular, resulta estimulante y divertido, con el patio marmóreo y renacentista del parador a modo de escenario y unos actores (amigos entre sí, cosa que se nota) que ayudan a entender todo lo que fue y es Zafra: el nacimiento de la feria de ganado más grande y antigua de España; el origen del verbo nalguear; el brillo de la ciudad en el siglo XVII, que se conmemora con la fiesta anual de la Luna al Fuego; la afición milenaria por el ajedrez, con Rui López como figura histórica; una agricultura privilegiada, con la vid y el olivo como emblemas y la orquídea como joya vegetal… O la humilde historia de Félix el Relámpago, bandolero colega del Tempranillo que, con su aparición armada, disipa cualquier atisbo de modorra.

Pero el parador no solo ofrece ensoñaciones medievales. Tiene disfrutes más inmediatos: el solomillo de ternera retinta (raza autóctona de la región), el jamón ibérico (también de cerdo local y certificado), el queso Torta de Barros (ojo con la corteza) o unas migas para desayunar ante las que un matrimonio inglés exclama “Mmmm, delicious!”. Nacionalidad extranjera mayoritaria tras franceses y alemanes, con un reciente auge de coreanos y chinos, aunque el cliente que predomina es nacional. Comino además invita a sus vecinos a hacer suyo el parador: “Queremos abrirlo aún más a nuestra gente. Que no haya barreras y lo perciban como fácil. Y se pasen siempre que quieran”.

Actividades para todos en un entorno natural

Visitas culturales, turismo sostenible, dinamización del lugar…
Cómo sacarle el máximo partido a la zona en la que se ubica el parador de Zafra

Una primavera única

En febrero el tiempo es templado y en las plazas principales de Zafra, la Chica y la Grande, hay gente en las terrazas, cobijadas por los calefactores de tubo. En breve, cuando llegue la primavera, se producirá uno de los acontecimientos más llamativos de la zona: la floración de la orquídea que, en la comarca de Zafra, posee una diversidad única: “El suelo que tenemos aquí es perfecto para esta flor. En un solo día se pueden ver hasta 1.500 ejemplares”, explica Adolfo García, guía de naturaleza que organiza tours de turismo floral, una actividad que dispone de una nueva guía oficial desarrollada por la propia comarca. La flor, que tiene un festival propio en abril, se suma al turismo de aves (y mariposas y libélulas), un nicho que crece a gran velocidad entre los turistas británicos, pero también entre los españoles: “Es un mundo mágico. Cada vez vemos más gente con su libreta para dibujar o su cámara para hacer fotos”, añade García.

Mientras, hasta que la primavera llegue, se puede visitar la casa de los zafrenses Antonio y Bonifacio Fernández, tercera y cuarta generación de Bodegas La Pelina, que reciben cuando el sol ya ha caído. A Bonifacio, el patriarca, no le importa que sea de noche: “Es una vida sin horarios, entregada. Te tiene que gustar”, afirma sonriente. A su lado, su hijo Antonio, actual director de la bodega, prepara con esmero los vinos –desde tintos premiados en roble francés hasta blancos de variedades autóctonas– con los que quiere dar a conocer su mundo y su tierra. En la cata se habla poco de taninos y astringencias. Reina una pregunta: ¿a qué te sabe? “Esto no es una ciencia. Lo importante es probar, disfrutar y aprender”, subraya Antonio.

PARADORES RECOMIENDA

"En Los Santos de Maimona, a 10 minutos en coche desde el parador, está la Ruta Verde, un sendero muy tranquilo entre pinares que llega hasta Zafra. Pasa por la sierra de San Cristóbal y tiene una vegetación muy bonita, en parte protegida. Y de vuelta se puede visitar la ermita de San Isidro"

José Serrano

Jefe de cocina 6 años en Paradores

"Hay que subir al Castellar, una sierra desde la que se puede ver toda Zafra. La gente va a hacer senderismo, a merendar, a descansar y respirar aire puro... Desde el mirador las vistas son impresionantes. Hay que andar un trecho para subir hasta la cima, eso sí"

Liliana Berthalet

Responsable de comedor 6 años en Paradores

"Aquí en Zafra tenemos el pantano de la Albuera, a una hora en coche, que es un sitio espectacular en el que se puede hacer piragüismo o pasar el día. Es un remanso de paz: escuchas el agua, los pájaros, te dejas llevar... Y es perfecto para venir con niños"

María Josefa Méndez

Camarera de piso 5 años en Paradores

Ese ánimo divulgador lo comparte José Medina, zafrense de 75 años, un productor de aceite de oliva que cree a pies juntillas en las virtudes de este líquido. “El olivo tiene un supermercado debajo”, ilustra. “El cultivo tradicional consigue que ese supermercado esté repleto, que tenga existencias: cinc, hierro, calcio….”. El aceite virgen extra que produce, de la variedad morisca, pica en la garganta y huele a hojas de higuera. “Es signo de calidad. Con un virgen extra se puede freír hasta 13 veces. Parece un dato baladí, pero ayuda a dar a conocer lo que hacemos”, dice.

En el cercano municipio de Los Santos de Maimona aguarda otra delicia. Entre una hilera de viviendas unifamiliares, en una calle residencial, aparece una construcción fuera de contexto: una especie de palacio-casa a medio camino entre Alicia en el País de las Maravillas y Tim Burton, en cuya puerta espera un grupo de turistas que no sabe si entrar o no. La atracción es el llamado Capricho de Cotrina. Cotrina era el apodo de Francisco González, marmolista y autor de esta rareza arquitectónica a la Gaudí (aunque se cuenta que nunca conoció la obra del artista catalán), a la que dedicó todos los domingos de su vida durante casi 30 años.

“Mi padre tenía todo esto en la cabeza. Cada pequeño azulejo está cortado, pintado y colocado a mano. Nosotros, mi hermano, mi marido y yo, proseguimos ahora con su tarea. Pero él era único”, explica Pilar González, su hija, que organiza visitas para mostrar los fantásticos moradores tallados por toda la casa (de un gusano gigante a tortugas y serpientes) y adentrarse en la visión de Cotrina, cuya maestría se vio validada póstumamente, como atestigua la carta de una académico de la Universidad de Barcelona que cuelga en la pared: “A Francisco le pasó como a Lorca: le tocó vivir en una época poco favorable [...] Los reconocimientos hacia los genios debemos ejercerlos en vida”.

Desde aquí se puede volver de Zafra a pie, por una ruta senderista. Del surrealismo al medievo en un paseo.

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Créditos:

Redacción y guion: Jaime Ripa
Coordinación editorial: Francis Pachá
Fotografía: Jorge Armestar
Diseño: Juan Sánchez
Desarrollo: Rodolfo Mata
Coordinación de diseño: Adolfo Domenech

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