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Blogs / Cultura
Del tirador a la ciudad
Coordinado por Anatxu Zabalbeascoa

Elemental en Lisboa: sostenibilidad cívica y con carácter

Es muy difícil respetar una trama y destacar. También lo es hablar de uno mismo y, al tiempo, representar a una marca. El estudio chileno que capitanea Alejandro Aravena lo consigue con la sede de Energía de Portugal

Este proyecto es una convivencia de contrarios. Y por eso, un éxito. La clave está, naturalmente, en la convivencia. Se da por partida doble. De un lado, para adaptarse al plan maestro del urbanismo lisboeta, el inmueble está dividido en dos volúmenes y, a pesar de ello, funciona con una única identidad. Para conseguirlo, los arquitectos plegaron el espacio público con una pendiente, que marca la continuidad de la trama urbana de la colina al río, y conectaron los edificios en el punto más alto de ese pliegue.

La segunda convivencia de contrarios se da entre dos conceptos: sostenibilidad e identidad. En una época en la que la primera palabra parece tener su propia imagen, la solución del estudio chileno a ese conflicto es, perdonen el chiste malo, elemental. Aquí la sostenibilidad no se ve, pero se siente cuando en el interior del edificio el sol no sólo no molesta, sino que se agradece; cuando la escalera se prioriza porque está en un primer plano, iluminada y no oculta como acceso secundario; cuando las lámparas sólo se encienden de noche; cuando uno puede salir a la terraza a hablar o trabajar empleando energía natural (solar) y cuando la masa térmica del edificio de hormigón hace de filtro del frío y el calor y sirve, además, para construir un hito urbano.

Esta sede es un edificio con carácter, un espacio singular sólido, cívico, inesperado y, sin embargo, atento a su lugar y a su tiempo. Desde esa vocación de servicio hablan los mejores edificios del siglo XXI.

Así, la rotundidad de la sede, que recuerda una falla o una gran escultura de hormigón, se domestica en las fachadas laterales, con vidrios retranqueados y brise-soleil que evitan la radiación directa (el efecto invernadero). También gana ahí escala humana ofreciendo vida cívica para la que sirve de escenario la nueva plaza urbana, el espacio público entre las dos partes de la sede que es una plaza. Para subrayar esa decisión, la entrada a la sede no se produce por la plaza, sino por una de las calles laterales.

En Elemental hablan de un funcionalismo humanista. Cuidar lo de dentro tanto como lo de fuera. Defienden una calidad de vida que mejora el trabajo. Y en este edificio hay siempre luz y entra el sol sin deslumbrar. Para conectar la sede con la ciudad, han abierto un café en la planta baja. Para mejorar la vida de los empleados, instalaron un gimnasio en la azotea.

Elemental lleva la delantera a la hora de levantar unos edificios en los que la sostenibilidad es tan contundente como invisible. No se trata de anunciarla como un mérito propio, o del edificio, se trata de encarnarla. Con esa idea, y en Lisboa, han levantado la sede de Energía de Portugal, un inmueble que es una manzana urbana. Una sede de oficinas que habla de empresa y responsabilidad, que despliega una arquitectura atenta y que es un modelo de espacio de trabajo cívico, domesticado y sostenible.

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