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Blogs / Cultura
Del tirador a la ciudad
Coordinado por Anatxu Zabalbeascoa

El futuro de actualizar la tradición

Segunda oportunidad. De eso va este proyecto pakistaní que recicla materiales y actualiza métodos constructivos para rehabilitar personas

En Ghauri Town, un barrio a las afueras de Islamabad (Pakistán), la organización Vision Pakistan ofrece una oportunidad a jóvenes marginales, analfabetos, con problemas de adicción, de depresión o de delincuencia. Se trata de una escuela para reaprender a vivir. Los jóvenes acuden durante un año para aprender una destreza —costura, carpintería, cocina—, pensamiento crítico, autoconciencia, sensibilidad de género —especifica el ideario de la institución— para lograr la autosuficiencia económica.

Hace unos meses, los arquitectos de DP Studios y Mohammad Saifullah Siddiqui, recibieron uno de los premios de la Fundación Aga Khan por haber conseguido transmitir esa voluntad de rehabilitación con su nuevo edificio. El inmueble nació para sustituir los locales alquilados en los que operaba Vision Pakistan. Sin embargo, siendo nuevo, se diría que el edificio pertenece al lugar. También que, siendo llamativo, se percibe arraigado. ¿Cómo es posible?

Ubicado en la periferia de Islamabad, en una zona con tráfico para que los jóvenes puedan llegar con facilidad, conviven arquitecturas de diversa escala, tipología, factura y calidad. El nuevo inmueble de seis plantas dispone de 848 metros cuadrados que se utilizan como aulas, oficinas, sala de exposiciones y aparcamiento. Las aulas donde acuden a diario entre 40 y 50 jóvenes están ubicadas al este para aprovechar la ventilación y la luz natural. El comedor, con un pequeño huerto, ocupa la planta más alta para separar el descanso del trabajo y el estudio.

Un patio central, entre la segunda y la quinta planta, da vuelo a la escalera, favorece la ventilación y organiza la comunicación vertical de luz y aire, no solo los desplazamientos.

También los materiales económicos y low tech empleados hablan del reciclaje que se produce en el centro: del bajo coste convertido en artesanía por el trabajo manual al uso del color y la imaginación. Son pequeños cambios destinados a facilitar el mantenimiento que resultan en la construcción de una identidad festiva, ilusionante, humana. Así, en su crudeza y sencillez, pero también en su audacia y su alegría, el edificio recuerda al Teatro Oficina que Lina Bo Bardi levantó en Bela Vista (Brasil) en 1984. Es esa idea de actualizar la tradición, escucharla, aprenderla, aligerarla y celebrarla la que resulta tan singular y festiva.

Con estructura de hormigón y ladrillo pintado al temple, suelos de terrazo, carpinterías de aluminio —ideadas, atención, para poder limpiarse desde dentro— y celosías coloreadas que actualizan la tradición islámica decorativa de los años sesenta de filtrar el sol y decorar con motivos geométricos, el inmueble ha marcado el barrio y, a la vez, se ha asentado en él.

La ventilación, las celosías coloreadas y la convivencia con la vegetación tienen tanto de estrategia pasiva como de estrategia activa. Logran reducir el consumo energético, pero también construir un espacio flexible y una identidad arraigada, natural, algo así como sanar las raíces para ver crecer un edificio. Y abrir la puerta al cambio.

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