Baz Luhrmann regresa a Elvis Presley pero esta vez habla el rey: “He llegado a conocer a ese hombre vulnerable y empático”
El realizador australiano presenta ‘EPiC’, filme con imágenes de conciertos en Las Vegas en 1970 y declaraciones inéditas del cantante

Las Vegas, 1970. Embutido en su emblemático traje blanco de altas solapas, Elvis Presley sale al escenario del International Hotel, donde lleva dos años actuando, ante una audiencia de 2.200 personas —el establecimiento acogía el recinto para espectáculos más grande de la ciudad aquellos días— compuesta por entusiastas de toda la vida y famosos como Cary Grant o Sammy Davis, Jr. que no quieren perderse en concierto a quien ya se conoce como el Rey del Rock and Roll. Elvis irrumpe en escena; está en plena forma: canta con potencia volcánica, luce excelente tono físico, bromea, incluso durante las canciones, con músicos y coristas —entre quienes están las Sweet Inspirations, con Cissy Houston, madre de Whitney, a bordo— y bendice con besos en los labios a toda acérrima seguidora que consigue estrujarlo. Se le ve pletórico, haciendo lo que más le gusta: alegrar al público a través de la música. El éxito es apoteósico.
Momentos así son los que muestra EPiC (Elvis Presley in Concert), la película que este viernes llega a los cines en España y que, en palabras de su director, Baz Luhrmann, “no es exactamente un documental ni el vídeo de un concierto, sino un poema en el que Elvis cuenta su historia”. Sí, porque no solo con música en directo está armada la cinta: además de los negativos de 8 milímetros que el cineasta rescató de un almacén de MGM en Kansas, y que recogen las imágenes de las actuaciones, salpican el metraje declaraciones del propio artista, extraídas de un audio inédito de 40 minutos, en las que muestra otra cara: la del Elvis fuera de los escenarios. En su monólogo, Elvis se confiesa decepcionado por la escasa calidad de sus películas y ansioso, a la vez que frustrado, por la gira por Europa y Japón que le cuesta llevar a cabo.
“No llega a realizarla”, explica Luhrmann, “y repite en Las Vegas una y otra vez. Era como un pájaro que choca con un muro de cristal. No sabía por qué no podía ir a Europa. Termina actuando en Las Vegas siete años”. Se produce entonces la transición entre el Elvis regio y el caricaturesco: “El Elvis de disfraz de Halloween, el de broma, es el de cuatro o cinco años después. Entra en declive porque, citando su canción, estaba ‘atrapado en una trampa y no podía salir” [parte de la letra de Suspicious minds, de 1969].
La razón de esa funesta reclusión en una jaula de oro ya la abordó Luhrmann en su anterior trabajo sobre el cantante, Elvis (2022), biografía contada a través de los ojos de su representante, el infame Coronel Parker, quien ni era coronel ni se apellidaba Parker. “Concibió al artista como un personaje de circo”, apunta el director, “pero se convierte en una de las fuerzas creativas más increíbles en Estados Unidos”. Parker percibía un 50% de los ingresos de Elvis, acuerdo indestructible: cada vez que el cantante pretendía romper su relación, el mánager le pasaba una minuta millonaria a la que no podía hacer frente. El falso coronel, neerlandés sin papeles (lo que se supo después), no podía salir de Estados Unidos sin correr el riesgo de no volver a entrar, lo que abortó el plan de Elvis de cantar más allá de su país.

Aunque ambas películas se antojan hermanadas incluso por unos títulos de crédito parecidos, saturados de dorados, su autor no considera EPiC una continuación del biopic, sino, más bien, “una especie de contrapunto”. “Esta nueva película se centra más bien en dejar que Elvis te cuente, como él dice, su versión de la historia”. No es habitual que un director de cine dedique dos proyectos a un mismo personaje, lo que sugiere, en su caso, cierta fascinación por Elvis. “Cuando era niño me encantaban sus películas, pero ese no fue el motor para rodar la primera. Era más bien el explorar Estados Unidos a través de Elvis. Es la historia de un feriante que coge algo puro, americano y auténtico, y lo vende y revende hasta que no termina bien. Con la nueva película aprendí que, como dice Elvis en las grabaciones, es muy duro estar a la altura de una imagen. Creo que he llegado a conocer al hombre visionando todas esas horas: a ese hombre tímido, vulnerable, empático y amable a quien gustaba hacer que la gente se sintiera cómoda”.
Ciertamente, Luhrmann se ha convertido en este proceso en un entendido en todo lo relativo a Elvis. “Es mucho más que un icono de la música”, señala. “Es una parte inextricable del tejido de América en los años cincuenta, sesenta y setenta; fue el hilo de ese tejido. Hoy ese tejido está raído, y es buen momento, una vez más, de mirar los fundamentos que le dieron forma e hicieron de Estados Unidos un lugar fresco y reinventado”.
Luhrmann se las ingenia para, a través de conciertos y declaraciones, abrir el alma del artista en una etapa agridulce. “Creo que era absolutamente feliz cuando estaba frente al público”, opina. “No sentía pánico escénico; sentía pánico de salirse de escena. Por eso se siente tan cómodo ahí fuera. En el escenario encontraba paz, pero no fuera de él. Las películas que hizo eran máquinas de hacer dinero. Era el actor mejor pagado de Hollywood, aunque, si te fijas, en las primeras que hizo, como King Creole, sabe actuar. Mientras cantaba en Las Vegas se habló de que rodaría Ha nacido una estrella con Barbra Streisand, y una vez más alguien, no diré quién, boicoteó aquello”, dice sin nombrar a Parker.

Solo otro cantante de música popular alcanza el estatus de Elvis, según Luhrman: “Michael Jackson y Elvis estaban extrañamente conectados, más allá de Lisa Marie [hija de Presley, con quien Jackson se casó en 1994]. Michael pensó: ‘Si a Elvis le llaman el Rey del Rock and Roll, yo quiero ser el Rey del Pop’. Ambos eran obscenamente famosos. Estaban entre los hombres más famosos del planeta. Ningún ser humano está preparado para ser tan famoso. Al final es destructivo. Respeto mucho a Michael, a quien conocí. Podemos decir lo que queramos de estas personas tan icónicas, pero ninguno de nosotros ha vivido una vida como la suya ni de lejos. Las cosas normales, como una relación sentimental o tumbarte al sol en una playa, no están hechas para ellos. Lo que está hecho para ellos es conectar con el público”.
Elvis murió en 1977, a los 42 años, tras una progresiva autodestrucción a base de pastillas y hamburguesas. “No estoy seguro de que él lo eligiera”, duda Luhrmann. “Cada vez que no le cuadraba por qué estaba metido en ese circo, se recomponía y podías ver al gran Elvis, como en el especial de regreso para la televisión [The 1968 comeback special, para la NBC]. Aquel espectáculo es totalmente él. Es Elvis diciendo: ‘Bien, voy a mostrar a todo el mundo lo que puedo hacer’. Pero no comprendía por qué tenía alrededor esa especie de miasma. Perdió la voluntad de luchar”.
De no haber sucumbido, ¿qué habría sido de Elvis? “Tengo la sensación —baraja Luhrmann— de que si hubiera hecho la gira mundial con la que soñaba, habría entendido que no necesitaba al coronel. Eso es lo que hemos intentado: dar a Elvis la gira mundial con la que soñó pero nunca tuvo. Eso es EPiC. Ahora está en su EPiC world tour"
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