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Crítica de cine
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

‘Turno de guardia’: el argumento no invita al deleite

No quiero ser testigo de enfermos que están en las últimas. De un catálogo pavoroso de cánceres, alzhéimer, ictus. De infinitas depresiones

Leonie Benesch, a la izquierda, en 'Turno de guardia'.

No creyendo en la existencia del cielo ni del infierno localizado en alturas o bajuras, pero sí en su significado terrenal, identifico al primero con cosas y sensaciones muy placenteras que te puede regalar la vida en determinados momentos y al segundo en los horrores y sufrimientos que se acumulan en los hospitales. Son los lugares más crueles cuando las enfermedades te obligan a ser su huésped. Y vale, pueden servir para sanarte o para el paso definitivo hacia la tumba. Y es muy angustioso tener que visitarlos Porque tu cuerpo aúlla de dolor o porque seres queridos se encuentran allí. Qué alegría si se reponen y cuánta tristeza al despedirte definitivamente de ellos.

Solo suplico que almas caritativas me ahorren sufrimiento aplicándome la bendita eutanasia si llega el desastre o que no tengan la generosa ocurrencia de internarme en una residencia, esas desoladoras antesalas de la muerte, si mis estados físico y mental me convierten en un vegetal. Respeto a los que intentan seguir en este mundo a costa de lo que sea, pero que el Estado le facilite las cosas a los que anhelan un tránsito rápido y sin dolor hacia la nada.

El cine puede servir para muchas cosas, pero me resulta muy problemático entretener mi tiempo asistiendo durante hora y media al trabajo que ejecuta en un hospital una enfermera modélica, nada quejumbrosa, amable, sufrida, extenuada, que ejerce su turno de guardia. No quiero ser testigo de enfermos que están muy mal o en las últimas, de un catálogo pavoroso de cánceres, claudicaciones, alzhéimer, ictus, lógicas e infinitas depresiones, terror ante el monstruo que les ha invadido, desesperación resignada. Todo ello es pavorosamente cotidiano y real, pero yo no tengo fuerza ni ganas para convivir con ello en una pantalla.

Es lo que describe la película suiza Turno de guardia, dirigida por Petra Biondina Volpe y protagonizada por Leonie Benesch, actriz tan creíble como natural, lo único que me gustó en la concienciada, aburrida y muy alabada Sala de profesores. La directora sigue los agobiados pasos de una auténtica profesional, de una persona que hace su trabajo lo mejor que puede y sabe. Es una enfermera admirable en posesión de lo que hay que tener, de lo que hay que hacer, en un trabajo tan duro, que puede desgastar física y emocionalmente cuando acumulas un montón de horas intentando atender, comprender y aliviar a pacientes que están mal, fatal o sin retorno.

También puede sufrir su ira, su impaciencia o su desprecio, comprensible todo ello en gente que está muy jodida. Y el final resuta acomodaticio porque algunos de los de los desesperados piden excusas por sus improperios o su desprecio. El miedo y el sufrimiento extremo provocan esos gestos injustos hacia sus cuidadores. Y admitiendo que lo que me están contando es real y lo duras que pueden resultar anímicamente algunas profesiones, estoy deseando que se acabe cuanto antes esta crónica de las enfermedades en estado crítico.

Reconozco la conciencia social de su creadora al centrarse en temática tan agobiante y no tengo duda sobre los carteles que aparecen al final de la película notificando los peligros para la salud mental que sufren los profesionales de la medicina debido a la acumulación de un trabajo que crea tensión. Pero eso ya me lo han narrado en esta historia. Los cartelitos se le deben de haber ocurrido a los asesores de la política, desvelada ella últimamente y a todas horas por la salud mental de los votantes.

Turno de guardia

Dirección: Petra Biondina Volpe.

Intérpretes: Leonie Benesch, Sonja Riesen, Alireza Bayram, Selma Jamal Aldin.

Género: drama. Suiza, 2025.

Duración: 92 minutos.

Estreno: 16 de enero.


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Sobre la firma

Carlos Boyero
Crítico de cine y columnista en EL PAÍS.
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