El grito identitario canario de Quevedo funciona, y a veces hasta emociona, en su nuevo disco, ‘El Baifo’
El músico entrega un álbum variado en ritmos, con guiños al folclor de su tierra y donde cuenta las paradojas de un joven arrancado de su barrio que cae en las garras de la fama


Dos cosas ha dejado claras Quevedo en su breve pero centelleante carrera: que domina la lista de canciones más escuchadas (acumula ocho números uno desde 2023) y que se muestra extremadamente influenciable por los artistas que tienen más talento que él (cosa lógica, por otra parte). Hoy se ha publicado el tercer disco del grancanario (24 años), titulado El Baifo, un trabajo que funciona como una reivindicación de su tierra, un relato basado en la vinculación identitaria, en aferrarse a la raíz, en alzar la voz para defender a su cuna. Siempre ha ejercido de canario el cantante, pero nunca antes con tanto ahínco como en este trabajo. Recordemos que Debí tirar más fotos, de Bad Bunny, ya lo hizo antes con Puerto Rico, hace un año y medio.
Uno de los dos adelantos de El Baifo fue Ni borracho, que en seguida ascendió al puesto número uno de los más escuchados en la plataforma digital líder, Spotify. Se trata de un merengue, un género que se escucha con pasión en las verbenas y las fiestas canarias y que se ubica en República Dominicana. Así canta: “Yo ya estuve por toda España, me fui de viaje a París, estuve en verano en Miami. / Yo ya he recorrido el mundo y no me mudo ni borracho”. En la pieza cita una veintena de municipios de las islas: “Agaete, Los Llanos, Corralejo, Teguise, Agüimes, Candelaria, Hermigua, Tazacorte…”. También llegaron antes en esto de presentar su candidatura a canción del verano con un merengue (o algo parecido), Rosalía con Despechá en 2022 y Karol G con Si antes te hubiera conocido en 2024.
La filiación canaria en el disco no se queda ahí. Desde el título, Baifo, como se denomina al cabrito en Canarias y que Quevedo se adjudica, llamándose así mismo “baifo y caprichoso”. También algunos de los colaboradores son paisanos, como la agrupación de música popular canaria Los Gofiones o Nueva Línea, una orquesta liderada por cuatro chicas que se recorre con sus ritmos latinos las verbenas del archipiélago. Más de la tierra: esta misma semana Quevedo anunció el lanzamiento del disco ante miles de personas con un espectáculo de drones en la playa de Las Canteras.
El Baifo se abre y se cierra con dos temas a lo René, de Residente (con algo de Milo J), donde Quevedo exterioriza sus sentimientos como joven estrella arrancada de su barrio. Un chico millonario que, sin embargo, siente la angustia y la soledad con demasiada frecuencia. Es un mensaje recurrente cuando se abraza la fama, pero Quevedo lo cuenta con honestidad e ingenuidad, y se agradece. En Está en casa, la apertura, asume que fuera de las islas no se siente inspirado para escribir, y en el cierre, la sincera Hijo del volcán, arropado con acierto por las voces y el timple de Los Gofiones, Quevedo cuenta: “Sueño con que mis niños nunca dejen el instituto, y seguir bajando a la isla para comer barato aunque mis diamantes sean certificados, no moissanita”.
El Baifo es el mejor disco del canario, algo con poco mérito si lo comparamos con el anterior, el desastroso y chabacano Buenas noches (2024), pero a tener en cuenta como evolución de su debut, Donde quiero estar (2023). Hay hedonismo fiestero en el álbum, el que vive un chico de 24 años que como dice en una letra ya tiene arreglada la vida de sus nietos y los nietos de estos. Fiestas, cócteles, sexo con cuerpos bellos… Todos haríamos lo mismo a su edad y con su dinero. En los reguetones existe la intención de salirse del molde, con una base poco habitual o con un guiño al folclor de su tierra. En Gádar, arranca reguetonera, pero luego se convierte en salsera gracias a la intervención del puertorriqueño Tonny Tun Tun. En Al golpito, de lo mejor del álbum, incursiona en el vallenato de la mano de las chispeantes Nueva Línea.
Es un disco largo (50 minutos) con espacio para picotear de estilos variados y con algunas de las mejores letras de su trayectoria. Aquí tenemos al Quevedo más sincero, el que perrea con chicas en la zona VIP de un club con una copa de cava en la mano, el que se encierra en su habitación del hotel después de semanas de gira y echa de menos a su abuela, y el que se siente orgulloso de sus raíces y lo grita a los cuatro vientos.


























































