Terremoto editorial en Francia por las acusaciones de derechización de la histórica Grasset
Más de 100 autores se marchan de la prestigiosa casa en protesta por el despido de su director y la inquietud por un posible proceso de transformación ideológico emprendido por su propietario, como ya ocurrió en Fayard o ‘Le Journal du dimanche’


Un silencioso movimiento sísmico llevaba años sometiendo a pequeñas sacudidas al mundo editorial francés. Las vibraciones llegaban desde el imperio mediático de Vivendi, del magnate Vincent Bolloré, que ha desplegado una avanzadilla en el mundo de los medios del país. Pero las acusaciones de imprimir un viraje ideológico a la derecha en viejas cabeceras se extiende ahora al mundo editorial, donde Hachette -propiedad de la misma compañía- ya emprendió ese camino con la editorial Fayard hace unos años y ahora amenaza con hacerlo en Grasset, cuyo director general e histórico editor, Olivier Nora, ha sido despedido después de 26 años. Al filo de la madrugada del jueves, 130 autores de la editorial, entre los que se encuentran pesos pesados como Bernard Henri-Levy, Virginie Despentes, Sorj Chalandon, Frédéric Beigbeder o Vanessa Springora, anunciaron que abandonan la casa. Un movimiento histórico que sume al mundo editorial en una tormenta ideológica sin precedentes. “No firmaremos nuestro próximo contrato con ellos”, han dicho.
Nunca una parte tan importante del catálogo de una editorial francesa la había abandonado en masa por una cuestión política. O de gestión, según se vea. Autores como Bernard-Henri Lévy, que tenía un libro prácticamente terminado y debía publicarlo en octubre, renunciarán a hacerlo con Grasset. Los firmantes subrayan en su comunicado: “Una vez más, Vincent Bolloré dice [...]: ‘Estoy en mi casa y hago lo que quiero’, despreciando a quienes publican, a quienes acompañan, editan, corrigen, fabrican, difunden y distribuyen nuestros libros. Y despreciando también a quienes nos leen”. Los autores señalan en el documento que rechazan “ser los rehenes de una guerra ideológica para imponer el autoritarismo en toda la cultura y los medios”.
El grupo Vivendi —propietario de un 11,79% de acciones de Prisa, editora de EL PAÍS— tomó la decisión de despedir a Nora el pasado miércoles. Le reemplazará Jean-Christophe Thiery, presidente y director general de Louis Hachette Group. Nora prefirió no responder a este periódico sobre su marcha, cuyos motivos todavía no han sido aclarados.
La versión que señalan varios autores consultados la escribió Le Nouvel Obs y sería una solicitud realizada por Arnaud Lagardère, presidente de Hachette Livre, el 11 de abril, para que Olivier Nora aceptara en su catálogo una obra firmada por Nicolas Diat, editor en Fayard del escritor y polemista Philippe de Villiers o de Jordan Bardella (presidente del Reagrupameinto Nacional). El objeto de la disputa se titula Roma, objeto de amor, un relato de viaje que debía publicarse en Fayard en marzo de 2023, pero que finalmente nunca apareció, y acabó en la mesa de Nora. Este se habría negado a publicar la obra en Grasset, lo que habría precipitado su caída. La portavoz de la editorial ha declinado la petición de este periódico de ofrecer su versión.
La decisión, en cualquier caso, se enmarca dentro de un largo proceso de transformación de los medios que Vivendi ha ido sumando a su conglomerado en los últimos años con la adquisición del grupo Lagardère, como Journal du dimanche. Acusado de promover una ideología de extrema derecha en Francia [la Redacción de dominical estuvo más de un mes en huelga], Bolloré afirmó en una comparecencia en el Senado en 2022 que el interés de su grupo “no es ideológico”, sino “puramente económico”, y se definió como “democristiano”.
Uno de los aceleradores de este culebrón político/cultural fue la contratación del escritor Boualem Sansal por parte de Grasset. El autor, premio Goncourt y encarcelado en Argelia durante un año por sus ideas políticas, abandonó hace un mes Gallimard, su histórica casa de publicación, por motivos poco claros que apuntaban a discrepancias ideológicas. La traumática ruptura -tras su liberación, el escritor estuvo viviendo en el domicilio particular de Antoine Gallimard durante varios meses- desembocó en su inesperado fichaje por Grasset. De hecho, según explicó Le Monde, llegó a imprimir su nuevo libro, ya para la nueva editorial, desde casa de Gallimard sin haberle comunicado su marcha.
Sansal, sin embargo, ya se había convertido en uno de los nuevos faros de la extrema derecha por sus ideas contra la supuesta islamización de Francia y había desfilado por los platós y portadas de algunos medios como el Journal du Dimanche o Valeurs Actuelles, propiedad de Vivendi. Su incorporación al catálogo de Grasset generó las primeras fricciones con Nora e hizo arquear las cejas a algunos autores.
La historia no es nueva. El grupo empresarial ya transformó la histórica Fayard en una editorial que impulsa a líderes y figuras de la derecha o extrema derecha como Jordan Bardella o Éric Zemmour, Nicolas Sarkozy, Philippe de Villiers o el cardenal ultraderechista y reaccionario, Robert Sarah. En aquella ocasión fue Sophie de Closets la editora despedida para comenzar el cambio. “Es el signo de un asalto político e ideológico muy inquietante en Francia. Lo que pasa ahora es que son editoriales históricas de más de 100 años con un catálogo patrimonial magnífico y extremadamente diverso, editoriales que acogen a autores de sensibilidades diferentes, literariamente, política y social. Fayard se ha convertido en una casa de un solo color, veremos qué pasa con Grasset, y evidentemente a medio y largo plazo será un empobrecimiento. Nunca habíamos visto editoriales históricas bascular de esta manera”, señala al teléfono.
Un nuevo éxodo de autores se anuncia también en Fayard después de que partieran unos 40 tras el despido de Closets en 2022. Ahora 25 académicos -historiadores, pero también sociólogos, antropólogos o filósofos-, todos ellos autores de la casa, buscan recuperar sus derechos, tal y como se plantean también los 130 firmantes del comunicado contra el despido de Nora en Grasset. Técnicamente, sin embargo, es extremadamente complicado.
En la primera reunión del grupo de autores de Grasset, según explicó el periódico Le Monde, se dieron los primeros pasos para una “acción colectiva”, un procedimiento judicial en el que todos demandarían conjuntamente para recuperar sus derechos. “No queremos que nuestras ideas, nuestro trabajo, sean de su propiedad. Hoy tenemos algo en común: nos negamos a ser rehenes de una guerra ideológica que pretende imponer el autoritarismo en toda la cultura y los medios. Somos plenamente solidarios con los equipos, las autoras y los autores que aún no pueden pronunciarse”, señalan en el comunicado.
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