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Potato, los desencuentros de una banda que empañaron el sueño de la ‘Euskadi tropikal’: “Necesito una disculpa y luego, ya veríamos”

Los cantantes originales vivos del grupo vitoriano de reggae mantienen una disputa: uno sigue al frente de una formación que acaba de sacar disco, el otro le acusa de usurpar el nombre. Pero la puerta a una reconciliación está entreabierta

Los componentes de Potato el pasado 6 de marzo en la sala Razzmatazz de Barcelona. Pako PKO es el primero por la izquierda, agachado. Mario Luis

En paralelo al movimiento del Rock Radikal Vasco, en los ochenta, se conformaba en Vitoria-Gasteiz la alternativa de una “Euskadi tropikal”. Los que acuñaron el concepto fueron Hertzainak, cuando, en Arraultz bat pino batean (Un huevo en un pino), cantaron: “...eta beharbada egunen batean Euskadi izango da libre ta tropikala (...y quizá un día Euskadi será libre y tropical)”. La banda Potato se encargaría en adelante de desarrollarlo. Frente al conflicto, tropicalidad. En lugar del árbol de Gernika, una palmera. “No solo estábamos cansados de la situación, también del clima”, explica el cantante Pako PKO (Francisco López Moya, La Carolina, Jaén, 69 años). “Todo el día hacía frío, lluvia y queríamos ver el sol. Eso lo llevábamos al terreno político y social”.

Con la dimensión orquestal de las bandas de ska y reggae, Potato se fundó en 1984 con tres vocalistas: Johnny Brusko (Juantxo Borikó, fallecido en 2006 a los 49 años, Basakato del Este, Guinea Ecuatorial), Aianai (Pedro Espinosa, Vitoria, 69 años) y Pako PKO. Sin nociones compositivas, penetraron en el imaginario gracias a sus letras y la batuta de artistas como Javier Olloki, Okiman, fallecido en 2017, que ejerció de director musical de Potato. “Lo de Siberia-Gasteiz es algo que tiene asumido todo el mundo aquí”, dice Pako, en referencia a la canción Para calentar, que incluye la rima: “En Vitoria hace un frío que pela, hay hasta quien dice que parece Siberia”. Al sueño tropical le siguió un despertar difícil. Pioneros en la importación de los sonidos jamaicanos en España, peregrinaron al histórico festival Sunsplash en Kingston, donde se distanciaron de su visión idealizada de una Jamaica marcada por la desigualdad. No sería el único desengaño.

Pako PKO lidera la encarnación actual de Potato, que acaba de publicar nuevo disco, Todavía hay quien resiste. La frase proviene de otra vieja canción, Rula, coescrita con Aianai. “Se les ocurrió a los músicos llamarlo así. Después de tantos años, era idóneo”, afirma el cantante, que se congratula de haberlo financiado por micromecenazgo (reunieron 5.508 euros) y de la acogida en salas, con aforos de entre 500 y 1.000 personas. Pako es el único en permanecer las cuatro décadas, algo que ha podido permitirse al trabajar de funcionario en centros para mayores. De ahí surgió su famoso Reggae popular riojano, transcripción libre de lo que un anciano llamado Higinio, pastor en La Rioja, canturreaba en las comidas. “Decía que la cantaban en la guerra. Se sentaban en corro y pasaban el porrón de vino. Cuando llegan a lo de ‘que beban, ¡que pum!’, al que tenía el porrón le tocaba beber”.

Potato se despidió oficialmente con una larga gira en 2007, Gracias y agur, tras la muerte de Johnny Brusko (fuera desde 1987). Además de Pako PKO, en la gira estuvo Aianai, quien en 1988 había dejado de ser integrante fijo al no poder compaginarlo con el oficio de periodista, aunque continuaba colaborando. Tras la gira, estalló un conflicto cuando Pako, respaldado por otros músicos, decidió seguir. El Potato reconstituido ha grabado dos discos y seguido actuando en España, Europa y Latinoamérica.

En paralelo, Aianai ha difundido varios comunicados, en tono duro, expresando su malestar. “No es Potato. Es un fraude, un engaño, una usurpación y no debería llamarse así”, reitera Pedro Espinosa, Aianai. “A Pako le dije: ‘Puedes seguir en los escenarios, pero no utilices el nombre. Llámate Pako PKO y los Potatoes, pero no hagas esto, porque has faltado a tu palabra y al respeto de seguidores que creyeron ese digno final”. Para Aianai, la pérdida de Brusko fue el punto de inflexión. “Johnny Brusko y yo ideamos Potato. Cuando murió, yo había visto que Potato iba a la deriva. El propio Pako lo reconoce en el documental que hicimos. Había actuaciones deleznables. También se desvanecía esa remota posibilidad de reunir en el escenario a los tres cantantes originales”.

Aianai dice que no ha emprendido acciones porque su denuncia “es moral, de principios”. Potato se registró entre 2010 y 2011, a nombre de Pako y otro fundador, Timoteo Ozaeta, Jalas, primer batería, que suele acompañar al grupo como técnico. “Nuestro ideal era ácrata, nunca se nos ocurrió ir a estas cosas del sistema capitalista y del registro de la propiedad. Para mí, Pako ha perdido la credibilidad, defraudado y roto con los ideales que conformaron la Potato Punki Reggae Party Banda”.

De Jamaica a Vitoria

Lejos de rehuir el tema, Pako se muestra conciliador con Aianai. “Realmente parece bastante dolido”, admite. “Yo le respeto mucho y reconozco la labor tan importante que desempeñó. Sacó canciones emblemáticas, como Rula, que hicimos a medias, Será si hay o Kuiti. Aunque son conjeturas, creo que la muerte de Juantxo le afectó muchísimo. Él personalmente se encargó del proceso final de su enfermedad [cáncer de páncreas]”.

Todo se torció al final. El grupo planeaba extender su despedida por varios centros okupa de Alemania en primavera de 2008, pero, según Pako, Aianai canceló unilateralmente, alegando que su compañero no podía cantar. Él lo niega: “Es mentira. Simplemente dije que se arreglaran, que yo ni lo iba a organizar ni iba a ir”. La banda tocaría en el país teutón como Potato Free-to. Con la relación rota, Pako rechazó participar en el pregón de los carnavales de Vitoria ese año, al que estaba invitado Potato. Finalmente, canceló la despedida. “Lo que me ha llevado a seguir adelante ha sido el público”, defiende el actual líder. “Una despedida no es una disolución. La disolución, para mí, es un concepto químico. Te puedes despedir de un amigo y, tiempo después, reencontrarte”.

Aparte de los comunicados, Pako acusa a Aianai de haber “torpedeado” la trayectoria reciente de Potato. Cita una actuación organizada para la final de fútbol de la Copa del Rey de 2017, que enfrentó a Alavés y Barcelona, y que pendió de un hilo tras una llamada del excantante diciendo que no eran los verdaderos Potato. “Eso es cierto. Oye, también me jodía mucho, porque yo jugaba en el Alavés. ¡Soy socio!”, confiesa Aianai.

Pese a lo enconado de los puntos de vista, apuntan a una conversación pendiente. Pako PKO dice que planteó a Jalas, amigo común, reunirse con su excompañero para reclamar al sello Elkar los derechos digitales de Potato, pero Aianai exigía disculpas previas. “Todo depende de la voluntad”, sostiene Pako. “En conciertos, presentaciones de discos, siempre he dicho que a mí me gustaría que estuviera. No tengo nada contra él. Si tengo que disculparme, no me importa hacerlo. No sé de qué, pero por la paz se hace lo que sea. Imagino que llegará el momento alguna vez”. ¿Es tarde para restablecer puentes? “A ver, no soy rencoroso”, responde Aianai. “Antes de nada, necesito una disculpa. A partir de ahí, ya veríamos. Joder, ¡si están haciendo lo que siempre deseamos! Están viajando por ahí, sobre todo a Latinoamérica. Antes de que cante el PKO La clase obrera, que encima la canta de pena…”.

Las disculpas que reclama Aianai se relacionan con otro comunicado que, asegura, Pako publicó en la web de Potato para argumentar su continuidad: “Dijo que yo era un dictador y que estaba medio loco”. El texto no aparece en la página, algo que atribuye a que fue en una web antigua. “Es duro llevar la contratación, cantar y ser road manager. Eres el malo, el cabrón, el que dice a qué hora hay que estar…”. Pese a que Potato apenas ha funcionado profesionalmente (de ahí el baile de miembros: según Pako PKO, más de 100 personas han pasado por la banda, que suele contar con siete u ocho integrantes), Aianai precisa que su “dictadura” consistió en establecer que todos en igualdad cobrasen 300 euros por concierto en la despedida. “Nunca ningún miembro de Potato había cobrado 300 por bolo. Ese año la gente pudo vivir de la banda”.

Concede que le ha gustado la reelaboración de Puro derroche del último disco, con colaboraciones de Green Valley o Rapsusklei. En el libro Potato Reggae Banda: La utopía de una Euskadi tropikal (1998), coescrito con su mujer, Elena López Aguirre, exguitarrista de Potato, que planea reeditar ampliado este año a través de Pepitas, también alababa la capacidad de reinvención de Pako, incluso tras su mayor crisis: cuando se fueron Okiman y otros miembros en los noventa para formar Arawak. “Yo reconozco que Pako tiene canciones brillantes: Elástica conciencia, Pegamento, El sultán, Sube…”. Pako, por su parte, reivindica la consistencia de la formación actual: el teclista Carlos Moreno y el vocalista Javi Flores llevan alrededor de 25 años, y el trombonista Andoni Maidagan casi 15. “Potato ha sido una escuela dedicada al ska y al reggae. Muchos músicos de la escena han pasado por aquí”.

En otoño, esperan actuar en Japón, sueño recurrente de Pako. Al margen de si, para entonces, los fundadores se reconcilian, Aianai es tajante con que nada afecta a sus sentimientos por Potato: “En absoluto. Es una de las cosas más bonitas que he hecho en mi vida”.

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