Tres toneladas de muebles reciclados para un divertido enredo operístico
El Teatro Real recupera tras un siglo de ausencia ‘La novia vendida, de Smetana, en un imaginativo montaje de Laurent Pelly y con Gustavo Gimeno al frente de la orquesta

Se pasean el maestro Gustavo Gimeno y el director de escena Laurent Pelly por la nueva azotea del Teatro Real, una amplia terraza cubierta de baldosas de vidrio fotovoltaico que, en una mañana soleada como esta, pueden generar electricidad suficiente para iluminar una función completa de La novia vendida, de Smetana, que se estrena el próximo martes. “Quizá no tanto”, bromea el director de orquesta, y señala al nubarrón que cubre la sierra de Guadarrama y amenaza tormenta. “Trabajar aquí es otro nivel”, comenta Pelly en francés mientras desciende por las escalinatas. “Máxima exigencia, pero con todo lo necesario para estar a la altura en un reto como este”.
Hacía 102 años que el coliseo madrileño no programaba la ópera nacional checa por excelencia, precursora de la gran tradición que consolidarían más adelante Dvořák y Janáček. “Hubo dos funciones en el Teatro de la Zarzuela, allá por 1973, pero después cayó en el olvido”, dice Gimeno (Valencia, 49 años). “Y no lo entiendo, porque es una música muy hermosa y de lo más accesible”. Tras la intensidad emocional de El ángel de fuego, Eugenio Oneguin y El castillo de Barbazul, a Gimeno el cuerpo le pedía una comedia. “La partitura de Smetana es íntima, elegante, melancólica, pero sobre todo divertida. Durante el ensayo de ayer no podía parar de reírme…”.
Se refiere al tercer acto de este enredo sobre un joven que finge vender a su amada para burlar un matrimonio pactado por la familia. “Entonces aparece una pequeña troupe de cómicos saltimbanquis y todo se descontrola”, explica Pelly (París, 63 años) de vuelta a los camerinos. “Es un circo felliniano, con números desastrosos y un oso… Muy gracioso, pero también un poco patético”. La acción transcurre en una zona rural de Bohemia a mediados del siglo XIX. “Sin embargo, toda la obra irradia modernidad gracias a una música que cambia constantemente de color”, añade. “No estamos ante una realidad reconocible, sino en una especie de cuento”.
También él ha cambiado de registro tras su última visita a Madrid, hace dos años, con una soberbia adaptación de Los maestros cantores de Núremberg. Inasequible a la comodidad de su propio estilo, el director de escena francés ha vuelto a reinventarse. En esta ocasión se ha alejado de la monumentalidad de aquel Wagner con un montaje inspirado en los dibujos animados de la escuela checa de los años cincuenta y sesenta que daban en la televisión pública francesa cuando era pequeño. “Las siluetas, los trajes, el maquillaje y los movimientos de escena conectan con ese planteamiento naíf y gráfico, a la manera de una fábula visual que funciona, a la vez, como sueño y pesadilla de la protagonista”.
Nada más elevarse el telón, tres toneladas de muebles flotan sobre el escenario. “Esta pesada nube evoca el lado irrisorio de la propiedad, porque en el libreto se habla constantemente de dinero y del casamiento como transacción social”. No por casualidad, buena parte de la escenografía, el vestuario vintage y el atrezo de esta coproducción (con las Óperas de Lyon y Colonia y La Monnaie de Bruselas) procede de materiales reciclados. “Mi objetivo era alejarme del realismo e inventar un mundo caótico lleno de posibilidades. No me gusta subrayar en fosforito, prefiero ofrecer imágenes potentes para que cada cual las interprete a su manera”.

A su lado, Gimeno propone su propia lectura de la nube. “La fantástica obertura avanza por acumulación de motivos que se superponen, repiten, y acaba formando un todo compacto”. Es la primera vez que dirige esta partitura, pero la ha estudiado tan a fondo que incluso ha localizado un motivo que otro gran compositor, nacido en la Bohemia de Smetana, tomó prestado para una de sus sinfonías. “Mahler amaba La novia vendida. Hizo la versión alemana a su paso por Hamburgo y Viena, y hasta ofició su estreno en Nueva York. Era una de esas obras que llevaba siempre consigo en la maleta”, recuerda. “Y de tanto dirigirla, la terminó citando en el movimiento final de la Primera”.
Gimeno ha construido una carrera deliberadamente abierta en cuanto a repertorio: del Messiaen visionario de Turangalîla al Prokófiev alucinado de El ángel de fuego, desde las alturas del podio de la Sinfónica de Toronto o en las profundidades del foso del Teatro Real. “Es la curiosidad la que marca las fechas de mi agenda”, se jacta. “Y aquí me he encontrado con un cruce de lo más estimulante: La flauta mágica, el Singspiel alemán, la ópera bufa italiana, algo de Offenbach… todo fundido en el folclore checo a través de sus danzas”. La encarnación misma del alma nacional checa, pero sin literalidad, lo que le valió a Smetana no pocos reproches por su falta de patriotismo.

Pelly traduce las referencias a la polca, el furiant y la skočná en una escenografía viva: sin bailarines, pero con movimientos muy precisos de los cantantes y un coro festivo que contrasta con el sufrimiento de la mujer a la que todos se disputan. “Lo que me interesa de las obras ligeras es llegar a encontrar la oscuridad, y esta historia supone un tormento para la protagonista: que tu amado te venda es algo bastante violento y brutal”, reflexiona el director de escena, que durante los ensayos canta él mismo los primeros compases del desgarrador lamento Ten lásky sen de la protagonista, a la que prestará su voz la soprano Svetlana Aksenova hasta el 30 de abril.
El resto del reparto estará encabezado por grandes especialistas en esta ópera fundacional del repertorio que, poco antes de morir, su propio autor definió en una carta desconsolada como “un simple juguete”: los tenores Pavel Černoch y Mikeldi Atxalandabaso y el bajo Günther Groissböck. “Smetana escribió La novia vendida tras perder a su mujer y a sus tres hijas, medio sordo por la sífilis y sin el reconocimiento que sin duda merecía, lo que no impidió que la partitura acabara destilando una alegría contagiosa”, asegura el director musical del Teatro Real. “Los compositores no siempre reflejan lo que están viviendo. A veces la música es la única escapatoria”.
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