No dormir para crear: 24 horas, 20 personas y un teatro
El creador Álex Peña dirige en Sevilla ‘Vigilia’, un encierro para concebir un artefacto escénico en un solo día


Los participantes llegan al teatro La Fundición de Sevilla como si acudieran a una acampada: sacos de dormir, ropa cómoda, esterillas y cartones, estos últimos pedidos explícitamente por Álex Peña, el alma que lidera la orgía creativa en esta segunda edición de Vigilia, dentro del laboratorio de pensamiento y creación contemporánea Hemos vivido —que se celebra hasta el 9 de abril—. El primer paso es tomar el escenario, convertirlo en un espacio ocupado donde empiecen a bullir las ideas, como un potaje a fuego lento, como el que almorzarán para reponer fuerzas horas antes de culminar este experimento escénico. Intérpretes, músicas, aficionados, se mezclan para abandonarse durante 24 horas, dejarse vencer por el sueño o resistir, todos caminos válidos para avanzar hacia la pieza que ofrecerán al público al final del día.
El germen fueron las creaciones exprés en tres horas que se hacían en las primeras ediciones del certamen, que ha alcanzado la octava. El año pasado, David Linde, director de LaSuite, decidió transformarlas en 24 horas de encierro con un artista. “Juega con el cansancio, el miedo, el salto al vacío. Ese miedo lo tengo yo, pero me encantan estos retos porque son los componentes básicos del teatro: riesgo, tener algo que contar y la escena”, reconoce Peña días antes de iniciar el encierro, al que están convocadas 23 personas —al final serán 20, incluyendo al propio creador alicantino—.

Con luz tenue, dispuestos en el suelo alrededor de una hoguera imaginaria, uno a uno se van presentando para establecer las bases del vínculo sobre el que afrontar el reto. Algunos se conocen de la escena sevillana, de coincidir en los teatros; la mayoría se encuentran este lunes por primera vez. Raquel Lao es creadora y música, mitad de la compañía La Imbución, y repite después de la experiencia previa con la actriz y creadora gaditana Rosa Romero. “Se creó una atmósfera donde el espacio y el tiempo eran totalmente difusos”, relata. “Fue súper guay ver cómo las mentes funcionaban con sueño y se aprovechó ese cansancio para crear desde ahí, una vez agotada la energía inicial con la que llegamos”.
La incertidumbre está muy presente en estos primeros compases, mezclada con las expectativas personales. La palabra que más se repite es “crisis” —algunas personales, otras profesionales— como un estado que se habita para alcanzar otro. Las dualidades estarán presentes durante todo el proceso: hay a quien le preocupa no dormir o insomnes que lo sienten como una oportunidad de estar acompañados en las horas en las que, habitualmente, todos duermen. También en las tizas con las que escriben sobre el suelo negro conceptos que van atravesando la conversación frente a las pantallas de los móviles en las que anotan términos ligados al concepto de vigilia, que luego juntarán: convivir, estado de atención y cuidado alterado, alerta, abre los ojos, frustración, acompañar, redes, fusión, cultivo, comunidad, vigilar, conciencia, un cuerpo lleno de ojos, sueño colectivo. La creación está en marcha.

Esta toma de contacto siembra para lo que vendrá después de la pausa de la cena, que comparten en la entrada del teatro, de pie. Al regresar al escenario, las luces suben para evitar el letargo que ya empieza a asomar. La misión Artemis 2 también se cuela en esta “cara oculta” de la imaginación, a través de la proyección de las cámaras instaladas en la nave. Álex Peña vuelve a atrapar al grupo con sus juegos conceptuales, guiándolo unas veces de manera explícita, otras dejando que las ideas se asienten. Plantea una reflexión: “Buscad en internet qué es una vigilia”. En la memoria colectiva, la vigilia conlleva significados muy dispares: la espera, el cuidado de una persona enferma, el origen religioso o el día que precede a un suceso.
En su planteamiento, Peña advierte de que la red alberga lo mejor y lo peor, que se puede navegar en el conocimiento científico o en el absurdo, y todo puede adquirir tintes de veracidad. Pone un ejemplo de su propia cosecha, de donde salió su celebrado Recreativos Federico, una mirada al mercantilismo que rodea la figura de Lorca. Peña narra cómo conoció la historia de la casa museo de Bernarda Alba en Fuente Vaqueros (Granada), que originalmente pertenecía a una mujer llamada Frasquita Alba. El Ayuntamiento del municipio granadino quiso adquirirla para renombrarla como la “verdadera casa de Bernarda”, un requiebro a la realidad que se materializó finalmente en la actual Casa Bernarda Alba.

La crítica al sistema es uno de los sellos del creador afincado en Sevilla, en quien siempre bulle la pulsión de asaltarlo desde dentro. En esta ocasión, el propio espacio creativo, La Fundición, se plantea como una dicotomía: un lugar público gestionado de manera privada. Ese concepto le lleva a proponer “comprar” el edificio de la antigua Casa de la Moneda: las búsquedas con ChatGPT arrojan una horquilla de precios de entre 1,2 y dos millones de euros. Durante la vigilia, Peña va articulando ideas que los participantes se llevan consigo para reflexionar y construir otras propias. Después de una noche intensa, de la que destaca “la generosidad y el entendimiento” reinante, a las ocho de la mañana ve la luz el primer boceto de una pieza viva cuyo final está vinculado al sorteo del cupón de la ONCE, que verán en directo durante la representación.
Algunas propuestas cayeron por el camino y se perderán definitivamente o se recogerán en futuras creaciones escénicas. Otras eclosionarán, según lo previsto, a las 20.00 horas del martes 7 de abril. A esa hora, las butacas acogerán a los espectadores de una obra que adquiere su valor por el camino recorrido, más que por el destino alcanzado. Como la vida misma.
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