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La secuela de ‘A sangre y fuego’: ve la luz una nueva colección de relatos atribuidos a Chaves Nogales

Un libro reúne un conjunto de textos, hallados en una publicación francesa de 1937, cuyo editor defiende que, a pesar de que solo tres llevan su firma, todos son obra del gran cronista sevillano

Ilustración que acompañaba al relato 'Un excelente verdugo', en el periódico 'Madrid'.

Genio es una palabra demasiado manoseada. Se aplica sin venir a cuento a quienes no lo merecen. Pero en el caso de Manuel Chaves Nogales, sin embargo, se escatima. Si por tal entendemos al creador que inicia una senda por la que otros transitan, el escritor sevillano lo fue. Lo demostró al inventar el nuevo periodismo tres décadas antes de que se configurara este término en Estados Unidos para autores como Truman Capote o Tom Wolfe. Es curioso que la palabra sangre apareciera en dos de los títulos que identifican esa corriente: A sangre fría, en el caso del norteamericano, y A sangre y fuego, el conjunto de relatos con que el español, en plena Guerra Civil, marcó los pasos mediante los cuales aplicó radicalmente y con gran impacto al periodismo técnicas narrativas propias de la novela.

Pero las piezas que conforman ese volumen no son las únicas que escribió dentro de ese género. Hay más, que aparecen en mayo en la editorial Renacimiento bajo el título de Guerra total. Otro nuevo hallazgo de una obra fundamental en el siglo XX y que ha marcado la senda de quienes ejercen el oficio de la escritura y el periodismo en el XXI.

Guerra total son 11 relatos. Tres están firmados en vida por el propio Chaves Nogales, dos de los cuales son inéditos y uno aparecía ya en A sangre y fuego. Los otros ocho llevan otras firmas. El editor Abelardo Linares se los atribuye todos a Chaves Nogales. Utilizó, según él, su firma y varios pseudónimos, mientras que su biógrafa, María Isabel Cintas, duda de que los que no llevan su rúbrica le pertenezcan. Si no los escribió, los inspiró en forma y contenido, porque tras la publicación de A sangre y fuego, había creado escuela mediante esa técnica, como antes lo hizo en sus reportajes largos o entrevistas con sello absolutamente personal.

Linares los ha encontrado en su labor sin tregua en torno al periodista andaluz, que murió en 1944 en Londres a los 46 años. Con ellos ha conformado un nuevo volumen de la Biblioteca Chaves Nogales, que reúne gran parte de la obra del mismo en Renacimiento. Será, espera, uno de los acontecimientos del año editorial. Un nuevo hallazgo del creador de El maestro Juan Martínez, que estaba allí; Juan Belmonte, matador de toros; Lo que ha quedado de la Rusia de los zares o La vuelta a Europa en avión, entre otras obras, siempre lo es. Pero este contiene unas cuantas piezas maestras aparecidas, sobre todo, en los 13 números que componen la revista Madrid, principalmente.

Se trata de una publicación que salió en Francia en 1937 y estaba dirigida a exiliados españoles. Apenas duró meses. En ella salieron nueve de los 11 relatos que conforman Guerra total. A través de las piezas, el lector viaja a un fresco que abarca todo un país desangrado en pleno conflicto fratricida. Desde los bombardeos de Euskadi entre la angustia de un padre en busca de su hija tras los ataques de la aviación alemana, hasta madres que echan en cara a sus hijos pilotos que volar va contra la voluntad de Dios o huérfanos anarquistas represaliados en Galicia; desde falangistas y legionarios enardecidos con discursos de pureza, hasta ejecutores de fusilamientos con dilemas morales insoportables o bailaoras que la montan en un cuartel para liberar presos.

Obras de una pericia técnica, una brillantez y una concisión asombrosas. Y siempre comprometidas frente a una barbarie que Chaves Nogales supo ver en la contienda civil española como un precedente de la Segunda Guerra Mundial. “Él identificó en España un ensayo de esa guerra total que después asoló Europa”, afirma Linares, “de ahí que llamara a la serie de esa forma”.

Pero había sabido advertir la catástrofe en obras precedentes, como Bajo el signo de la esvástica, sus crónicas en Alemania al principio de los años treinta publicadas en la editorial Almuzara, otro de los sellos que junto a Renacimiento y Libros del Asteroide ha realizado una labor encomiable de recuperación del autor. En ella demostraba cómo los nazis armaban un ejército e insuflaban a los más jóvenes su espíritu de venganza contra las bases y los acuerdos de paz firmados tras la derrota de 1918. “Chaves siempre alertó acerca del peligro de Hitler. Lo veía como uno de los impulsores fundamentales de la guerra en España”, comenta Abelardo Linares.

El concepto guerra total lo utiliza Chaves en los relatos, una continuación clara de A sangre y fuego. El último de los que constan en la primera serie —Consejo obrero— lo publica en el periódico La Nación de Buenos Aires el 27 de junio de 1937. El libro aparece por primera vez en Chile en el mismo año dentro del sello Ercilla y tuvo distribución por varios países de América Latina donde su firma era conocida, además, por los artículos que distribuían las agencias Havas y Reuters.

Cinco meses más tarde, en noviembre y diciembre del mismo año, aparecen en la revista cubana Bohemia dos piezas bajo el epígrafe Guerra total. Son El refugio y Hospital de sangre. Este último cuenta la historia de una monja asediada a blasfemias por heridos republicanos y también se incluyó en el volumen aparecido en 2011 publicado por Libros del Asteroide.

Chaves Nogales deja inmediatamente de publicar en Bohemia para continuar la serie en Madrid, la revista que aparece en Francia con él como responsable de la misma. “Fue su director en la sombra”, afirma Linares. Necesitaba impulsarla ante la avalancha de exiliados y refugiados españoles que cruzaron la frontera, como hizo él. En sus páginas vuelve a sacar El refugio y continúa después con El traidor, Estos son los dos relatos inéditos en libro firmados por el autor que se incluyen en Guerra total. Después aparecen sucesivamente en Madrid varias entregas con la misma técnica: historias reales contadas con una intención de enganchar al lector e inmiscuirle en un contexto de violencia y abusos sin tregua para agitar conciencias y denunciar sin contemplaciones los desmanes cometidos.

En Madrid, los relatos de Guerra total aparecen firmados por él (dos) y otros llevan firmas como Lumo Reva, Rafael Delgado, Eduardo Borrás, Rafael D. Almagro, Fernando de la Milla, Enrique Albritt o Juan Martín. Con este último pseudónimo había publicado en la serie A sangre y fuego el relato Bigornia.

Linares asegura que no hay razón para creer que otra serie cerrada y bajo el título de Guerra total no fuera concebida por entero por Chaves Nogales. Si bien de algunos de esos nombres no hay otro rastro, sí existe de Rafael Delgado o Eduardo Borrás, por ejemplo. María Isabel Cintas, única biógrafa hasta la fecha del autor andaluz en obras como Manuel Chaves Nogales. Andar y contar, no lo cree así. “Nunca se vio obligado a utilizar pseudónimos”, asegura quien iniciara una labor de recuperación fundamental del autor desde la publicación de una Obra narrativa completa lanzada por la Fundación Luis Cernuda y la Diputación de Sevilla en 1993. A esta edición le siguió en 2020 la acumulada por Libros del Asteroide.

Cintas asegura que jamás se camufló bajo otros nombres y reivindicó sistemáticamente su autoría. “No tenía necesidad”, dice la doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla que tituló su tesis así: Manuel Chaves Nogales. Cuatro reportajes entre la literatura y el periodismo. Pero Linares lo rebate y trata de demostrarlo en el epílogo que ha escrito para la edición de Guerra total. “Ninguno de los autores de los relatos de Madrid era realmente narrador, salvo Fernando de la Milla", asegura el editor de Renacimiento. Este había publicado novelas cortas en los años veinte en colecciones como Los contemporáneos. “Pero ninguna de ellas guarda parecido de estilo con Un excelente verdugo, el relato que aparece con su firma en Madrid“.

Para Linares, el hecho de que cinco autores diferentes publiquen en la misma revista en un periodo de apenas tres meses ocho relatos extraordinarios desde el punto de vista literario y que esos relatos excepcionales, a juicio del editor, “sean los únicos que se les conocen”, resulta una rareza. “Pero más inexplicable aún parece que el asunto, estructura y estilo de esos relatos sean extremadamente similares en todos los casos”.

En A sangre y fuego, Chaves Nogales denunció la barbarie en ambos bandos y le puso como subtítulo Héroes, bestias y mártires de España. En Guerra total, adopta otro: Episodios y escenas de la guerra civil española. Las historias de esta serie ahora recuperada se centran, sobre todo, en la crueldad contra los republicanos. Según Linares, Chaves Nogales, durante su exilio, sufrió el ataque de los medios de la prensa del movimiento. Le acusaron de rusófilo, defensor del Frente Popular, demagogo, y de contar desde fuera lo que fue el terror en España en un artículo anónimo que reprodujeron 28 periódicos. “Acusó el golpe”, dice el editor, “continuó escribiendo relatos acerca de la guerra civil pero procuró en lo posible que no pudiera volver a ser utilizado en su contra por la propaganda rebelde”.

Chaves Nogales defendió con determinación la vía democrática frente a los extremismos que denunció en toda Europa, no solo en España, en obras que denostaban el fascismo -Bajo el signo de la esvástica- o el comunismo, como hace en El maestro Juan Martínez, que estaba allí (1934). La posición del autor, según los expertos, le costó un largo olvido.

“Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión en los dos bandos”, afirma Chaves en el prólogo de A sangre y fuego. “Un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros...”. Si no ocurrió así, bien es cierto que su obra sufrió casi el desprecio total a lo largo de cinco décadas. Después ha sido recuperada sin tregua como la de un autor europeo fundamental para entender el siglo XX.

Y también el precursor de un género, a la vez en deuda e inspirado por lo que Galdós acomete en su serie de Los episodios nacionales, como aseguran Cintas y también Linares. Chaves Nogales aplica esa técnica con rabiosa urgencia en las décadas de los años treinta y cuarenta del pasado siglo. Atestigua y da fe de sus convulsiones con una asombrosa clarividencia. En caliente y con una más que certera capacidad analítica y empática, muestra los girones de su tiempo. Su extraordinaria capacidad de conexión, sus modernísimas dotes expresivas conmueven hoy al narrar bombardeos de los años treinta. Su prosa rebota en el lector actual con tanta fuerza que nos sirve también para entender las barbaridades cotidianas de Gaza, Irán o Ucrania.

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