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Blogs / Cultura
La Ruta Norteamericana
Por Fernando Navarro
MÚSICA
Columna

Nat Simons: la consolidación de una voz rock de primer nivel

La grandeza de ‘Pregúntale a Sarah Connor’ es ese delicioso aroma que desprende de arriba abajo, de izquierda a derecha, a rock clásico setentero, ese sonido brillante que se revuelve con nervio, esplendor y chulería

Nat Simons, en una imagen promocional de su nuevo disco, 'Pregúntale a Sarah Connor'

Cuando Nat Simons decidió cantar en castellano, muchos de sus seguidores pensaron que se metía un disparo en el pie. Aquel momento se consolidó en 2021 con el disco Felina y mostró a una artista inquieta a la búsqueda de un nuevo espacio musical distinto al que se le conocía, esto es, el perfil de songwriter de exclusivo traje de Americana. Cantaba en inglés -y muy bien-, componía en inglés, grababa en Nashville y su estética iba como un guante al concepto de vaquera de altas botas capaz de romperte el corazón con un medio tiempo como salido del algún lugar de la ruta 66. Pero ella, fiel a sí misma, tomó otro camino.

Aquella songwriter o cowwoman sigue ahí, pero Nat Simons es ahora mucho más. Desde 2021, se ha dedicado a trazar con tesón y talento todo un camino más rico y potente como cantante y compositora de lo que aquellos seguidores esperaban de ella. Porque, si bien es cierto que no era fácil, Simons se despliega hoy en día con una fuerza mayor para hacerse valer en la artista que canta y compone en español y se permite una variedad sonora más allá de los rigores de la música norteamericana de raíces.

Su gran baza es su nuevo disco: Pregúntale a Sarah Connor (Calaverita Records). Este álbum de rock’n’roll tan elegante como contundente trae, aparte de muy buenas canciones, una gran noticia: Nat Simons se ha consolidado como una voz de primer nivel del rock español. Quizá algo que debería haber llegado antes, pero, cómo sea que sucede, es hoy un hecho. Pregúntale a Sarah Connor es una joya.

La grandeza de Pregúntale a Sarah Connor es ese delicioso aroma que desprende de arriba abajo, de izquierda a derecha, a rock clásico setentero, ese sonido brillante que, consolidado tras las urgencias de la contracultura y con cierto espíritu adulto y maduro, se revuelve con nervio, esplendor y chulería. Ese rock que, desde el gusto a los pasajes alegres de guitarras eléctricas y a la incursión de vientos y metales con alegría, propulsaron de distinta manera bandas como The Rolling Stones, Bruce Springsteen, Tom Petty, The Faces, The Band o Little Feat. Ahí, en esa pasión desenfrenada, eclosionó un sonido que hoy remite a lo mejor que se le puede pedir a una canción rock de pegada de bar. La mejor pegada. La más honrosa. La que amamos los que amamos el rock.

Toda esta pegada viene de una producción sobresaliente. Si para su segundo disco, Lights, Gary Louris (The Jayhawks) estuvo a los mandos de la producción y dio a Nat Simons una pátina sólida y bella hacia el toque americana, ahora lo está Alex Muñoz, polifacético músico de alta calidad que ha sido mano derecha de Nikki Lane y Margo Price, a quien ha producido, y aprendió de Brad Jones, productor de discos de Quique González y M-Clan en Nashville. Muñoz vive a caballo entre Madrid y Nashville, donde es una figura importante y se ha codeado con Emmylou Harris, Spooner Oldham, Steve Earle, Lucinda Williams, Buddy Miller y John Hiatt. Su sentido de la instrumentación, de hacer respirar y brillar los instrumentos, luce muy bien con la voz de Simons, quien canta más chula que nunca, menos inocente, y se permite expandirse en recreos propios de la mejor alma rockera.

Hay ensamblaje de momentos cruzados de Big Star (’Delorean’, ‘Alain Deleon’), Bruce Springsteen (‘Alain Deleon’, ‘Haces mi mundo sea mejor’) y Tom Petty (‘Especie en extinción’) de principio a fin. A veces, en una misma canción. Y además cuenta con las colaboraciones de Depedro y José Ignacio Lapido, que le cede la letra de ‘Tan extraño para mí’, y los acertados videoclips de Juan Pérez-Fajardo, quien saca con garbo toda la esencia estética de la Nat de hoy, más seductora que nunca.

Con Pregúntale a Sarah Connor, Simons consigue su sitio definitivamente en la dimensión del rock en castellano más valiosa, aquella que otras figuras han transitado y transitan por sus reminiscencias a las mismas pulsiones fabulosas de rock clásico, el-de-toda-la-vida. Nombres como Quique González, José Ignacio Lapido/091, M-Clan, Loquillo, Los Zigarros, Santero y los Muchachos, Sidecars o Leiva. De hecho, Pregúntale a Sarah Connor casi podría ser una contrapartida complementaria al Gigante de Levia, tan reciente. Hay una hermandad de rock limpio, de abecedario muy bien entendido y mejor defendido, de producción preciosista en los instrumentos y en la voz, y de lírica apelando a mismos fantasmas de ansiedad, rechazo a la exposición pública en redes sociales y búsqueda de cotidianidad en mitad del ruido.

Nat Simons ha encontrado su lugar. Un espacio en el que su nuevo disco puede ser la primera joya de otras por venir.

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