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Bélgica cree haber descubierto un cuadro desconocido de Miguel Ángel

Una investigación sostiene que la obra ‘Spirituali Pietà’, atribuida a un artista anónimo, es en realidad un lienzo inédito del artista renacentista, del que solo se conservan hasta ahora cuatro obras de este tipo

La obra ‘Spirituali Pietà’, atribuida a Miguel Ángel.Fredrik Johansson

¿Ha descubierto Bélgica una obra inédita de Miguel Ángel Buonarroti? La posibilidad de haber recuperado un cuadro hasta ahora desconocido del genio renacentista —sería solo el quinto atribuido al autor de los frescos de la cúpula de la Capilla Sixtina— empieza a revolucionar el mundo del arte nacional e internacional, pese a que aún hay mucha cautela ante lo que, de eso sí que nadie duda, sería un hallazgo espectacular.

La obra ahora atribuida a Miguel Ángel por un experto belga, tras múltiples pruebas sobre la pintura y un análisis profundo de la obra y su contexto, es la Spirituali Pietà, un óleo sobre lienzo de lino que representa a Jesucristo muerto con los brazos en forma de cruz y sostenido por una Virgen María que llora desconsolada.

Hasta que fue adquirida en 2024 por dos coleccionistas belgas, estaba identificada simplemente como una obra de “un artista anónimo del siglo XVI-XVII”. Fue puesta a la venta en 2020 por la casa de subastas Waennes en Génova. En el catálogo se señalaba que “la iconografía de la pintura expresa una cultura figurativa heterogénea, dictada por influencias toscano-romanas inspiradas en los modelos de Andrea del Sarto, Pontormo, Francesco Salviati y, por supuesto, Miguel Ángel”. El precio de salida era bajo, la tasación oscilaba entre los 2.000 y los 3.000 euros. Aun así, nadie la adquirió. Finalmente, acabó cuatro años más tarde en manos de los coleccionistas belgas. Uno de ellos, unos días después de recibir el cuadro, y tras una inspección más cuidadosa del lienzo, que había sido limpiado y restaurado antes de ser enviado a sus nuevos dueños, descubrió dos monogramas apenas discernibles en la parte baja de la pintura.

La historia de uno de los quizás más inesperados descubrimientos del mundo del arte contemporáneo acababa de comenzar.

Lo que pasó a continuación, digno de una novela llena de intrigas y requiebros históricos, lo cuenta el profesor de Historia del Arte en la Universidad Libre de Bélgica (ULB) Michel Draguet, experto al que el coleccionista que detectó los monogramas, y que prefiere mantenerse en el anonimato, contactó para que confirmara sus sospechas. “El coleccionista me dice: ‘Los monogramas lo demuestran, el cuadro está firmado, ¡es un Miguel Ángel!’ En ese momento, le digo que hay que pisar el freno. Cualquiera podría haber colocado un monograma en el lienzo en cualquier época. Le digo que hay que esperar a los análisis del Irpa [el Instituto Real del Patrimonio Artístico] para ver la cosa más clara”, relata Draguet al diario Le Soir, uno de los medios belgas escogidos para realizar esta semana una visita a la obra en un lugar no identificado de Bruselas.

Pero el coleccionista insiste: “Me pregunta si, en caso de que los análisis muestren que el lienzo está bien, que los pigmentos están bien y que los monogramas son de la misma época, estoy dispuesto a realizar un estudio en profundidad del cuadro. Como no me lo creo, pienso que no corro ningún riesgo y acepto”, agrega Draguet, miembro de la Clase de Artes de la Real Academia de Ciencias, Letras y Bellas Artes de Bélgica, así como alto representante del Patrimonio Federal Belga y director general honorario de los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica.

La sorpresa de Draguet es mayúscula: las pruebas realizadas por el Real Instituto del Patrimonio Cultural de Bélgica (KIK-IRPA), considerado uno de los cinco institutos de conservación y ciencia del patrimonio más prestigiosos del mundo, no encuentran ningún pigmento moderno en el cuadro. Al contrario, se constata el uso de una paleta de colores propia del Siglo XVI. Además, las pruebas de carbono sugieren, con un 95,4% de probabilidad, que el lienzo fue pintado entre 1520 y 1580, un espacio temporal consistente con la última etapa de Miguel Ángel (1475-1564). Y la fluorescencia de rayos X macro confirma que uno de los monogramas ampliamente documentados de Miguel Ángel fue aplicado dos veces por el artista sobre la superficie original de pintura seca, antes de la formación natural del craquelado, lo que descarta la posibilidad de que alguien falsificara esta seña de identidad del artista.

“La presencia de dos monogramas indexados del artista, integrados en el material de la propia obra, nos permite considerar esta obra como un autógrafo de Miguel Ángel”, afirma Draguet en un comunicado con el que ha presentado sus conclusiones. “Si estuvieran intactos, sería señal de que se añadieron posteriormente. Aquí, forman parte del material”, acotó en declaraciones a Le Soir.

Con las pruebas científicas en la mano, Draguet, al que el rotativo belga apoda el “Sherlock Holmes del arte” por su aproximación casi detectivesca a la tarea encomendada, se lanzó a un análisis estilístico de la obra que, en 600 páginas, considera confirmada la autoría de Miguel Ángel. Pese a su extensa carrera, Draguet está especializado en el arte belga de los siglos XIX y XX. Pero sostiene que fue precisamente por eso, porque su mirada no estaría prejuiciada como la de un experto en el Renacimiento, por lo que los dueños de la obra quisieron que liderara las pesquisas.

Según sus conclusiones, para las que ha estudiado tanto el estilo del genio renacentista como el contexto histórico de la obra, la identificación de la Pietà Spirituali, una obra estrechamente vinculada a la Ecclesia Viterbiensis, un círculo de reformadores reunidos en torno al cardenal Reginald Pole entre 1541 y 1545 con la esperanza de restaurar la unidad de la cristiandad, “desafía la narrativa establecida al demostrar que el maestro practicaba la pintura de caballete para expresar sus convicciones evangélicas dentro de este grupo”. Y, de ser ratificada por otros expertos más especializados en Miguel Ángel —Draguet ha publicado este viernes en una web todas sus conclusiones y deja ahora el campo abierto a nuevas investigaciones—, la nueva Pietà también desmentiría la afirmación, asumida durante siglos como dogma, del pintor, escritor y arquitecto toscano Giorgio Vasari (1511-74) en su “Vidas de los pintores, escultores y arquitectos más excelentes”, de que Miguel Ángel pintó solo cuatro lienzos durante su carrera y que abandonó la pintura de caballete tras completar el Tondo Doni (c. 1503-1507) para dedicarse a los frescos y la escultura. El debate está servido.

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