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‘Invisible’, el fenómeno literario convoca a sus millones de lectores jóvenes sobre las tablas del teatro

La compañía La Joven estrena en Málaga una adaptación de la exitosa novela juvenil de Eloy Moreno

Javi Morán en un momento de la adaptación teatral de 'Invisible'.Ilde Sandrín (Fundación Teatro Joven)

Ya no hace falta imaginarlo. Tiene el rostro redondo, el pelo negro y corto, con un flequillo que cae sobre su frente y roza unas cejas prominentes. Lleva casi siempre sudadera y sujeta su mochila como si cargara un saco de patatas. No tiene nombre. O sí, pero no lo conocemos. No supera los 12 años y sufre acoso escolar. Es el protagonista de Invisible, la novela superventas de Eloy Moreno que la compañía de teatro La Joven se ha aventurado a encarnar en un espectáculo que estrenará este viernes en el teatro del Soho de Málaga, antes de hacer temporada en el Teatro de la Abadía de Madrid del 15 de marzo al 5 de abril. Una andanza que supone la primera adaptación al teatro de uno de los libros en español más vendidos del siglo XXI, lo que ya se está reflejando en taquilla: las entradas están volando ya incluso antes de su debut.

La Joven lleva nueve años haciendo teatro, fieles a su nombre, para jóvenes pero, sobre todo, hecho por jóvenes. Y aunque no es su objetivo primordial, probablemente no exista pasaporte comercial más seguro —si es que hay alguno que lo sea— al emprender un proyecto teatral que el de adaptar una novela de tal éxito entre su público potencial. Más si se trata de un libro de Moreno, que parece convertir en oro todo lo que toca. Su nombre por sí solo es una marca: vende libros como panes y tiene el récord del mundo de ejemplares firmados en 12 horas. Autografió 11.088 en año pasado en la Plaza de Callao. Invisible (Nube de Tinta) es su buque insignia. Llegó a las librerías en 2018 y desde entonces ha vendido más de dos millones copias. Surgió, como recuerda el autor, porque una amiga suya se puso a llorar cuando, en una conversación, salió a colación el tema del acoso.

Habló con psicólogos y sacó una novela “que no solo habla desde el punto de vista la víctima, sino también del agresor, de los testigos, de la gente que mira y no hace nada”. Y en eso, según el diagnóstico del creador, radica su éxito: “Ahí estamos todos”. Es la historia de un chico que piensa que logra volverse invisible para que dejen de molestarlo. Pero también la de un acosador que escapa de sus traumas con la violencia, y la de unos amigos que, para no ganarse problemas, no intervienen. Hoy ya es de lectura obligada en más de medio millar de institutos españoles y arrastra también, como confirman los datos de la editorial, a más de un 60% de lectores adultos. Y, como asegura Moreno, “cada año se vende más que el anterior”.

Hace apenas un año, Disney Plus probó las mieles del fenómeno multigeneracional con una adaptación a la pantalla que en pocos días llegó a ser lo más visto de la plataforma. Y aunque La Joven augura una recepción similar —proyectan una gira nacional importante—, también saben que asumen un riesgo proporcionalmente elevado. José Luis Arellano, director artístico de la compañía y director escénico del montaje, dice que prefiere no pensarlo, pero no puede evitarlo. “Desde luego que da vértigo decepcionar a tanta gente. Sobre todo porque la literatura, como bien sabemos, es algo que uno lee en la intimidad de su casa y se imagina todo lo que le da la gana; es maravilloso. Pero aquí es mi imaginación y la de mucha gente intentando ponerse al servicio de la imaginación del otro”, cuenta minutos antes del último ensayo desde los camerinos del teatro García Lorca de Getafe, donde ensaya a una semana del estreno.

Su punto de partida para lograrlo fue contactar con Josep Maria Miró, dramaturgo ganador en 2022 del Premio Nacional de Literatura Dramática y reconocido por obras como El principio de Arquímedes, Nerium Park o Tiempo salvaje. Además, un curtido adaptador de novelas (por sus manos han pasado Cervantes, Carme Martí o Sebastià Alzamora). No fue difícil convencerlo de unirse al proyecto, su sobrina de 17 años es una de las contagiadas por el fenómeno literario. “Se emocionó cuando le conté que la iba a adaptar al teatro. Ahí supe que es un texto que conecta con una generación joven y les hace reflexionar. Me apetecía mucho”, cuenta el dramaturgo. Le atrajo también la falta de “maniqueísmo” de un libro en el que “se trata al público joven como adulto”, y donde los personajes “son valientes, cobardes, frágiles, violentos y tiernos al mismo tiempo”.

Lo que más le preocupaba era que su artefacto le gustara al escritor: “Yo también soy autor y quiero que esté contento con la transcripción a otro lenguaje”. Moreno articula su novela con monólogos interiores de los personajes que plasman mentalmente lo que les está pasando —“Empiezo a contar del uno al diez mientras inspiro y espiro lentamente. Uno, dos, tres… inspiro y espiro. Cuatro, cinco, seis…“, se lee en el libro—, un estilo que Miró ha decidido trasladar calcado al texto. Las mismas descripciones de las acciones salen de la boca de los actores. Evita incluso silencios escénicos haciendo a sus personajes describirlos. “Silencio. Un largo silencio”, dicen, llenando de sonido la dramatización en escena.

Pero esto no es motivo, defiende Miró, para que la obra acuse de una falta de acción dramatizada. “Creo que hay mucha acción dramática en el libro. Existen los monólogos interiores de esos personajes, pero luego la ejecución del diálogo externo va por otro lado. Otra cosa es la acción física, la corporalidad, que creo que [Arellano] ha trabajado muy bien porque el cuerpo está vivo desde la primera escena”, justifica.

También ha dejado al director la responsabilidad de trasladar al escenario recursos literarios muy variados. En el libro hay monstruos, superpoderes, un niño avispa o un dragón que acompaña a una maestra e incluso habla. “En realidad no son más que metáforas”, cuenta Arellano. “Y estos recursos literarios lo que hacen es ayudar a contar, pero nosotros nos hemos enfocado en lo realista de la historia, lo tremendo”. Utiliza ciertos recursos, “muy adolescentes”, describe él, como proyecciones de vídeo o modificaciones digitales de voz, pero “sin evadir la parte que tiene que ver con la cultura poética del adulto”.

Quizá por eso, además de la exigencia del ritmo frenético que tanto autor como director han impuesto en el montaje, el proceso de ensayos ha representado un esfuerzo emocional y físico titánico para los actores, casi todos menores de 30 años y con apenas recorrido sobre las tablas. La más veterana es Mabel del Pozo, la profesora de literatura que parece ser la única que entiende que el chico sufre. En ella descansa el peso emocional de la obra. Las lágrimas, los silencios largos y la voz entrecortada con las que del Pozo describe la dificultad de su proceso creativo, en una breve pausa entre pase y pase, lo demuestran. “Es un tema con el que conecta mucho. Y siento una enorme responsabilidad por contar una historia como esta, que interpela a tantas personas, no solo niños, también a los padres. Ha sido muy difícil”. Ha aprendido, dice, mucho de sus jóvenes compañeros y de la libertad que conlleva la inexperiencia: “Los amo mucho, los siento como mis hijos”.

Javi Morán encarna al chico invisible, lo eligió Arellano minuciosamente para que “todo el mundo se pudiera identificar” y no defraudar así a los millones de amigos que lo acompañan. Morán sabe de la responsabilidad con la que carga, pero parece manejarla bien. “Yo reconozco totalmente el libro en la obra. Así que en ese sentido estoy muy tranquilo. Habrá gente a la que no le guste, desde luego, pero esto es así”, dice.

Le preocupa más otro tema que parece también inevitable. “Hacemos coloquios con las escuelas también y, según me han contado, es muy probable que se nos acerque mucha gente después a contarnos sus historias”. No le falta razón. El autor del libro lo vive con regularidad — “Se me acercan muchas personas que me confiesan sus historias. No solo como víctimas, también como acosadores”, reconoce—, pero el joven intérprete no se siente “capacitado para hablar de un tema tan fuerte como este”. “No soy experto, ni mucho menos, he tenido la fortuna de no vivir el acoso escolar”, confiesa. Pero eso tiene el teatro, ese chico acosado que ha cautivado a tantos, ahora llevará su cuerpo. Y habrá quien, incluso al terminar la magia, vea en él, no a un actor de 28 años que aparenta menos, sino a un tímido adolescente que ha vivido aquello que a muchos les cuesta contar.

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