El Museo de Ucrania abre sus puertas en un búnker de Berlín para mostrar “la dureza de la guerra”
Una exposición junta misiles, coches destruidos y testimonios de víctimas para explicar al visitante las consecuencias de la invasión rusa y el impacto mortal de los drones


Drones rusos, la reconstrucción de un misil de crucero de siete metros, restos de un helicóptero de combate y de una furgoneta de evacuación donde murió un hombre tras ser alcanzada por un dron, así como testimonios de una guerra que entra esta semana en su quinto año, son solo una parte de lo que puede verse en el nuevo Museo de Ucrania, que ha abierto esta semana sus puertas al público en un antiguo búnker de la Segunda Guerra Mundial en el centro de Berlín.
El visitante se ve metido enseguida en la guerra y se convierte ya en la entrada en el punto de mira de la cámara de un auténtico dron ruso. “Queremos mostrar a la gente cómo es realmente un dron y lo baratos y sencillos que son”, explica Wieland Giebel, comisario de la exposición. “La gente que sabe un poco de electrónica siempre dice que parece comprado por unos pocos euros en AliExpress. Lo curioso es que es así. ¿Cómo se puede comprar un dron ruso en AliExpress por entre 200 y 300 euros? El más barato cuesta 100 euros y puede matar a 10 personas. Esto significa unos 10 euros por vida humana”.
Nada más pasar el primer dron, los visitantes se enfrentan a la pregunta que se hizo la población ucrania en 2022: ¿huir y perderlo todo, o quedarse y luchar? La exposición acerca ambos caminos a través de diferentes destinos. Uno de ellos es el de Julia Sonata, una mujer nacida en Simferopol en 1985, que en 2022 abandonó Crimea con sus dos hijos hasta llegar a Alemania. “Estoy aquí como madre que solo quería poner a salvo a sus hijos, y las cosas que veis en el museo son un símbolo de nuestra huida de la invasión rusa”, afirma Sonata. “Para mí es muy importante que nuestra historia siga conmoviendo al mundo. No debemos olvidar ni mirar hacia otro lado”. Ella tuvo que llenar una mochila de 35 litros rápidamente, una mochila que ahora es parte de la muestra. “Tienes una hora. ¿Qué meterías en ella?”, se pregunta a los visitantes. “Hay que tener en cuenta que el tiempo corre, los misiles caen, hay que decidir en unos minutos qué hacer”, apunta por otra parte Giebel.
En el otro lado de la sala están los que decidieron quedarse a luchar, donde una enorme imagen recuerda el famoso vídeo de Volodímir Zelesnki, de febrero de 2022, bajo el título “Estamos aquí. Estamos en Kiev. Defendemos Ucrania”, para desmentir la propaganda rusa que apuntaba a que había huido del país.

Más adelante, en la siguiente sala, se pregunta al visitante: “¿Ayudar o ser un cretino? Tú eliges, cada día”. “Todo el mundo se levanta por la mañana y tiene que tomar una decisión”, afirma el director del museo, Enno Lenze, que ha acompañado convoyes de ayuda a Ucrania. “Como alemán, tienes la posibilidad de elegir: ¿quieres ayudar o quieres comportarte como un cretino?” y recuerda que se puede ayudar “incluso con pequeños gestos”.
Para los organizadores del que autodenominan como “el primer museo de este tipo en todo el mundo” se trata de exhibir “la dureza de la guerra y todo lo que Rusia quiere mantener en secreto”, y qué mejor que hacerlo a través de testimonios de supervivientes como el de Oleg Dehusarov que, acompañado de su mujer Aliana Shemediuk, relata cómo fue herido de gravedad y salvó su vida de milagro después de que un dron ruso impactara contra el techo del Fiat Scudo que usaba para evacuar gente en la ciudad de Jersón, en el sur de Ucrania, en abril de 2025. “Los drones operan indiscriminadamente”, relata a EL PAÍS sobre un ataque en el que murió su amigo Oleg Konekt Salnyk, de 28 años, que trabajaba también de voluntario.

“El ataque fue en una zona normal de Jersón, pero estaba llena de drones. No se puede encontrar un lugar donde no los haya. Antes, en 2023 o 2024 solo llegaban al principio de la ciudad, pero ahora toda la ciudad está cubierta de drones y no se puede atravesar”, relata junto a los restos del Fiat alcanzado por un FPV ruso. “En el momento del ataque, habíamos ido a casa de un fotógrafo llamado Sergei. Al llegar nos alertó de la presencia de uno señalando al cielo con el dedo. Entonces vi el dron, me giré y empecé a atacarlo durante unos segundos. Oleg salió del coche y yo unos segundos después. Di un paso y cuando di el segundo explotó. Yo estaba muy cerca de la explosión, pero casi toda la metralla fue en dirección a Oleg y Sergei”.
La exposición cuenta con un gran número de aviones no tripulados, tanto de ataque como dron bomba. “La guerra en Ucrania se libra principalmente con drones. Los rifles y el combate directo no son la principal causa de bajas en esta guerra, sino precisamente los drones, los llamados FPV”, comenta a EL PAÍS el coronel Volodymyr Polevyi, portavoz del 7º Cuerpo de Respuesta Rápida del Ejército de Ucrania, sobre la defensa de su país y el daño que consiguen hacer a las fuerzas rusas. “Hasta el 70% de las bajas es causado por FPV y otros drones”.

Para él, el hecho de que los visitantes puedan contemplar estos teledirigidos es “muy importante” para que vean cómo se usa esta tecnología hoy en día en la guerra y en la defensa. “Estos drones operan desde una altitud de entre cinco y 10 kilómetros. Y todo lo que ves es el impacto de la artillería o el ruido de otro dron”, indica sobre una guerra que no cree que se pueda ganar sin el apoyo de Europa y de otras democracias. “Y si perdemos, la guerra llegará a Europa, de una forma u otra”.
Junto con los drones, los responsables exponen también una reproducción de un misil de crucero modelo Kh-101 considerado como “extremadamente efectivo y preciso en combate”, con un alcance de entre 4.500 y 5.500 kilómetros. “Hasta febrero de 2026, Rusia ha lanzado entre 2.000 y 2.500 misiles de este tipo”, informa un cartel. Uno de estos misiles alcanzó un edificio en Kiev, en julio de 2025, donde murieron 14 personas. Una foto de gran tamaño de la casa en ruinas muestra el daño que puede hacer.

Este ataque le tocó de cerca a la que fuera viceministra de Defensa de Ucrania entre 2021 y 2023, Hanna Maliar. Para ella, es muy importante entender que estamos ante una guerra de un “nuevo tipo”. “Es una guerra tecnológica. Se diferencia mucho de la idea clásica. Y, de hecho, junto con los tanques, la tecnología blindada y los misiles, cada día se utilizan muchos drones por ambas partes”, apunta sobre unos aparatos “pequeños y muy difíciles de alcanzar”, pero que matan igual que un misil.
Maliar, que pasó seis meses en la sala de guerra del búnker del Estado Mayor, aprovecha la repercusión mediática de la exposición para recordar que “las guerras de hoy en día no son solo con armas, sino también con información” y que Ucrania no puede detener a Rusia sola. “La historia se repite. Después de la Segunda Guerra Mundial pensamos que nunca volvería a ocurrir. Pero ahora es lo mismo. Tenemos un Hitler ruso que ahora puede pulsar un botón nuclear y comete las mismas atrocidades contra las personas. Entonces, la pregunta es: ¿qué hemos hecho mal?”.
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