José María Sicilia despliega ‘Las mil y una noches’ en el palacio de Liria: “¿No es maravilloso evitar la muerte si te inventas un cuento diario?"
El artista madrileño inaugura una radical exposición antológica que convive en armonía con los tesoros artísticos de la Casa de Alba
Si hubiera que elegir un solo término para definir la obra de José María Sicilia (Madrid, 72 años), sería investigación. Desde sus primeras creaciones en los años 80, su proceso recordaba al de un científico obsesionado: exploraba la pintura y sus componentes como quien busca una fórmula secreta, una conexión casi mágica con el arte. La misma pasión añadió después a los procedimientos y procesos por los cuales se desemboca en la obra de arte. En su caso, todo está conectado y fluye sin tropiezos saltando del dibujo a la escritura, a la música, al canto o a la fotografía.
Han pasado varias décadas desde sus primeras exposiciones y Sicilia no ha parado de trabajar, investigando y experimentando en todos los campos creativos. Bajo el título de Noches y días, este jueves se abre al público (hasta el 31 de mayo) una impactante exposición en la que las instalaciones del artista madrileño se adueñan del palacio de Liria, residencia de la Casa de Alba, empezando por la célebre biblioteca para trepar después hasta los famosos salones de paredes abarrotadas de pinturas y trofeos de caza. El visitante podrá contemplar el recorrido como el que abre una matrioska y descubrir sucesivas narraciones enlazadas llenas de referencias históricas, culturales y de la propia vida del artista. Y como acompañamiento, Sicilia ha creado una audioguía con piezas musicales compuestas por él mismo, aunque firmadas con su segundo apellido, Fernández-Shaw (es sobrino nieto de Guillermo Fernández-Shaw, autor de los libretos de las zarzuelas Doña Francisquita o Luisa Fernanda).
En vísperas de la presentación oficial de la exposición en Liria, José María Sicilia revisa cada una de las piezas de la exposición. Cada una de las instalaciones ideadas para el palacio están ya rematadas, aunque él no es partidario de mostrar fragmentos. Prefiere exhibir el conjunto definitivo porque todo es “transformable y cambiante”, explica mientras tira del cordón que le sujetan las gafas para ajustar la mirada y jugar con un nuevo planteamiento.
La entrevista se celebra en una mañana de lluvia intensa y poca luz. Mientras mueve focos y esquiva cortinas, cuenta que cuando la Fundación Alba le propuso realizar este proyecto, solo le pusieron una condición: no quitar ni mover nada de las abarrotadas paredes, una exigencia complicada para un palacio que alberga alrededor de 350 pinturas, esculturas e incontables objetos. “Tuve muy claro que tenía que jugar con la parte central de cada uno de los salones, y para ello nada mejor que los biombos, el artefacto barroco por excelencia que permite que circulen las ideas”.
Con diferentes tamaños y extensiones, cada biombo está realizado con espejos sobre los que se narran las grandes historias en las que Sicilia lleva trabajando décadas. Todas estas instalaciones, unidas por el título El fondo oscuro, tienen en común el haber sido creadas con biombos cubiertos con espejos deformantes y decorados con flores que se abren en la oscuridad. Depende desde donde se mire, el protagonismo se desplaza sobre reflejos, transparencias, fotografía, pintura y escultura. Cuenta Sicilia que su objetivo ha sido buscar un diálogo a tres bandas: la memoria del palacio de los Alba, la del propio artista y la del visitante.
Recuerdos de Carmen Giménez
Hurgando en su memoria, Sicilia afirma que del joven artista que conoció la fama y el éxito a finales de los años 80, y que en 1989 recibe el Premio Nacional de Artes Plásticas, queda el entusiasmo y las ganas de conocer cosas nuevas, y de implicarse en todo lo que llame su atención. Guarda los mejores recuerdos de unos años en los que España llevó por el mundo la obra de sus jóvenes artistas: Miquel Barceló, José Manuel Broto, Miguel Ángel Campano, Susana Solano, además de Sicilia, entre otros. “Agradeceré siempre el empeño de Carmen Giménez, la mujer que nos expuso fuera y trajo a España colecciones desconocidas y maravillosas. Ella, la auténtica creadora del Museo Reina Sofía, es la responsable del éxito del arte español en el extranjero. Nosotros pudimos exponer en París, Nueva York, Bruselas… Nadie ha vuelto a desempeñar el papel que ella tuvo entonces, y por eso los nuevos creadores tienen muy poca visibilidad en el exterior”.
Durante una parte importante de su vida, cuatro décadas, Sicilia ha vivido en París, aunque siempre ha estado muy ligado a Madrid, ciudad en la que vive y trabaja en su Fundación El Instante. Sigue con la misma galería parisina de siempre, Chantal Crousel, y en España, disuelta Soledad Lorenzo, ha expuesto recientemente en Prats Nogueras Blanchard. No le gustan las inauguraciones y confiesa que siente aversión por las ferias. Padre de dos hijos, habla con auténtico orgullo de los tres kokis, robots a medio terminar, que dice que le ayudan a montar sus obras aunque no siempre le obedezcan.
Mientras recorre el salón de baile del palacio de Liria, presidido por un gran retrato de Eugenia de Montijo, comenta que este edificio no es, en realidad, una residencia como podría ser el Palacio Real. Llama la atención sobre el mobiliario Luis XV que ha querido que se refleje en los espejos del biombo. Y también le choca que en algunas paredes se vea papel pintado de la década de los 60.
Pero lo importante de la instalación en el salón de baile es que los paneles rebosan imágenes. Entre mandarinas de silicona, dibujos de encaje o bichos de difícil identificación se ve una casulla negra que formó parte de la pieza Misa de Difuntos Demasiado Tarde, que representó en noviembre de 2024 en la parroquia de Santa Creu, en Palma de Mallorca. Más de 400 personas asistieron entonces a una ceremonia celebrada por cinco sacerdotes y diseñada en su totalidad por Sicilia. La pieza modificó también el sonido de las campanas, que, en lugar del tañido habitual, expandieron el aullido de las sirenas de alerta de tsunami en Fukushima (Japón), una de las experiencias que más han marcado la vida de este artista.
Los sonidos del desastre
Sicilia viajó a Fukushima para intentar comprender lo que había ocurrido. Grabó el sonido de la tragedia ocurrida en 2011 a partir de testimonios humanos, con las voces de los supervivientes que grabaron vídeos y los subieron a YouTube, y que fueron tomados en 19 localidades diferentes de Tohoku. De ahí surgió la serie Flores de invierno y su decisión de crear la Fundación El Instante, el espacio en el que trabaja con sus tres hijas robots que, aunque están a medio terminar, son muy operativas a la hora de colaborar en sus obras, “aunque sea llevándome la contraria”, explica el artista sonriente.
Los referentes importantes en su vida aparecen por sorpresa en las hojas de los biombos. Por ejemplo, los descubrimientos de la científica estadounidense Lynn Margulis (1938-2011), cuyas tesis revolucionaron la teoría de la evolución. Y una presencia muy protagonista la tiene el famoso cuento de Sherezade Las mil y una noches, una historia sobre el poder de la narración. “¿No es maravilloso evitar la muerte si te inventas un cuento diario? No pienso parar de hacerlo”.
Al acabar el recorrido por el palacio de Liria, José María Sicilia confiesa que se siente reconocido en el mundo del arte. No echa en falta premios ni quiere exposiciones antológicas porque, justifica, “nunca delegaría en un comisario y es una actividad que no me dejaría tiempo para seguir con mis investigaciones”.
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