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Un recital entre amigos: Serrat, Ana Belén y Poveda recuerdan los versos de Joan Margarit, “el poeta musical”

Amigos y conocidos recitan y recuerdan los versos del poeta catalán fallecido hace cinco años, en un acto en el Instituto Cervantes. “Leo la poesía Margarit y la estoy cantando”, confiesa Serrat

Joan Manuel Serrat y Ana Belén durante el homenaje al poeta Joan Margarit.Ángel Díaz Briñas (Europa Press)

Atardece en Madrid, tras demasiados días de oscuridad, con su luz anaranjada de siempre. Y a la misma hora a la que a varias manzanas de distancia Gabriel Rufián y Emilio Delgado debaten sobre el futuro de la izquierda, Joan Manuel Serrat entra ajeno y sonriente en la sede del Instituto Cervantes. El motivo es quizás más importante: celebrar la vida de su amigo Joan Margarit, cinco años después de su muerte. Y hacerlo, además, recitando y cantando su poesía.

“Esto le encantaría”, confiesa el cantautor catalán, pero este no es un homenaje al uso. Es una velada entre amigos para intentar arreglar el mundo. O al menos, hacerlo más bello. “El homenaje verdadero a un poeta es que se le lea”, reivindica Ana Belén.

Una opinión que comparte Mónica Margarit, hija del poeta y la organizadora de este acto al que ha acudido el ministro de Cultura Ernest Urtasun. “No es fácil mantener el recuerdo, a no ser que seas Gabriel García Márquez y estés en los programas de literatura de los institutos. Estoy feliz de que se haya hecho una edición de su obra completa, con tapa dura”, explica.

Y así, esta tarde de finales de febrero, un amigo tras otro (el periodista Juan Cruz, los poetas Ramón Andrés y Luis García Montero, el crítico literario Jordi Gracia, el editor Emili Rosales y la librera Lola Larumbe, entre otros) dibujan con retales compartidos quién fue Joan Margarit. El arquitecto que nació en la Guerra Civil. El profesor de Cálculo de estructuras que narraba más que explicaba. El poeta desgarrado que disparaba directamente corazón. Y el amante de la música.

Porque Margarit era, ante todo, como recuerda Serrat, “un poeta extraordinariamente musical”. Y confiesa: “Leo su poesía y la estoy cantando”. El cantautor conoció a su tocayo con “un libro maravilloso, Estació de França [Hiperion, 1999]. La admiración era mutua. Puede que por eso discutieran tanto. ”Era un hombre muy apasionando con respeto a lo que sucedía a su alrededor. Muy crítico con todo lo que tenía que ver con el maltrato, con el desprecio y con la soberbia. Muy preocupado por la sociedad“.

Y también, un hombre que amaba la libertad. La libertad, ya saben, “es una librería”. Una forma de amor. Por eso, no perteneció a ninguna corriente poética, cultivó el verso libre y reinterpretó sus poemas del catalán al español. Una “virtud insólita”, según su editor Emili Rosales. “La poesía le nacía de muy adentro, que es donde está la lengua materna. A veces, cuando escribía la versión en castellano mejoraba la versión en catalán”, recuerda su hija.

Es noche cerrada y empieza a llover. Ana Belén y Serrat recitan sus poemas, frente al silencio del resto de amigos, conocidos, periodistas, escritores y lectores de un salón de actos del Cervantes abarrotado. Él recita en catalán. Ella en español. Un diálogo entre los idiomas, como le gustaba a Margarit. Mujer de primera, Autorretrato, Cerrando el apartamento de la playa, Querrán que te mueras y La montaña más alta.

Y entonces el cantaor flamenco Miguel Poveda, vestido completamente de negro, canta el poema No et veuré més [No te veré más], acompañado al piano por su arreglista Joan Albert Amargós. Le puso música en 2005, en su álbum Desglaç. “A él no le gustaba mucho el flamenco. Yo era joven y me daba pudor, pero me encontré a un hombre muy afable y muy agradecido”. El último en poner música a sus poemas ha sido el portugués Salvador Sobral con Amor i temps.

Margarit concibió gran parte de su obra en los bares de albañiles. Escribía en pequeñas libretas, que le acompañaron en el bolsillo de la camisa hasta el último día. En ellos, encontró refugio al morir de su hija Joana a los 30 años, debido a una discapacidad, a la que dedicó algunos de sus versos más hermosos, como Los ojos del retrovisor. “La paz que me da tu lentitud”, escribió sobre ella, “que está dentro de mí”.

Pero quizás los grandes reconocimientos le llegaron demasiado tarde. Recibió el Premio Nacional de Poesía Nacional y el de la Generalitat de Cataluña en 2008 y el Premio Reina Sofía de Poesía y el Premio Cervantes en 2019. El mismo año que el poeta depositó su legado en la Caja de las Letras.

“Me iré amándoos y algo mío intentará volver”, termina Ana Belén, con el último verso del penúltimo poema de su libro póstumo Animal de bosque [Visor Poesía, 2021]. La muerte estuvo presente durante toda su obra. Y eso que decía que “hacer un poema es mucho más difícil que morirse”. Aunque, curiosamente, según su hija, escribió sus mejores versos al ver que la oscuridad estaba ya cerca.

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