“Te he dado todo lo que tenía”. Descansa, Robert Duvall
Emilio Aragón recuerda la figura del actor fallecido, al que dirigió en la película ‘A Night in Old Mexico’

“Te he dado todo lo que tenía”. Esas fueron las palabras de Bob Duvall cuando, al terminar la última escena de A Night in Old Mexico, le pedí que rodáramos una segunda toma. Había hecho una. Solo una. Y yo, inseguro, quería cubrirme.
Bob me miró y me dijo esas cinco palabras imposibles de olvidar. Y tenía toda la razón del mundo.
Yo no quería dirigir películas que no fueran guiones o historias mías. Era algo que tenía claro. Pero un productor me insistió en que leyera un guion. Lo leí y le comenté que quizá, cambiando algunas cosas de la historia, podríamos hablar. La respuesta fue un no rotundo: el guion no se tocaba. Pero había una trampa, una sorpresa: Robert Duvall había dicho que sí.
Y ahí lo reconozco: acepté dirigir la película, aunque no estuviera de acuerdo con el guion, solo por trabajar con él. Por la oportunidad de estar cerca de uno de los más grandes. Y no me arrepiento ni un segundo.
Nuestra historia empezó compartiendo sándwiches en Virginia, hablando de cine. Sin agentes, sin intermediarios. Solo dos personas hablando de historias. Al final de esa conversación, decidimos hacer esto juntos.
Fue una producción independiente, con todo lo que eso implica: poco dinero, noches eternas de rodaje en Texas, condiciones difíciles. Hubo momentos tensos. Discusiones y enfrentamientos. Pero siempre desde el mismo lugar: hacer la mejor película posible con lo que teníamos.
Recuerdo que me pidió hacer la primera escena de la película el último día de rodaje. Necesitaba vivir toda la historia, vivir el rodaje, para darle sentido al monólogo que abriría la película. Un monólogo que arrancaba con un hombre, un revolver y una charla con el de arriba. Un momento del rodaje que jamás podré olvidar por la atmósfera que generó.
Gracias a ese proyecto pude trabajar con compañeros españoles y conocer nuevos amigos en Texas. Pero, sobre todo, gracias a que leí aquel guion que no quería hacer, pude trabajar con Robert Duvall, uno de los grandes, en aquella película que hicimos juntos con más corazón que presupuesto.
Gracias, Bobby. Te veo subido en aquel Cadillac rojo conduciendo mientras te alejas por aquella interminable carretera de Brownsville rumbo hacia la puesta de sol, mientras suena Mexicali Rose de fondo.
Descansa, maestro.
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