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Muere el actor Robert Duvall, la leyenda de ‘Apocalypse Now’ y ‘El padrino’, a los 95 años

El intérprete, ganador del Oscar por ‘Gracias y favores’ y que empezó en el cine en ‘Matar un ruiseñor’, falleció el domingo en su rancho de Virginia

Robert Duvall, en Los Angeles en junio de 2015. Casey Curry (Casey Curry/Invision/AP)

“Para el mundo, era un actor ganador del Oscar, un director, un narrador. Para mí, lo era todo”. Con estas palabras, Luciana Duvall anunciaba en redes sociales que su marido, la leyenda de la interpretación Robert Duvall, había fallecido el domingo a los 95 años en su rancho de Virginia.

Duvall será por siempre el consiglieri Tom Hagen en El padrino, donde hacía ofertas irrechazables como consejero de la familia Corleone, y el coronel Kilgore, al que le encantaba el olor a napalm por la mañana, en Apocalypse Now, ambas de Francis Ford Coppola. Pero gracias a su talento, trabajó durante siete décadas en el cine. El premio Oscar lo ganó por Gracias y favores, aunque logró otras nominaciones con las dos películas mencionadas por Coppola, El don del coraje, Camino al cielo, Acción civil y El juez. Nada mal para alguien en cuya primera película no decía ni una palabra (dio vida al callado y solitario Boo Radley en Matar un ruiseñor en 1962), aunque ya venía curtido del teatro y la televisión.

“Su pasión por su oficio solo era comparable a su profundo amor por los personajes, una comida exquisita y su capacidad para conquistar el corazón. En cada uno de sus muchos papeles, Bob lo dio todo por sus personajes y por la auténtica esencia humana que representaban. Al hacerlo, nos deja algo duradero e inolvidable. Gracias por los años de apoyo que le brindaron a Bob y por brindarnos este tiempo y privacidad para celebrar los recuerdos que nos deja”, contaba en el comunicado su esposa Luciana, actriz y directora argentina, con la que compartía su pasión por el tango.

Duvall fue un estajanovista de la interpretación, experto jinete y digno cantante, especialmente de temas country. En su rancho pudo disfrutar de todos esos amores, a los que añadió su interés por la historia: con el tiempo coleccionó numerosos objetos de la guerra civil estadounidense que encontró en sus terrenos. Y cerró su carrera por todo lo alto en 2022, con dos títulos muy interesantes: Los crímenes de la academia, de Scott Cooper, con el que ya había trabajado en Corazón rebelde, y Garra, la película de baloncesto protagonizada por Adam Sandler. En una de sus visitas al festival de San Sebastián, donde recibió el premio Donostia, aseguró: “Estoy abierto a las sorpresas, a todo lo que pueda aparecer por cualquier esquina, mucho mejor que las cosas tan planificadas”. En la interpretación y en la vida: conoció a su esposa Luciana en 1996 en Buenos Aires, donde él rodaba una película. Duvall iba a comprar flores y, tras encontrarse la floristería cerrada, anduvo hasta una pastelería cercana. Ahí se cruzó con Luciana, que le invitó —sin saber quién era— a la inauguración de un salón de tango.

Por cierto, en aquel festival de 2009, aseguró: “Los realizadores independientes actuales habrían aguantado el tipo entonces [en el Nuevo Hollywood]. El problema es que el cine independiente se está marchitando por culpa de la situación económica, pero lo que está claro es que en cualquier país, en cualquier lugar que haya alguien con una cámara en la mano con ganas de contar una historia, habrá material para realizar una película. Lo que a mí me supera es el dinero que se ve alrededor de las grandes producciones. Todas son películas de 100 millones de dólares. Preferiría que se hicieran diez de 10 millones de dólares. No es difícil encontrar buenas historias y papeles; lo complicado es levantar los proyectos desde el punto de vista financiero. Estamos peor que nunca en este aspecto”. Lo decía como actor de aquel Nuevo Hollywood y como director él mismo de cinco largos a lo largo de cuatro décadas. Un ejemplo de esta brega es Camino al cielo (The Apostle) (1997), que escribió, dirigió, protagonizó, cantó en ella y puso de su bolsillo cinco millones de dólares cuando ningún estudio quiso respaldarla financieramente.

En la carrera de Duvall hubo dos creadores fundamentales: Coppola y el guionista y dramaturgo Horton Foote. Con el primero trabajó en cinco ocasiones: en Llueve sobre mi corazón, los dos primeros El padrino, en La conversación y en Apocalypse Now. Pudo haber otra más, pero el actor pidió un sueldo para encarnar por tercera vez a Hagen en El padrino III que Coppola consideró excesivo. Así fue como murió Hagen y apareció el nuevo consigliere encarnado por George Hamilton. Con todo, no acabaron mal. “Coppola nos lanzó a todos, fue el catalizador de una generación entera de actores. Le debemos mucho”, aseguraba Duvall. Y sobre la famosa secuencia del bombardeo y los helicópteros de Apocalyse Now, Duvall le contó a Roger Ebert. “No había tiempo. Escuché por el intercomunicador que solo podíamos usar los aviones durante 20 minutos. Un sobrevuelo y nada más. Me metí de lleno en el personaje, y si él no se inmutaba, yo tampoco”. Lo rodaron en una única toma.

Ese personaje, por su brevedad, resume muy bien cómo aprovechó su tiempo en pantalla Duvall: “Soy un actor de carácter y nunca me ha importado. A veces, los actores como yo podemos sentir celos de los protagonistas. A menudo te preguntas si podrías hacer cierto tipo de papeles para los que nunca te llaman. Pero ser un actor de carácter tiene muchas ventajas. Haces grandes trabajos y viajas por todo el mundo sin tener que llevar el peso de la película. Eso está muy bien”.

Horton Foote, el otro impulsor de su carrera, fue el guionista de Matar un ruiseñor. Vio a Duvall en Nueva York en la obra The Midnight Caller, donde encarnaba a un borracho, y fue él quien le propuso para el clásico de Robert Mulligan que adaptaba la novela de Harper Lee. No solo eso, Foote escribió los guiones de Tomorrow (1972) y Gracias y favores (1983), grandes filmes en la carrera del actor.

Robert Selden Duvall nació en San Diego la víspera de Reyes de 1931. Su padre, militar de carrera, trasladó a su familia a la costa Este cuando su hijo mediano tenía 10 años. Su madre era descendiente del general Robert E. Lee, un dato que a Duvall le gustaba contar. Tras estudiar teatro en la universidad y pasar dos años en el ejército, a finales de los años cincuenta se fue a Nueva York a seguir formándose y a ganarse la vida. Compartió piso con Dustin Hoffman y ambos gorroneaban comida en casa de Gene Hackman, cuya esposa solía cocinar para todos ellos.

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