‘La omisión de la familia Coleman’ regresa a los escenarios españoles 25 años después de su estreno
Claudio Tolcachir recupera la obra que estrenó en su casa de Buenos Aires y que se ha convertido en un fenómeno teatral de largo recorrido


¿Cómo siguen los Coleman? Claudio Tolcachir se topa de vez en cuando en la calle con esa pregunta. Él contesta, entre sorprendido y feliz: “Bien, siguen bien”. La realidad es que esa familia Coleman —abuela, hija, nietos, amigos y otros— sigue viva. Tan viva y real como hace 25 años, cuando en la pequeña vivienda de Claudio Tolcachir en Buenos Aires, a la que se accedía tocando el timbre número cuatro de la calle, se estrenó La omisión de la familia Coleman, primera obra escrita y dirigida por este actor y dramaturgo argentino, que se convirtió en un fenómeno teatral que todavía perdura. Hasta la fecha se han hecho cerca de 2.200 funciones, se ha estrenado en 24 países y 54 festivales internacionales, teatros de circuito independiente o más comerciales.
La omisión de la familia Coleman, que llegó a Madrid en 2007, dentro de la programación del Festival de Otoño, vuelve a representarse a partir de este lunes en España (es la séptima vez que lo hace) con cinco de los ocho actores originales (cambian la abuela y los dos nietos, Marito y Damián). El montaje se podrá ver en el teatro Infanta Isabel de Madrid hasta el 11 de febrero y viajará además a otras localidades, como Salt (Girona) o Valencia.
Para Tolcachir (Buenos Aires, 50 años), que se instaló en España hace cinco años, esta obra es todo un encadenado de intuiciones, absolutamente pegada al impulso que fue la creación de su mítica compañía Timbre 4, ejemplo seguido en distintos países y por diferentes grupos teatrales y con sede, también, en Madrid. “En ese momento, Argentina estaba desarmándose, cayéndose. Los amigos se iban a vivir fuera, la generación de mis padres se encontró sin trabajo. El país no ofrecía ninguna opción. La reacción frente a tanta impotencia fue hacerla”, cuenta sentado una tarde frente a un café en un local del centro de Madrid.

“Fue auténtico refugio, una reacción a lo que no había. No nos llamaban desde ningún sitio, armamos un grupo; no nos aceptaban en ningún teatro, armamos nuestro propio teatro en casa”, explica Tolcachir, que viene de ensayar el nuevo montaje de José Troncoso, La pasión infinita, y prepara un proyecto de danza junto a la bailarina Cristina Morganti que se estrena en marzo en París. “El estreno en mi casa fue una recomendación de Norma Aleandro, a la que yo entonces no conocía. ‘Pero si no es un teatro’, le replicaba yo. Y ella contestaba: ‘Es un teatro, es un teatro’. Y si te lo dice Norma Aleandro… Se convirtió desde entonces en una gran amiga mía y maestra”, recuerda divertido. Tras presentarse en aquella vivienda, cuyas paredes empapelaron el propio Tolcachir y su colega y amigo Lautaro Perotti, el montaje ha devenido con los años en todo un símbolo al alcance de públicos muy distintos.

Nunca hasta entonces había escrito Tolcachir una obra propia. Sus trabajos hasta entonces habían consistido en adaptaciones de otros textos literarios. Sus ganas de trabajar con el grupo fueron las que le incitaron a la escritura y lo hizo a partir de las improvisaciones, pruebas y ensayos que luego él trasladaba al papel. “Nos conocíamos desde hacía tiempo y éramos muy amigos, así que yo pensaba en los personajes en función de cada uno de ellos. Fue una manera de acompañarnos y ayudarnos en un deseo”. No partió de ninguna idea o concepto. “Lo que está claro es que fue una especie de vómito de todo aquello que yo percibía que pasaba entonces en Argentina, cuando miles de personas dejaron de ser útiles para el país y nadie se hizo responsable de esa tragedia. Fue algo que se percibía familiar y socialmente”, añade Tolcachir.
Con apenas historia y argumento, el montaje toma a la familia como laboratorio donde uno puede ver y sentir el egoísmo, la negación, la incomunicación, los pactos secretos, los códigos o el lenguaje de cada uno de ellos. Un retrato casi exacto de la vida que transcurre entre la tragedia y el humor. “No son personajes perversos, son personas tiernas e incapaces, que no están hechas para resolver los problemas más simples o poder llevar adelante una vida básica, enredados en su inmadurez. Es una familia desesperada que hace que la desesperación por momentos justifique el egoísmo y donde fueron naturalizando algo que no es natural. El humor, creo, proviene de que esta familia ve natural algo que el público considera inaudito y desastroso”. Una familia cuyo universo se traslada de la vivienda al hospital, cuando la abuela tiene que ser ingresada, y aparece otra gente, médicos y enfermeras, que miran asombrados a ese grupo. Todo en un espacio sin una gran escenografía, una cama y un par de cosas más, donde el público va armando los agujeros.

Tras La omisión de la familia Coleman, Tolcachir ha escrito otras obras, como Tercer cuerpo, El viento, Emilia y Los de ahí, pero esta de hace 25 años le sigue persiguiendo en el mejor sentido de la palabra.
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