La poesía de Lorca brama en la lengua de signos sobre el escenario
El Centro Dramático Nacional acoge un montaje creado desde la cultura de la comunidad sorda que dirige Ángela Ibáñez


“Hay que mirar con ojos de niño y pedir la Luna. Hay que pedir la Luna y creer que la podemos coger con las manos”. Los versos de Federico García Lorca inspiran y guían el sobrecogedor montaje creado desde la lengua de signos y la cultura de esta comunidad que, dirigido por la actriz sorda Ángela Ibáñez, se estrenó este viernes en el teatro María Guerrero de Madrid. Grito, boda y sangre, inspirada en Bodas de sangre y otros fragmentos de obras de Lorca, es mucho más que un grito de este colectivo por hacerse un hueco en el teatro.
Es una reivindicación de la cultura sorda que se rebela contra una realidad que amenaza sus posibilidades de desarrollo, su acceso a la cultura y su felicidad. Con dramaturgia de Iker Azkoitia y dirección asociada de Julián Fuentes Reta, son dos las actrices, Emma Vallejo y Mari López, las protagonistas de este montaje que combina lengua de signos, elementos visuales, música en directo y lengua oral y que es accesible para las personas oyentes.

Ángela Ibáñez, actriz nacida hace 38 años en Madrid y que vive en París con su pareja y su hija pequeña, está estos días tocando la Luna, tal y como deseaba Lorca. Para ella, esta obra con la que se estrena como directora es un acto de reivindicación, memoria y libertad. “Supone el reconocimiento de la lengua de signos como una lengua más dentro de la sociedad. De memoria porque es un homenaje a Lorca. Los sordos nos sentimos muy identificados con él porque, como homosexual, sufrió discriminación, pero siempre sintió mucho orgullo de su identidad. Estoy atravesada como persona y como intérprete por Lorca. Su forma de escribir es muy visual. Mi primera obra como actriz en el teatro fue el papel de Adela en La casa de Bernarda Alba. La libertad nos la da el hecho de que podemos hacer y demostrar con nuestra lengua y nuestra cultura aquello que soñamos y deseamos”, asegura en lengua de signos la actriz, en un encuentro con este periódico, acompañada de dos traductoras.

En el montaje, cuya dramaturgia ha sido concebida e imaginada con el menor número de parlamentos posibles y poniendo el acento en elementos visuales para derribar así convenciones de las personas oyentes, participan también personas sordas en departamentos como vestuario (Marta Muñoz) y vídeo (Berta Frigola).
Grito, boda y sangre arranca en el aula de una escuela, en la que dos chicas sordas se han quedado solas mientras sus compañeros acuden a una función de teatro no accesible para ellas. “Si no podemos ir al teatro, el teatro vendrá a nosotras”. Es entonces cuando las dos adolescentes comienzan un juego mágico y bellísimo, un viaje onírico con textos de Lorca donde el aula se transforma y la poesía cobra vida.

La importancia de este montaje es que no se trata de una traducción de la lengua oral a la lengua de signos, sino que desde el principio ha sido creado y concebido desde su manera de comunicarse, con su arte propio y sus expresiones poéticas. Un ejemplo es la configuración especial de las manos que forma parte de la gramática de la cultura de las personas que no oyen, explica con gran expresividad y pasión la directora, que espera que esta función derribe barreras y abra definitivamente la puerta a la creatividad de los sordos y siente referentes.
“No me gusta decir que voy a ser un referente, pero sí creo que puede marcar un antes y un después. ¿Por qué no tenemos los sordos apoyos institucionales? Confío en que desde las altas esferas asuman que necesitamos un lugar estable y creativo para poder desarrollar la lengua de signos y darnos presencia en los ámbitos culturales”, añade Ibáñez, que no oculta su agradecimiento al Centro Dramático Nacional, que dirige Alfredo Sanzol. “Necesitamos aliados”, clama la directora.
Grito, boda y sangre, primera obra del Centro Dramático Nacional dirigida por una persona sorda, se representará en el teatro María Guerrero de Madrid hasta el próximo 1 de marzo.
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