‘Una forma de vida’: confesiones de un monstruo
Isabelle Stoffel y Juan Ceacero componen un expresivo espectáculo a partir de una novela de la célebre autora belga Amélie Nothomb


Este espectáculo tiene una gran fuerza plástica. Lo cual es un gran mérito, teniendo en cuenta que no parte de una obra dramática, sino de la novela epistolar Una forma de vida, de la célebre autora belga Amélie Nothomb. Isabelle Stoffel y Juan Ceacero, sus creadores e intérpretes, conjugan con imaginación variados recursos escénicos que potencian la singularidad del texto y lo convierten en un montaje muy expresivo, a pesar de que en algunos momentos decae por su carácter narrativo.
La novela es una sucesión de cartas ficticias entre la propia autora y un lector que dice ser un soldado estadounidense que combate en la guerra de Irak en 2008. Nothomb se introduce como personaje en la historia, aderezándolo con datos históricos y apuntes verdaderos de su personalidad, como su costumbre de mantener correspondencia con sus lectores. Esos detalles establecen un contexto de “hecho real” que la autora acaba neutralizando con una escritura altamente simbólica. Stoffel y Ceacero (que también dirige la puesta en escena) consiguen trasladar ese juego con la realidad y la ficción implantando en el escenario una atmósfera onírica impregnada de suspense.
Pero lo mejor es cómo sintetizan visualmente tanto la historia que los personajes desarrollan a través de su correspondencia como la relación entre ellos. En sus cartas, el soldado le describe a Nothomb cómo durante su estancia en Irak se ha convertido en un obeso mórbido: un monstruo de grasa que refleja la monstruosidad de la guerra. En escena, eso se materializa en una especie de intestinos de diferentes tamaños con los que carga Ceacero, aunque a veces también los abraza, se abriga, baila o reposa envuelto en ellos. Los mejores momentos de la función son cuando el actor describe la enfermiza relación con la comida que ha desarrollado en el campo de batalla: no tanto por gula, sino como alivio. El relato es terrible, pero también peligrosamente poético. “No exageremos el lirismo de mi situación”, advierte el soldado.
La gordura del personaje contrasta con la blancura y delgadez de su interlocutora. Stoffel exprime bien esos rasgos físicos, que también son los de Nothomb, evocando el aire y la personalidad excéntrica de la autora belga. Sin embargo, en algunas escenas se desenvuelve de manera dubitativa y hacia el final de la obra se le desboca el personaje.
Una forma de vida
Texto original: Amélie Nothomb. Creación, dramaturgia e interpretación: Juan Ceacero e Isabelle Stoffel. Dirección: Juan Ceacero. Teatro de la Abadía. Madrid. Hasta el 25 de enero.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.
Sobre la firma






























































