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Dibujos, cuentos, fotografías y cuadernos de notas: el legado “infantil” de Elvira Lindo al Instituto Cervantes

La escritora elige objetos y recuerdos de su vasta carrera para incluir en la Caja de las Letras de la institución

Elvira Lindo, mostrando algunos de los objetos (textos, diarios, libros o fotografías) que ha legado a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes. Foto: Victor Lerena (EFE) | Vídeo: EPV

El legado de Elvira Lindo se encuentra dentro de una pequeña caja dorada. Le ha “costado mucho desprenderse de ellas” la tarde de este lunes, pero la escritora ha llevado hasta el Instituto Cervantes una muestra de las cosas que le hacen pasar la vida “de la mejor manera posible”: dibujos, cuentos, cuadernos de notas y fotografías de sus seres queridos. “Es un legado que tiene que ver con la infancia”, dijo la que fue Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 1998. Entre los objetos se encuentran dos libros de cuando era pequeña. La obra Tom Sawyer a través del mundo, de Mark Twain, y una novela de Guillermo Brown.

“Hay tantas cosas”, que la periodista no sabe si se deja alguna fuera. “Hay un guion de radio porque quería mostrar los sitios donde he trabajado y quiero tanto”, admite Lindo. “Está el cine, la literatura... Lo que peor sé hacer que es dibujar, es justo con lo que más me he entretenido. Así que si en un futuro hacen una exposición sobre mí, que no se quede solo en una edición de un libro, si no en algo más de cómo soy yo: un poco infantil”, expresó acompañada por su marido, el también escritor y Premio Princesa de Asturias de las Letras Antonio Muñoz Molina, y su hijo.

Una colección de dibujos que ella misma hizo de artistas de cuando eran pequeños “porque es cuando cualquiera merece amor y compasión, desde Michael Jackson, Lucia Berlin, Frida Kahlo, David Bowie... hasta Antonio Muñoz Molina sobre un burrito de feria”. Una fotografía de ambos en París — “de las primeras que nos hicieron públicamente”— y el libro Corazón abierto en holandés con una foto de los padres de Lindo en la portada. Así como una fotografía muy “peculiar” de su hijo “perdida en un cajón” y que ha sido revelada hace unos días.

Después de firmar la documentación, Elvira Lindo cogió sus dibujos, los vio por “última vez” y los introdujo dentro de la caja con el número 1.610 grabado en la puerta. El pequeño espacio daba la impresión de que no habría sitio para la carpeta. De manos del director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, Lindo recibió uno a uno los objetos de su legado y los introducía en la caja. “Ay, mis primeras gafas”, exclamó la autora, como si hubiesen estado perdidas tanto tiempo hasta ese momento. Se detenía unos segundos con cada recuerdo. Apareció Noches sin dormir, que no era una edición para librerías, sino “para los amigos”. El guion de La vida inesperada, película filmada en Nueva York “y que costó tanto rodar”, junto a un texto inédito de Muñoz Molina sobre la relación de la escritora con esa ciudad.

Cada caja tiene dos llaves: una para el Instituto Cervantes y otra, en este caso, para Elvira Lindo, quien preguntó si podía sacar las cosas o la llave era solo para el recuerdo. Entre risas, el director de la institución le contestó: “Puedes incluso meter más cosas”. En la puerta de ella se lee: “Elvira Lindo, escritora. Legado el 12/01/2026″.

En el acto, el director del Cervantes celebró “la fuerza literaria” de Elvira Lindo, que consiguió convertir un personaje radiofónico que ya era muy popular, como fue en sus inicios Manolito Gafotas, en uno literario. Y hacerlo con humor, “sin sarcasmo”, venciendo “la tentación de lo políticamente correcto” a la hora de explorar los territorios de la familia, el barrio (Carabanchel Alto concretamente), los amigos y “un hermano imbécil”. García Montero destacó también las “grandes dosis de poesía y humor” que se encuentran en la “narrativa de adultos” de Lindo, y mencionó obras como El otro barrio, Una palabra tuya, Lo que me queda por vivir o A corazón abierto, así como sus artículos periodísticos y ensayos. “Cómica sin remedio” y “resiliente en su lucha diaria contra cualquier voz censora”, el director del Cervantes subrayó su “inteligencia, la mirada inocente y el deseo de travesura” de la autora.

Al final del actor se proyectó el documental Elvira Lindo, por ejemplo, un ejemplo…, dirigido por Iván Marín González.

La Caja de las Letras guarda en sus cajas de seguridad los legados que desde 2007 —el escritor Francisco Ayala, premio Cervantes 1991, inauguró este ritual cultural— han ido depositando personalidades de la cultura en español. Reconocidos escritores —entre ellos todos los premios Cervantes desde ese año— y destacados nombres del cine, el arte, la música, la danza, el teatro o la ciencia han dejado en esta antigua cámara acorazada del Instituto Cervantes en Madrid retazos de su trayectoria vital y profesional. Por sus dimensiones es difícil imaginar que puedan acoger algún objeto más grande que la máquina de escribir que dejó el chileno Nicanor Parra. La Caja de las Letras atesora bajo llave esos simbólicos legados como memoria viva de la cultura de España y de los países hispanohablantes.

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Sobre la firma

Alan García Loza
Migrante y periodista latinoamericano. Originario de México y de la frontera más transitada del mundo, Tijuana–San Ysidro, donde comenzó como reportero gráfico y cubrió temas sociales y migración. Trabajó en Alemania cuatro años como retratista y director de arte. Ahora escribe en la sección de Cultura y cursa el Máster de Periodismo UAM-EL PAÍS.
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