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Anna Alarcón, la actriz sin WhatsApp que ignora Instagram: “No me gusta ese ruido, si buscan a la guapa con millones de seguidores, esa no soy yo”

Tras participar en ‘Los años nuevos’, ‘Pubertat’ o ‘Yakarta’, protagoniza el documental ‘Supernatural’, sobre su historia con el chamán André Malby

Cuando Anna Alarcón tenía ocho años, un psiquiatra ordenó su aislamiento en la planta pediátrica del hospital de Barcelona en el que estaba ingresada por una anorexia nerviosa. “Me negaba a comer un plato de salchichas con tomate. Se puso como un loco y me dijo: ‘Ya está, te quito las visitas y el contacto con la familia’. Vino el técnico y desatornilló el teléfono y la televisión. Al quedarme incomunicada fue cuando mis padres, desesperados, buscaron a André”. André era André Malby, un chamán mediático, habitual de radios y televisión de mediados de los ochenta, conocido de Dalí, Umbral y de los Bosé, colaborador de El mundo por montera, de Fernando Sánchez Dragó. “Mis padres lo contactaron por un amigo en común. Malby pidió una foto mía, preparó unos polvos que después ingerí a escondidas en el hospital y a los tres días empecé a comer con normalidad, como si no hubiera pasado nada”, rememora esta actriz barcelonesa sobre el episodio que padeció de niña.

Curtida en el teatro —debutó con Rosa Maria Sardà a los 17— y habitual en la pantalla combinando fenómenos independientes o para el gran público como Los años nuevos, Saben aquell, Mamífera, Esmorza amb mi, Pubertat o Yakarta, a sus 45 años, Alarcón ha aparcado la ficción para inspeccionar esa herida no resuelta de su niñez. Lo hace en Supernatural, un fascinante documental dirigido por Ventura Durall que se estrenó hace unas semanas y donde la intérprete se enfrenta a sus creencias para buscar el sentido de la magia junto a Marthurin, el hijo de André Malby, un ser altamente racional que nunca creyó en lo que hizo su padre.

Pregunta. ¿Por qué explica ahora su historia?

Respuesta. Ventura Durall, el director y productor, es un buen amigo. Sabía que yo había escrito sobre lo que me pasó y él quería hacer un documental sobre Malby. Cuando le dije que sí, me puse en manos de una persona muy escéptica, que me miraba con unos ojos que no acababan de validar mi historia. Eso me parecía mucho más interesante que trabajar con alguien que me lo validara todo.

P. ¿Le incomoda el qué dirán?

R. Tenía miedo a quedar como una persona etérea o sin capacidad crítica, pero creo que Ventura ha conseguido algo muy difícil: un equilibrio entre las tensiones de las posturas opuestas, siendo a la vez muy respetuoso con la intimidad. Estamos hablando de heridas, de reconciliación, de espiritualidad, de magia, de esoterismo, de raciocinio y de ciencia. Son temas muy delicados.

P. Supernatural expone que Malby abandonó a su mujer enferma y fue mal padre, ¿lo sigue admirando igual?

R. He concretado la figura de Malby, que en mi cabeza tenía en un lugar mágico. Digamos que ahora ha tomado tierra. Pero, sobre todo, el documental me ha servido para encarar conversaciones pendientes con mi familia. Al final, nos hemos dicho: “No hay culpables. Todos hemos sufrido”. Hemos podido colocar las piezas.

P. En el metraje toma ayahuasca para observar su foto de niña durante horas. ¿Qué opina del repunte de espiritualidad que estamos viviendo a nivel cultural?

R. El mundo de la tecnología nos ha dejado un vacío. Cada vez estamos más deprimidos y aislados. Hemos entendido que la rueda del capitalismo no nos llena. Inevitablemente, hay una búsqueda. Pero para conectar con esta parte que hemos olvidado hay que saber parar y dejar espacio al vacío y al silencio. Uno no se conecta consigo mismo ni resuelve su espiritualidad en un retiro detox de tres días o escuchando un disco de Rosalía.

P. No tiene WhatsApp y su Instagram lo gestiona otra persona, ¿se pueden conseguir papeles así?

R. Es que no me sienta bien tenerlos. Tengo la sensación de que hay demasiado ruido y yo lo que intento es vaciarme de él. Mi representante, Esther Cabrero, nunca me ha apretado con eso. Si van a buscar a la actriz guapa de millones de seguidores, esa no soy yo.

P. ¿No es un privilegio poder no tener esas apps instaladas?

R. En el gremio es muy difícil encontrar un espacio. Al final todo son familias y conocer gente. Yo no venía de familia cultural, mis padres tienen una tienda de muebles y alfombras. Hay mucha gente que no sabe cómo acceder, pero ahora mismo hay mucho trabajo audiovisual, estamos en un buen momento.

P. Ha combinado muchos proyectos en los tres últimos años, ¿cómo lo lleva?

R. Vivimos en un momento muy acelerado y yo soy de las que piensa que la prisa mata. No creo en la velocidad, soy de las que queda mil veces con el director o la directora o con un compañero actor para hablar sobre el proyecto. Sigo creyendo que poco a poco se van encontrando las capas y se llega más lejos. Por eso me sorprende lo que cuesta que una serie o una película cale en la sociedad. Son proyectos que han tardado años en ver la luz y luego salen, se habla de ellos un rato y se pasa a lo siguiente. Tengo la sensación de que la gente se olvida de todo muy rápido.

P. Hay mayor producción audiovisual pero, ¿son peores proyectos?

R. Más que a parámetros medibles por la IA, que influye mucho en la toma de decisiones ahora mismo, yo invito al mainstream a que tenga una mirada a lo que realmente pasa a nivel social. Por eso me parece muy importante lo que ha hecho Leticia Dolera con Pubertat, picando mucha piedra durante años, o lo de Diego San José con Yakarta. Tenemos que seguir dando espacio a grandes creadores en ese mainstream. En octubre empezaré a rodar Climaterio, la nueva película de Liliana Torres, que será muy atmosférica y en la que se tratará la menopausia desde una mirada muy animal. Es muy emocionante cuando pasan cosas así.

P. ¿Cómo se siente ahora que el documental ha visto la luz y con él su historia?

R. Más calmada. Al final, esto iba de aceptar y reconciliar. Parece fácil, pero se necesita tiempo para conseguirlo.

P. ¿Cree que el hijo de Malby también se ha reconciliado con su propia historia?

R. Ha dejado su casa de New Hampshire y se ha venido a vivir a Barcelona con su mujer y su hijo. Él mismo me decía: “He tenido que hacer un documental para sacar estos kilómetros de océano que tenía en medio”. Supongo que él también ha calmado su vida. Este documental ha sido un acto de transformación.

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Sobre la firma

Noelia Ramírez
Periodista cultural. Redactora de S Moda desde 2012 y forma parte del equipo de Cultura desde 2022.
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