Beethoven se sube a la ola de ‘Roblox’ con un videojuego adaptado a los clásicos
La aventura ‘Final Score’, creada e interpretada por la Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam, busca nuevos públicos en la plataforma, donde acumula cerca de un millón de usuarios

Es posible reconocer en la Sexta sinfonía de Beethoven los paisajes rurales de los alrededores de Viena, pero nadie hasta ahora se había atrevido a trasladar las coordenadas de la Pastoral al entorno digital. Así sucede en el videojuego Final Score, en cuyas praderas virtuales los granjeros cantan a sus cultivos para hacerlos crecer. En esta aventura de Roblox ―una célebre plataforma virtual que permite crear y disfrutar de miles de títulos―, la música clásica no funciona como mero acompañamiento, sino que sirve de herramienta de aprendizaje: hay que recopilar notas, desbloquear instrumentos y reconocer acordes para restaurar la armonía perdida y vencer al temible Cazador de Ratas.
La idea de este proyecto pionero, dirigido a jóvenes de entre 10 y 16 años, se gestó dentro de la Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam como parte de una estrategia de captación de nuevos públicos. “A veces no basta con los conciertos escolares y los materiales didácticos que ofrecemos”, explica Lili Schutte, responsable del programa educativo de la institución holandesa. “Conectar con los adolescentes no es fácil, pues muchos consideran los conciertos aburridos y elitistas. Así que, en vez de convocarlos en la sala, optamos por invertir el reclamo y buscarlos donde más les gusta estar”.
Desde su lanzamiento en octubre, Final Score ha registrado una media de 5.000 visitas diarias. “El punto de partida fue crear un videojuego online, gratuito y sin barreras tecnológicas, disponible tanto en móviles como en tabletas”. A partir de ahí, buscaron la manera “más atractiva posible” de tender puentes con el repertorio clásico. “Puesto que contamos con la mejor banda sonora, nuestros esfuerzos debían centrarse en encontrar una coherencia visual y una narrativa propia que nos diferenciaran del resto de propuestas de Roblox”.
Además de la Pastoral, en el vestíbulo de Final Score se escuchan fragmentos de la Italiana de Mendelssohn, dirigida por Bernard Haitink, y de la obertura de la ópera La promesa de los dioses, del compositor surinamés Johannes Nicolaas Helstone, que la orquesta recuperó en 2024, más de un siglo después de su estreno, bajo la batuta de Otto Tausk. “Todas las obras pertenecen al dominio público: Liszt, Chaikovski, Debussy, Ravel, Bartók…”, confirma Schutte. “Además, las grabaciones fueron realizadas en vivo y proceden de nuestro propio catálogo”, dice sobre la selección, disponible también en Spotify.
La aventura se complica según se avanza de nivel. En las cuevas volcánicas del Fuerte Issimo, donde unos enanos fabrican instrumentos, el Forjador de Latón ha perdido el ritmo de la cadena de producción. “En este mundo, dominado por la música de Wagner y Bruckner, el jugador debe restaurar el tempo de la partitura”, prosigue Schutte. “Más adelante, en la cima del Monte Místico Möll, habrá de afinar el oído para reconocer las armonías de los Monjes Brumosos”. Nada, por supuesto, que requiera conocimientos avanzados de teoría musical. “El reto consiste en escuchar atentamente y reaccionar con rapidez”, aclara.
Los propios músicos de la Concertgebouw se han encargado de grabar los efectos sonoros del videojuego, tales como fragmentos de trombón, ataques de timbal o loops de flauta. “Estos recursos funcionan como gestos que acompañan la acción, marcan transiciones o refuerzan los cambios de estado”, cuenta Herman Rieken, percusionista de la formación y responsable de las pistas y cortes de flexatón, watherphone y silbato. “Hemos cuidado mucho todo el trabajo artesanal para que, en algún momento, los jóvenes se pregunten: ¿y cómo sonaría todo esto en una sala de concierto? Ése es nuestro objetivo”.

La mecánica del videojuego ha sido desarrollada por Accenture Song. “Final Score está pensado para pasarlo bien, el aprendizaje viene después”, cuenta Hans van Hooff, miembro del equipo de esta compañía especializada en el diseño de experiencias digitales interactivas. “Nuestro planteamiento rompe con décadas de pedagogía paternalista, pues aquí no se intenta educar desde arriba, sino ofrecer un entorno de diversión donde el interés por la música clásica se va filtrando a través de referencias visuales y una iconografía muy precisa”. En otras palabras: “Mediación cultural sin caer en la frivolización del clasic-pop”.
Más de 50 niños y adolescentes participaron en la fase de prueba de Final Score. “Además de calibrar su jugabilidad, durante el target test corrigieron ciertas dinámicas y aportaron ideas que nos resultaron muy útiles”, admite Van Hooff. “Esto nos permitió ajustar la dificultad de los minijuegos, en los que hay que identificar notas y acordes o responder a preguntas de trivial a partir de datos históricos y curiosidades de la música clásica”. De momento, el videojuego acumula más de 10.000 valoraciones en la plataforma, con un 95% de votos positivos. “Y la comunidad sigue creciendo…”, se jacta el desarrollador.
Todo lo cual ha sido posible también gracias al patrocinio de la Fundación Elja, que trabaja para acercar la cultura a niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad. “Esta colaboración marca un punto de inflexión, pues muy pocas orquestas de primer orden se han atrevido a dar este salto hacia el futuro”, celebra Schutte, para quien la reciente polémica sobre las grietas en el sistema de seguridad de Roblox no supone ninguna amenaza para el “estricto control parental” de Final Score: “No hay publicidad, tampoco imágenes violentas o contenidos inapropiados, ni existen chats para comunicarse con adultos…”.
La apuesta de la Concertgebouw por el relevo generacional no es nueva. Hace tres años la orquesta anunció el fichaje del jovencísimo Klaus Mäkelä como nuevo titular a partir de 2027. “Son muchas las incógnitas que se ciernen sobre las salas de concierto tradicionales y quizá nos hayamos equivocado al pensar que las pantallas son nuestro enemigo”, reflexiona la especialista en pedagogía musical. “Con Final Score estamos demostrando que el arte y la tecnología pueden reforzarse mutuamente siempre que vayan de la mano de una propuesta imaginativa capaz de entusiasmar a los más pequeños”.
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