Ir al contenido
_
_
_
_

Mathias Enard y la relectura infinita del Prado

El ganador del premio Goncourt y autor de una decena de novelas ha pasado seis semanas en el museo dentro del programa de residencias para escritores

Historias dentro de historias: la de la escena que narra una pintura; la del artista que plasmó esa imagen; la de los materiales que empleó; la del objeto mismo, sea tabla o lienzo, y su marco; o la que ha recorrido una obra de arte desde el taller donde fue realizada hace siglos hasta las salas o almacenes del Museo del Prado. Todos estos relatos han cautivado al autor Mathias Enard (Niart, Francia, 53 años) en las seis semanas que ha pasado en la residencia para escritores de la pinacoteca madrileña, un programa, Escribir el Prado, que ya va por su sexta edición y que cuenta con el apoyo de la Fundación Loewe.

El museo de su infancia fue el Louvre, que visitó con uno de sus abuelos, el mismo que escribía ensayos y le presentó de niño a Marguerite Duras. Su otro abuelo, paracaidista, combatió en la II Guerra Mundial, en Indochina y Argelia, aportó el misterio de la violencia y la acción al mundo creativo de Enard, ganador del premio Goncourt hace una década por Brújula y cinco años antes del Goncourt de los estudiantes por Habladles de batallas, de reyes y elefantes. Al Museo del Prado, Enard recordaba que llegó en la década de 2000, cuando trasladó su residencia a España, en concreto a Barcelona, donde aún tiene su casa y un restaurante de cocina libanesa, Karakala. Pero este autor estudió persa y árabe y ha vivido en Alemania, Italia, Siria, Líbano, Egipto e Irán. Su aire tranquilo esconde una querencia por la aventura que sabe trasladar a la página.

“Nunca había pasado tanto tiempo en un museo como ahora”, reflexionaba la víspera de concluir su participación en Escribir el Prado. “He tratado de almacenar tantas historias como he podido. En mi forma de escribir no hay de partida un elemento pictórico, pero las imágenes me inspiran en su faceta de relatos, a partir de los cuales puedes desarrollar una ficción”, apuntaba. “Paisajes recuerdos, ciudades, eso es lo que me interesa. Al mirar los cuadros constatas que nuestras vidas ya han sido pintadas por otros. Hay lugares que conocemos y hasta los rostros que ves en las pinturas resultan, a veces, familiares, así que estableces con ellos un diálogo porque los conoces”.

Esa debilidad confesa por los relatos —“la posibilidad de viajar dentro de los cuadros es infinita”—le llevó a visitar los almacenes y salas de restauración y a regresar con frecuencia diaria a las salas de la pintura española del XIX, durante su residencia. El drama descrito en la escena que retrató Francisco Pradilla y Ortiz en Juana la loca (1877), Las escuchas marroquíes (1879) de Antonio Muñoz Degrain, o Emigrantes (1908) de Ventura Álvarez Sala se cuentan entre sus favoritos. “También tengo pasión por los bodegones, que son pura materia, y dotan de vida, color y forma a algo que no está vivo”, apuntaba. Rubens ha sido otra de sus fascinaciones.

Los ecos y reflejos que ha reconocido en los cuadros (paisajes que se repiten, edificios que surgen, por ejemplo, en varios cuadros de Rubens) le han fascinado y reverberan también en su vida. En la Villa Medici que Velázquez retrató en dos cuadros, Enard pasó un año invitado por la Academia de Francia en Roma. Y fue allí donde dio con el germen de una historia que le llevó a fabular sobre un encargo del sultán otomano a Miguel Ángel Buonarroti en la premiada novela Habladles de batallas, de reyes y elefantes (Random House, 2010). Las superposiciones temporales o geográficas que Enard sostiene con buen pulso le han llevado a hablar de la emigración de Tánger a Barcelona (Calle de los ladrones); del viaje de París al Orinoco que emprenden tres jóvenes enredados en un triángulo (Remontando el Orinoco); de una maleta llena de guerras y secretos con la que viaja el protagonista de Zona de Milán a Roma; o de los viajes que corren en paralelo de un soldado de la Segunda Guerra Mundial que escapa del frente de batalla y de un grupo de matemáticos por el río Spree en 2001 de Desertar. Su charla en el auditorio del Prado este diciembre se titulaba El viaje inmóvil. “Encontrar problemas y buscar soluciones, eso es la escritura de novelas para mí”, explicaba entonces.

Los premios Nobel J. M. Coetzee y Olga Tokarczuk, Chloe Aridjis, Helen Oyeyemi y John Banville han precedido a Enard en esta estancia para escritores en la pinacoteca que concluye con un relato o nouvelle que se edita unos meses después. El ojo del pintor de Banville y Refugio de Tokarczuk son los dos nuevos títulos de la colección en los que una entrevista imaginaria permite a la polaca elaborar un relato de ciencia ficción, mientras que el irlandés coloca a un vigilante de sala en el centro de su historia. Así, el Prado se sigue escribiendo.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Andrea Aguilar
Es periodista cultural. Licenciada en Historia y Políticas por la Universidad de Kent, fue becada por el Graduate School of Journalism de la Universidad de Columbia en Nueva York. Su trabajo, con un foco especial en el mundo literario, también ha aparecido en revistas como The Paris Review o The Reading Room Journal.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_