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Flamenco
Crónica
Texto informativo con interpretación

Aluvión guitarrístico en el festival Flamenco On Fire, que rinde homenaje a la pelota vasca

La cita de Pamplona inicia una trilogía para contar la historia del género con la participación de Rafael Riqueni, Josemi Carmona o Yerai Cortés

Compañía de Antonio Najarro en el Baluarte de Pamplona. Flamenco on Fire.

En su línea de vinculación del evento con el territorio que lo acoge, la pelota vasca ha sido el elemento elegido este año para el propósito de Flamenco On Fire, festival de referencia del género que se celebra del 26 al 31 de agosto en Pamplona. A ojos profanos, puede que ambas disciplinas no se entiendan cercanas, pero basta con asistir al acto de hermanamiento para que las distancias se acorten. En el transcurso del mismo, celebrado en el frontón de la calle Mañueta, a escasos metros de la casa natal del guitarrista Sabicas, origen y razón de la cita, se escuchan palabras que desvelan paralelismos, por ejemplo su internalización, pero, y quizás lo más sorprendente, la presencia de la población gitana navarra en su ejercicio. Hubo homenajes a pelotaris históricos, pero la mayor cercanía quizás se produzca a través de la observación y disfrute de ambas: un partido de pelota de exhibición, pero de lo más competido, y un par de estilos de guitarra flamenca bien interpretados. Dos artes que requieren esfuerzo y demandan el mismo silencio para su disfrute.

Ese fue el arranque, digamos oficial, el pasado miércoles, de esta edición, que tuvo días antes, jornadas en Viana y en Tudela —con el cante de José Valencia y Esperanza Fernández, respectivamente. Tras él, toda una semana de intensa programación: media docena de ciclos que, junto con otras actividades extramusicales, suman más de treinta espectáculos, en una expansión del flamenco desde los balcones a las plazas, a los patios y a distintos escenarios, que acogen una muestra de la rica y plural diversidad que este arte proyecta: desde la tradición a la creación contemporánea.

La variedad de propuestas conecta con la nueva etapa que la cita inaugura. Tras cuatro años en los que se ha indagado en la naturaleza del flamenco y en la de sus tres disciplinas principales —el cante, el toque y el baile—, se anuncia una trilogía con la que aspira a contar la historia del flamenco. En esta ocasión, desde sus primeras manifestaciones (1830) hasta el final de los cafés cantantes (1925), con especial incidencia en la aparición de los primeros registros sonoros en el último tercio del siglo XIX. Una etapa que abordará el especialista Carlos Martín Ballester con una audición de discos de pizarra de esa época que serán reproducidos en gramófonos originales (Librería Katakrak, viernes 29, 13:30h.).

El guitarrista Migue Vargas en el balcón del Palacio del Gobierno de Navarra.

Este festival, que nació para homenajear al gran Agustín Castellón Sabicas (Pamplona, 1912 - Nueva York, 1990), mantiene y refuerza cada año el protagonismo de la guitarra flamenca de concierto que él abanderó. La sonanta estuvo presente en el inicio de Viana, con Juan Requena, y estará en su clausura, con Tomatito y su grupo, el próximo domingo. A ella se le reserva el simbólico pórtico de la noche del martes desde el balcón del Palacio de Gobierno de Navarra. Este año, por la tarde, el acto estuvo precedido de un prólogo a cargo del artista más mediático del momento, Yerai Cortés y su espectáculo Guitarra Coral.

Inmediatamente, desués, el guitarrista extremeño Miguel Vargas se subió al balcón del palacio gubernamental para protagonizar un momento que reúne todas las condiciones para convocar a la magia. Y más si la música es como la que expuso el veterano tocaor, cuajada de gusto y sensibilidad. Una delicada seguiriya, la profunda taranta y una musical granaína, en la que hizo un guiño a la música de los históricos Pekenikes, precedieron a su interpretación de la balada de Manuel Alejandro Procuro Olvidarte. A Vargas, junto a su hijo Juan, le tocó también inaugurar el ciclo del escenario Sabicas de esta edición. Él es persona que porta el orgullo y el honor de haber dado carácter y personalidad a la guitarra extremeña, otorgándole un acento propio, que parte de estilos de su tierra, como los tangos y los jaleos, a los que él lleva a un rigor clasicista que, con pausa y un cierto aire pastueño, puede inundar cualquier estilo que aborde, como se pudo comprobar en su concierto del miércoles.

Yerai Cortés actuando en Pamplona el pasado 26 de agosto.

La tarde noche se cerró con el esperado espectáculo Alzapúa III, una producción del propio festival, que cierra una experiencia comenzada en 2023, el año dedicado al toque y como homenaje a la guitarra flamenca de concierto. Aquel primer Alzapúa lo protagonizaron los más jóvenes artistas del momento: Alejandro Hurtado, David de Arahal, Víctor Franco y José del Tomate, dirigidos por Rycardo Moreno. El espléndido resultado del encuentro animó a la organización a subir un peldaño en el tiempo y mirar a los millenials de la guitarra, que fueron Dani de Morón, Diego del Morao, Rycardo Moreno y Josemi Carmona, que actuó de director. Escalar aún más en el escalafón, completar la trilogía con cuatro guitarristas actuales y en la cumbre de sus carreras era todo un reto, que se consiguió con la generosa participación de cuatro consagrados: Rafael Riqueni, Gerardo Núñez, José Antonio Rodríguez y Manolo Franco, dirigidos por José Manuel Gamboa.

No cabe duda de que este último Alzapúa completa una envidiable panorámica, por más que acuse la ausencia de sorpresa, dado el rango y conocimiento de los cuatro miembros de una generación inmediatamente posterior a la irrepetible triada que compusieron Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar y Víctor Monge Serranito, y que prosiguió el trabajo por ellos emprendido de ensanchar los límites de la guitarra flamenca. El concierto resultante, que contó con el baile de Antonio Canales y el cante de Montse Cortés, fue un tanto irregular, pero deparó momentos de irrepetible intensidad: la solidaria interpretación de la marcha Amargura por Franco y Riqueni fue uno de ellos. Las diabluras de Núñez y Rodríguez sobre una soleá por bulerías del primero pudo ser otro, aunque hubo más. La reunión tuvo el colofón de la visita del (pen)último miembro de la generación anterior, el gran Pepe Habichuela, embajador de la cita, que cerro la noche con su canónica soleá.

Un hueco para la danza: la Compañía de Antonio Najarro

En un evento con esta vocación guitarrera y de calle, el baile y la danza encuentran un espacio propio y cuidado, aunque sea limitado. La jornada del jueves, en la que el tiempo permitió que se abrieran balcones y patios para recibir cante y guitarras, también reservó huecos para las anteriores disciplinas. La Compañía de Antonio Najarro llegó al Baluarte con su última producción, Romance sonámbulo, título tomado de un poema de García Lorca, que servirá como hilo conductor de un viaje por otros de la obra lorquiana que comparten un tiempo nocturnal. Poemas que son la inspiración para construir cinco elaborados cuadros, que se suceden en la escena sin apenas pausa, con una sucesión de disciplinas dancísticas: la estilizada, que es dominante, permite visitas a la clásica española, al flamenco o al folclor.

Duquende y Agujetas Chico en un balcón de Pamplona.

Todo se presenta de manera cohesionada a través de dinámicas coreografías corales que dejan espacio al lucimiento individual. La dramaturgia permite una lectura de la narración que se pretende, guiada por el impagable trabajo de la cantaora María Mezcle, y por la sugerente música del guitarrista José Luis Montón, que envuelve la escena con su reconocida calidez musical. A esos elementos se suma un vestuario impecable para el propósito y un cuerpo de baile con la suficiente capacidad expresiva para transmitir con su danza la fuerza del relato. El resultado fue de una gran belleza, qué duda cabe.

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