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¿Cómo contar una guerra? Guillermo Altares analiza con suscriptores de EL PAÍS la cobertura del conflicto en Irán

Un grupo de suscriptores Premium charló con el jefe de Internacional en un evento exclusivo sobre la deriva del conflicto en Oriente Próximo

Antes del encuentro, los suscriptores visitaron la redacción de EL PAÍS.Samuel Sánchez

¿Cómo contar el conflicto en Oriente Próximo? ¿Qué está en juego? El jefe de la sección de Internacional de EL PAÍS, Guillermo Altares, dio respuesta a estas y otras preguntas de los suscriptores en un encuentro exclusivo celebrado el pasado 18 de marzo en la sede del periódico. “Uno sabe cómo empiezan las guerras, pero no cómo acaban”, explicó, al hilo de una escalada que se vuelve más inquietante cuanto más imprevisible es el siguiente movimiento. El encuentro forma parte del programa de fidelización para suscriptores EL PAÍS+.

Altares, que además de dirigir secciones como Cultura, Ideas o Babelia, ha cubierto conflictos como enviado especial en Afganistán, Irak o Líbano, situó el foco en la incertidumbre: “Estamos en un momento extremadamente peligroso, no tanto por una guerra nuclear inminente como por las consecuencias imprevisibles de mecanismos que se han puesto en marcha y que no sabemos a dónde nos van a llevar”, matizó. Y elevó el marco: “Si me preguntas si tengo miedo de que empiece una guerra mundial, te diría: ya estamos en una”, en relación con el número de países implicados en ataques y bombardeos (en total mencionó 14 países).

Para explicar la guerra de EE UU e Israel contra Irán, recurrió a lo sucedido en Irak en 2003. Recordó que entonces tampoco se podían anticipar los efectos de la posguerra y lo describió como un “mecanismo de aprendiz de brujo”: uno pone en marcha fuerzas que luego no sabe detener. En ese punto, lanzó una de las frases más inquietantes de la conversación sobre la posición iraní: “Estoy en contra de la guerra, pero si yo fuera un ayatolá iraní y sobreviviera a esto, me haría con la bomba nuclear”.

Israel puede “destruir objetivos”, pero ganar la guerra exigiría algo mucho más improbable, como la desaparición del régimen, la neutralización completa del programa atómico y la aparición de un gobierno estable que no lo reanude. Advirtió que no existen casos de países que hayan caído solo con bombardeos desde el aire: “Solo destruir no basta, tienes que entrar”, señaló, en referencia a una posible intervención terrestre de Israel sobre Irán.

Los suscriptores quisieron saber cómo es el día a día del redactor jefe de Internacional, especialmente en un contexto convulso donde la información cambia a las pocas horas. Para ilustrarlo, Altares citó a la periodista Soledad Gallego-Díaz, primera mujer directora del periódico: “Un redactor jefe tiene que tomar decisiones todo el tiempo. Se puede equivocar, pero no dejar de decidir”. En cuanto a los métodos para contrastar las fuentes en momentos de máxima tensión, como durante el ataque de Trump a Venezuela el pasado enero, el periodista explicó que “tienes que contar lo que sabes y lo que no sabes”. Esa prudencia, insistió, no es incompatible con la rapidez: implica atribuir (“Israel dice”, “Estados Unidos guarda silencio”, “Irán reconoce”), confirmar con varias fuentes (nuestros propios corresponsales y enviados especial, agencias y medios de referencia) y, si se falla, rectificar sin esconderlo. En paralelo, reivindicó el periodismo como oficio colectivo: “Formas parte de un equipo muy grande. Se establece un diálogo permanente entre nosotros y la actualidad”, explicó, subrayando que la edición digital permite actualizar en tiempo real y acompañar al lector en la evolución de los hechos.

El orden mundial tras el inicio del conflicto

Sin visos de que la guerra en Oriente Próximo termine a corto plazo, Pekín se perfila como el actor mejor posicionado: “China solo puede ganar en esta situación de caos”, afirmó. “Primero, porque al final todo el comercio que no hagamos con Estados Unidos lo vamos a hacer con ellos. También porque en un mundo sin reglas ellos pueden hacer lo que les dé la gana. Y eso incluye a Taiwán”, añadió. El periodista destacó la labor de los corresponsales Guillermo Abril e Inma Bonet en este país, donde el acceso a la información está restringido y la población vive con miedo a alzar la voz.

Sobre un tablero geopolítico cada vez más inestable, ¿cuál es el plan de Donald Trump, si es que lo hay? Altares explicó que dentro de “todas las decisiones equivocadas”, el objetivo último del magnate es “instalar un mundo MAGA en EE UU”. Es decir, “volver a la América anterior a los derechos civiles de los años sesenta”. Frente a esta posición reaccionaria, defendió que Europa solo puede salir bien parada “agarrándose a sus valores”: “Europa tiene que ser el referente de un mundo con valores y no dejarse arrastrar. También se tiene que armar frente a Rusia y mantener la unidad. Si los europeos deciden votar en masa a partidos de ultraderecha, estaríamos traicionando nuestros valores”, sentenció. Y mencionó la ayuda a Ucrania o la intervención en Chipre como ejemplos de esta política.

“Lo que está ocurriendo con las mujeres en Afganistán es un crimen contra la humanidad que el mundo solo puede mirar”
Guillermo Altares, redactor jefe de la sección de Internacional

Hubo también espacio para recordar la agonía de Afganistán. Altares, que cubrió la caída de los talibanes en 2001, describió la situación actual como un callejón sin salida tras veinte años de guerra perdida, especialmente para las mujeres: “Lo que está ocurriendo con las mujeres en Afganistán es un crimen contra la humanidad que el mundo solo puede mirar”. La vía más tangible, añadió, sería facilitar su salida y garantizar refugio y derechos en Europa, justo cuando el continente se endurece con quienes llegan.

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