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Ángels Barceló: “Muero por una noche electoral”

La líder de las mañanas radiofónicas con la SER ha pasado en la última semana de contar la guerra en Oriente Próximo desde Israel a trasladarse a Valladolid para cubrir los últimos comicios autonómicos: “La vida pasa en la calle, no en el estudio”

Àngels Barceló, retratada este martes en Madrid.Jaime Villanueva

Durante la última semana, Àngels Barceló ha pasado de contar la guerra en Oriente Próximo desde Israel a trasladarse a Valladolid para cubrir la más reciente jornada del ciclo electoral español. Si tiene que elegir entre ambas experiencias, opta por las dos. Barceló lo quiere todo. Y con más ímpetu si cabe, todo lo que pasa fuera del estudio. Barcelonesa de 62 años, lidera el podio radiofónico español en su horario de máxima audiencia al frente de las mañanas del programa Hoy por hoy que emite la cadena SER (cadena del Grupo Prisa, editor de EL PAÍS). La tercera ola del Estudio General de Medios (EGM) otorgó a finales del año pasado su mejor resultado histórico. Suma una audiencia de 3.405.000 oyentes y supera en casi 900.000 al segundo competidor, Herrera en Cope; y en 1.600.000 a Carlos Alsina, tercero en liza con su Más de uno en Onda Cero.

Barceló llegó hace dos decenios la SER para hacerse cargo del magacín del fin de semana A vivir que son dos días. Dos años y medio después, se puso al timón del tramo nocturno diario de Hora 25, que dirigió y presentó durante 11 años hasta cambiar al horario matinal en septiembre de 2019. Desde entonces, narra de lunes a viernes los primeros compases del día.

Empezó en el oficio en la veintena. Presentó informativos en Cataluña Radio, ejerció más de 10 años en la televisión pública catalana y saltó a la palestra nacional con Telecinco, donde fue una destacada figura de sus servicios informativos hasta su tránsito a la SER. Entre los premios más recientes que ha recibido están el Ondas, concedido por Prisa por sus cuatro décadas de oficio; y la Creu de Sant Jordi, que otorga la Generalitat de Cataluña, por esas mismas cuatro décadas de trabajo periodístico. Recién aparcado el micrófono hasta el día siguiente y mientras el sol inundaba las terrazas del centro de Madrid a mediodía de este martes, Barceló hizo balance sobre cómo ha llegado hasta aquí, los retos de la profesión y qué papel juegan los medios en el convulso tiempo que vivimos.

Pregunta. De un refugio antiaéreo en Israel donde contar la guerra en Oriente Próximo a Valladolid para cubrir la última jornada electoral. ¿Con cuál se queda?

Respuesta. Con las dos. Yo me quedo siempre con todo lo que pasa fuera del estudio. Yo me quedo con todo. Me gusta mucho la información internacional, aunque nunca me he dedicado a ella porque siempre he estado haciendo programas en la tele o en la radio. Pero también yo me muero por una noche electoral. Hay hitos informativos que me siguen pareciendo muy divertidos. La lotería de Navidad, por ejemplo, a mí me encanta.

P. La radio es eso, comunicar en directo y que se escuchen las sirenas del refugio antiaéreo.

R. La vida pasa en la calle, no en el estudio. En este último viaje a Israel me llamó mucho la atención el apoyo brutal que tiene Netanyahu en este tema, y que puedas convivir con las alarmas, los refugios…

P. Y mientras tanto, en Gaza la situación no ha mejorado.

R. Siguen muriendo. De frío, de hambre. Y les siguen atacando. En el mundo que vivimos, un conflicto tapa a otro. Tenemos que hacer un esfuerzo por volver a situar el foco de donde lo quitamos. La dinámica te lleva siempre a lo último.

P. ¿Cuándo intentará volver a aproximarse a esa frontera, como hizo el pasado septiembre?

R. Yo quiero entrar en Gaza. El sentimiento cuando estuvimos en septiembre fue de enorme frustración, porque vas a cubrir algo sin estar allí. Como no nos quieren prácticamente en ningún sitio se hace más complicado. Pero a la que pueda quiero entrar allí cuando Israel me deje.

P. Y en el cenagal español, ¿hasta qué punto proyectan los medios la bronca?

R. El periodismo tiene parte de responsabilidad en todo lo que pasa. Por la manera de contar las cosas, por la implicación en un asunto o en otro. No creo que los periodistas sean los únicos responsables del clima de crispación. Cuando en Hoy por hoy conectamos con la sesión de control al Gobierno lo único que hacemos es poner el micrófono y retransmitir.

P. Pero en el resto del programa sí intervienen varias voces.

R. Y mi obsesión es que sean voces de todas las ideologías, que sean capaces de exponer sin recurrir a los argumentarios políticos ni al insulto. Creo que mayoritariamente lo conseguimos.

P. Lo que sí recorre todo el espacio mediático español es una sucesión de tertulias.

R. Se ha pervertido mucho la tertulia. Yo quiero que el tertuliano me aporte algo. En mi programa creo que son analistas. Para leer argumentarios y pelear… haber convertido el análisis político y el contraste de pareceres en una guerra… Si alguna vez tuviera que hacerlo seguramente no estaría yo al frente. No me siento cómoda en eso.

Se ha pervertido mucho la tertulia. Yo quiero que el tertuliano me aporte algo"

P. Sí se ha posicionado en muchas ocasiones sobre la realidad. ¿Le ha preocupado quedar marcada políticamente?

R. Yo estoy marcada políticamente. Muchas veces, mal marcada. No me ha preocupado. Trabajo en un medio progresista, soy una mujer progresista, feminista y que pelea y denuncia las injusticias. Y una mujer que no soporta la mentira. Pero también que te marquen, en estas épocas… Te puede pasar que un día seas Sanchista, y que al día siguiente te digan que te estás derechizando demasiado. Al final me he ido de las redes sociales, mucha gente opina sin haber escuchado el programa. Siempre he tenido muy claro que tengo seis horas y 20 minutos de exposición pública. Después, intento no estar en ningún sitio.

P. ¿Esa ha sido su forma de protegerse?

R. Toda la vida. Me blindo no teniendo muchos amigos en la profesión, no hablando constantemente de esto… Un blindaje para mantener la cabeza equilibrada.

P. ¿Ha acabado hastiada del ambiente mediático?

R. De los compañeros no. Pero a la profesión le están pasando muchas cosas. Laboralmente somos un sector muy precarizado y en el que se ha despedido a mucha gente. Y se ha pervertido la profesión. A mí no me gusta que en el fútbol los comentaristas lleven las camisetas de sus equipos. No podemos ponernos las camisetas de ningún equipo, ese no es nuestro trabajo. Estamos para explicar y fiscalizar, pero no para defender. Eso es lo que nos da la credibilidad.

P. En su afán autoexigente siempre ha querido ser la primera de la clase. ¿Cuánta ansiedad le provocan los datos de audiencia del EGM?

R. Si dejara de tener esa ambición profesional no haría el trabajo igual de bien. Quiero ser la mejor todo el rato. En todo. Y siempre quiero ganar, no quiero perder ni un oyente. Pero el EGM no me genera excesiva ansiedad, quizá porque el viento sopla de cola.

P. ¿Hasta cuándo se ve en el horario de máxima audiencia de la radio?

R. De momento, hasta que decidan que no estoy. Nunca me he marcado retos. La vida me ha ido llevando y tan mal no lo habré hecho. Ahora sí que tengo claro que estoy arriba del todo. Si eres periodista y te gusta la comunicación audiovisual no puedes estar en mejor sitio que Hoy por hoy, el programa líder de la radio española. Yo, después de esto… Pues nada.

P. ¿No hay nada más que le apetezca hacer?

R. Bueno, toda la vida he querido ser [la estrella de la CNN] Christiane Amanpour…

P. Para eso tendría que volver a la tele.

R. Se puede ser Christiane Amanpour en la radio. Me encantaría ser la persona que cubre las grandes cosas. A mí me sigue gustando mucho esto, pero mientras haga un programa diario de seis horas y 20 minutos no puedo ser Christiane Amanpour. Me tendré que conformar con ser Ángels Barceló.

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