Nace un nuevo humedal de 53 hectáreas para las aves migratorias frente a Doñana
El fondo WWF se une a Ikea para crear una laguna en el Bajo Guadalquivir


Doñana ha sido un foco habitual de malas noticias el último lustro. Al inicio de 2022, la derecha andaluza aprobó una propuesta para ampliar las hectáreas de regadío junto a la reserva para minar su acuífero, con la biodiversidad en caída libre por una prolongada sequía que venía de lejos. Sin embargo, hace dos años las copiosas lluvias empezaron a darle un vuelco al estado del parque y este martes la acción del hombre ha añadido otra buena noticia: un nuevo humedal de 53 hectáreas ha nacido en el Bajo Guadalquivir para que las aves migratorias paren en su viaje hacia África.
Rodeado de arrozales, una lengua de agua como 75 campos de fútbol con hasta 80 centímetros de profundidad y seis islotes, ha brotado este año frente a Doñana. Un pequeño paraíso para el disfrute de especies como la cerceta pardilla, la focha, el martín pescador o la cigüeña negra en el margen izquierdo del río entre Utrera, Las Cabezas de San Juan y La Puebla del Río.
“El proyecto se ha alargado tres años y medio por las grandes lluvias, que han retrasado las máquinas para mover tierras, por eso usamos hasta una máquina anfibia con flotadores. Sin embargo, lo peor ha sido la burocracia y las autorizaciones”, detalla David Ciudad, técnico de WWF. El papeleo medioambiental, al afectar al dominio público marítimo y tres Ayuntamientos, ha sido arduo. La laguna no dependerá de las lluvias y si estas escasean, se abrirán las compuertas de los arrozales cercanos para poder inundarla.
El nuevo humedal es un paraje natural en Brazo del Este llamado Reboso Sur, ubicado 30 kilómetros al sur de Sevilla. Esta finca es una de los cuatro focos que ha restaurado el fondo WWF gracias a la inversión de la multinacional sueca Ikea, que ha puesto tres millones para mejorar el entorno de Doñana a través del Plan Allen. El proyecto global ha recuperado otro humedal en Aznalcázar (Sevilla), un arroyo en El Condado (Huelva) y la restauración vegetal de la zona incendiada en el corazón del parque, junto a Mazagón (Huelva).

“Desde 1900 hemos perdido el 64% de los humedales. Ahora hemos transformado topográficamente el terreno para generar islas y que las aves reposen y críen, con playas y orillas suaves. Además, la finca tiene un canal de entrada de agua para no depender de las lluvias en años con escasez hídrica”, explicaba Teresa Gil, responsable del programa de aguas de WWF y del proyecto. A pesar del día soleado y de enhorabuenas, Gil avanzaba los nubarrones que vienen: “Nos esperan periodos largos de sequía y aumentos de temperatura. De ahí el gran valor ambiental de este proyecto, que restaura la casa de muchos seres vivos”.
El director general sueco de Ikea España, Carl Aaby, resumió su satisfacción con una imagen muy gráfica: “Los pájaros que he visto esta mañana son los mismos que disfruto en mi país con mi familia. El plan Allen con 400 hectáreas restauradas en marismas y bosques de Doñana [y 10 millones invertidos en proyectos verdes en todo el país] es la manera de devolver a la sociedad española su confianza desde que llegamos hace 30 años”.
La Junta andaluza y el Ministerio para la Transición Ecológica han facilitado los permisos para la intervención en los terrenos públicos, con una concesión por 30 años. Después de un agrio enfrentamiento entre el Gobierno andaluz (PP) y el fondo WWF por la proposición parlamentaria para ampliar regadíos junto a Doñana durante más de dos años, este martes todo eran sonrisas. La consejera andaluza de Sostenibilidad y Medio Ambiente, Catalina García, agradeció a WWF su labor con repetidos elogios. “Los humedales son importantísimos, pero más aún en Andalucía, donde los efectos del cambio climático son acuciantes”, resumió.
Para la foto y frente a una treintena de periodistas y cámaras, los dirigentes políticos y los responsables de WWF e Ikea cogieron pequeños jarros para verter agua en una de las orillas. El empresario arrocero Juan Cuquerella, ensalzaba la iniciativa justo antes de la siembra en mayo. “Es fantástico porque le da mayor visibilidad a este sitio, con un cultivo más sostenible con el medio. Aquí no hay gente de mi edad”, decía resignado el joven, que junto a su padre y cinco empleados recogió el año pasado tres millones de kilos de arroz en sus 300 hectáreas junto a la nueva laguna. “Un cosechón”, subrayaba.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.


























































