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El pingüino emperador y el lobo marino antártico, en peligro de extinción por la pérdida de hielo y krill

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza eleva el riesgo al que se enfrentan estas especies que no consiguen sacar adelante a sus crías

Pingüinos emperador en la isla Rothschild. IUCN

Los problemas se agravan para el pingüino emperador (Aptenodytes forsteri), que ve como el hielo marino en el que vive en la Antártida se rompe y desaparece bajo sus pies antes de tiempo debido al aumento de las temperaturas. Y sus pollos, a los que no les ha dado tiempo a desarrollar la pluma impermeable cuando esto ocurre, mueren por hipotermia al caer al agua. La afección a la especie ―el pingüino de mayor tamaño del mundo― es tal que ha pasado de estar catalogada como “casi amenazada” a “en peligro” en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la principal organización medioambiental del mundo.

Los últimos estudios científicos del continente antártico muestran una pérdida de alrededor del 10% de su población en once años, de 2009 a 2018, lo que equivale a más de 20.000 pingüinos adultos. La UICN estima que si no se toman medidas para frenar el cambio climático, la especie se reducirá a la mitad en la década de 2080. El hielo marino ha alcanzado mínimos históricos desde 2016 y se sitúa en la Antártida en una tasa promedio de alrededor de 136.000 millones de toneladas anuales, indica la Nasa.

El futuro del lobo marino antártico (Arctocephalus gazella), reclasificado ahora por la UICN de “menor preocupación” a “en peligro”, tampoco es muy halagüeño. Entre 1995 y 2025 ha perdido más del 50% de su población, al pasar de unos 2.180.000 ejemplares a 944.000.

En su caso, el principal problema es la disminución del krill, base de su alimentación. Este pequeño crustáceo, similar a una gamba, se está desplazando a mayores profundidades huyendo del aumento de temperatura del océano y de la pérdida de hielo. La escasez de krill en el sur de Georgia ha reducido drásticamente la supervivencia de los cachorros del lobo marino en su primer año, lo que a su vez provoca un envejecimiento de la población reproductora.

También le puede estar afectando la depredación por parte de las orcas y la competencia con ballenas barbadas que están en recuperación y se alimentan del mismo krill.

Estas caídas de población corroboran las tremendas consecuencias del cambio climático en la Antártida. “Que una especie clave como el pingüino emperador baje de número es una advertencia muy importante de que algo está ocurriendo en el ecosistema antártico; es como el canario en la mina”, explica Philip Trathan, miembro del Grupo Especialista en Pingüinos de la UICN.

En la nueva evaluación, en la que han participado un grupo internacional de científicos de diferentes países, las imágenes por satélite han sido fundamentales. “No tendríamos datos a largo plazo para detectar los cambios que se producen en las colonias individuales en las que existe una gran variabilidad, muchas de las cuales no han sido visitadas nunca por su inaccesibilidad”, aclara. Todo ello a pesar de que los satélites no ven durante la noche antártica, solo cuando llega la primavera.

Para evaluar el descenso poblacional, se han tenido en cuenta tres estudios. Uno analizó 50 colonias y constató que la población circumpolar ha disminuido aproximadamente un 10%. Otros muestran caídas en el sector que incluye el mar de Weddell, donde la bajada ha sido de alrededor del 22%, y en el mar de Ross de un 23%. Lo importante es que son dos grandes ensenadas del continente antártico. Y la costa allí se extiende mucho más al sur, así que hace más frío y es un territorio más alejado del contacto humano. ”Que el declive se está produciendo incluso en esas áreas, especialmente remotas, resulta procupante y apunta a posibles descensos en otras colonias del continente”, plantea Thratan.

Sacar adelante a los pollos

Toda la vida del pingüino emperador está condicionada por su tamaño: mide más de un metro, pesa entre 40 y 50 kilos y necesita contar con las suficientes reservas de grasa para sobrevivir en el clima hostil de la Antártida. “El invierno allí significa vientos de 150 kilómetros por hora y temperaturas en la costa [donde viven estos pingüinos] de menos 30 o 40 grados”, explica Ignacio Juárez, investigador de Oxford que se califica como “pingüinólogo”.

Como todas las aves, tienen que sacar a su pollo adelante en una temporada reproductiva. “Incuban el huevo en invierno, lo más cerca posible del agua, y el pollo nace en primavera cuando hay la mayor disponibilidad de alimento” añade Juárez. Deben estar criados antes de que se rompa el hielo a mediados de verano. “Pero cada vez vemos más que el hielo se derrite literalmente bajo ellos y los pollos mueren antes de haber cambiado la pluma”, describe.

“La única amenaza realmente importante es la pérdida de hielo marino, que afecta a su reproducción, muda y alimentación”, corrobora Trathan. Y para ponerle freno es necesario trabajar más en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. “Algunos millonarios tecnológicos tienen enormes recursos ¿por qué no cambian su enfoque hacie al cambio climático y buscan soluciones energéticas renovables? Cualquier multimillonario que resuelva esto será recordado para siempre, más que Jeff [por Jeff Bezos, fundador de Amazon] u otros“, propone.

El turismo no supone, al menos todavía, un problema importante para la población global de pingüino emperador porque solo recibe visitas un número muy pequeño de colonias. En cuanto a los plásticos, el investigador comenta que aunque “están por todo el océano, todavía no hay evidencias científicas de que sean un problema para esta ave”. Y lo mismo ocurre con la gripe aviar, de la que existen brotes muy importentes en colonias de aves marinas.

Juárez indica que esta última actualización de la UICN, que se basa en unos estudios “impresionantes, que ponen blanco sobre negro una situación ya conocida”, podría acelerar la protección de áreas marinas en la Antártida. “Pero es un tema geopolítico, cualquier decisión se tiene que tomar por unanimidad entre todos los países del Tratado Antártico, y yo he participado en algunas de esas reuniones aportando datos científicos, y nunca se llega a un acuerdo”, recuerda.

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