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Timoner y Quiroga, ecologistas de derechas: “Hasta los votantes de Vox creen en el cambio climático”

Dos especialistas en finanzas reivindican en un libro que los conservadores españoles disputen a la izquierda el monopolio de la lucha contra el calentamiento

Toni Timoner y Luis Quiroga (a la derecha) posan en los Jardines de Alfabia, en Palma de Mallorca, el pasado 1 de abril. Jaime REINA

Cargan contra la izquierda y Greta Thunberg, pero a ellos también les preocupa el cambio climático. Toni Timoner (45 años, Palma de Mallorca) y Luis Quiroga (47 años, Oviedo) acaban de lanzar un libro que se titula El ecologista de derechas (ediciones Deusto), que está prologado por el expresidente José María Aznar y será presentado en Madrid el 16 de abril por la diputada del PP Cayetana Álvarez de Toledo. Los dos autores viven en Londres, Timoner trabaja como economista de escenarios en un gran banco del distrito financiero y Quiroga se dedica a invertir para distintos fondos, a menudo con operaciones vinculadas a la transición energética. Juntos crearon en 2022 el think tank ambiental Oikos y ahora plasman sus ideas en este libro en el que reivindican que la derecha de un paso al frente en la lucha contra el calentamiento del planeta. En su ecologismo de corbata, defienden el capitalismo, a la vez que advierten de que “no actuar o actuar tarde conlleva costes —económicos, sociales y morales— mayores que una transición ordenada”. La entrevista se realizó por videollamada y las fotos se tomaron durante sus vacaciones de Semana Santa en Palma de Mallorca.

Pregunta. ¿Por qué dicen que la izquierda ha usurpado el ecologismo en general y el cambio climático en particular?

Timoner. En España, en los años noventa, es un gobierno del Partido Popular el que crea el primer Ministerio de Medio Ambiente, el que crea la Oficina de Cambio Climático, el que firma los acuerdos de Kioto. Pero se da una vuelta a la tortilla y la izquierda se ha apropiado del cambio climático porque ve en ello una ventaja para ejecutar su agenda política, una agenda de intervencionismo económico y, en algunos casos, abiertamente anticapitalista. Se pueden hacer políticas climáticas desde la derecha y, de hecho, pensamos que pueden ser mejores. Es necesario que haya debate entre izquierda y derecha sobre políticas climáticas, que no sea monopolio de ninguna ideología.

P. ¿Pero si la izquierda ha ocupado ese hueco, no ha sido porque la derecha lo ha dejado vacío? Una parte de la derecha sigue siendo incluso negacionista del cambio climático.

T. Las encuestas muestran que en España hay muy poca derecha sociológica que niegue el cambio climático, hasta los votantes de Vox creen en el cambio climático antropogénico [provocado por los humanos]. La mayoría de los españoles, de izquierdas y de derechas, están de acuerdo con la evidencia científica. Lo que sí que hay es la reacción típica que ocurre en contextos de polarización, que es que si tú te apropias de un tema, yo me opongo al tema del que te has apropiado, sin hacer las necesarias disquisiciones sobre de qué estamos hablando. La derecha moderada puede liderar las políticas climáticas desde los principios más típicamente conservadores y liberales.

P. Entonces, ¿están de acuerdo en que hay que preocuparse más por el cambio climático?

Quiroga. Las consecuencias del cambio climático para España van a ser importantes, pero no apocalípticas.

T. Si nos fijamos en los escenarios más probables, en los que la temperatura supera los 2 grados y se acerca a un aumento de 3 grados, España va a experimentar unos impactos notablemente mayores que otros países europeos. Van a tener un efecto en la agricultura, en el turismo, en la disponibilidad de recursos hídricos. Se sabe también que esto va a provocar mayores fenómenos meteorológicos extremos, como ya hemos visto con la dana [de 2024] y las olas de calor.

Q. Y por eso también hay que prestar más atención a la adaptación. Reconocemos que la mitigación [reducir las emisiones] es importante, pero la adaptación [prepararse para los impactos] resulta fundamental para España. Incluso si mañana dejásemos de emitir, la inercia de lo ya emitido hace que el clima de dentro de 50 años vaya a ser diferente.

P. Defienden que la solución pasa por sustituir los combustibles fósiles. ¿La derecha no decía que esto era muy radical?

Q. No se le puede poner a la derecha el sambenito de ser fósil. Para un país como España, que no tiene combustibles fósiles, es de cajón.

P. ¿Por qué aseguran que el capitalismo no solo no es el problema, sino que forma parte de la solución?

T. El capitalismo es el que moviliza las grandes cantidades de inversión requeridas para todo lo que habrá que hacer para descarbonizar la economía global. No hay manera humana, a través de impuestos y de los gobiernos, de movilizar todo ese capital. Se deben crear las situaciones favorables para atraer inversión de capital privado. En Estados Unidos, incluso en ausencia de las políticas de Biden que ha retirado Trump, el sector privado estadounidense sigue invirtiendo en renovables, porque sigue habiendo unos incentivos económicos claros.

Q. Evidentemente, sería mejor sin Trump.

P. ¿Qué opinan de las políticas de Trump para boicotear la lucha contra el cambio climático y las renovables?

T. Trump es un populista de extrema derecha o más a la derecha de lo que sería un político conservador a la vieja usanza. La lección es que, a pesar de sus políticas, el mercado en EE UU sigue apostando por las renovables. Trump ha llegado a un punto en que está intentando retirar permisos para la instalación de parques eólicos. Resulta irónico: está pasando del prohibicionismo contra los combustibles fósiles al prohibicionismo contra las renovables.

P. ¿Por qué no están de acuerdo con las prohibiciones?

Q. Somos más partidarios de los incentivos. Además de cabrear menos al personal, permiten conseguir mejores resultados y más eficientes.

P. ¿Pero no es justamente dejando actuar solos a los mercados como se causan muchos de los problemas ambientales?

Q. No decimos que el mercado no necesite ningún tipo de intervención, pero el cambio climático también hubiera llegado con un sistema socialista, pues la Unión Soviética también tenía muchas emisiones. El cambio climático no lo causa un sistema económico, sino la tecnología.

P. También son muy críticos con el decrecimiento.

Q. Nos llama la atención el éxito que ha tenido el decrecimiento dentro de las corrientes de izquierdas, teniendo en cuenta lo indefendible que es. Creo que incluso la izquierda más moderada merece una crítica: pon orden en tu casa, pues este tipo de narrativas no ayuda, solo crea polarización social y rechazo. Del mismo modo que dentro de la derecha tenemos que poner orden en casa y abordar el negacionismo. Sería una crítica equivalente.

P. ¿En una situación de guerra como la actual, España está hoy mejor preparada frente a los vaivenes de los combustibles fósiles gracias a las renovables?

Q. Sí, por la parte eléctrica vamos bastante bien. Estamos mejor que otros países que dependen más del gas en Europa.

P. ¿Qué proponen para seguir avanzando en la descarbonización del sector eléctrico?

Q. Más almacenamiento por bombeo, alargar la vida de los nucleares —siempre y cuando sea técnicamente posible— y adaptar las redes para un mundo electrificado. Sobre lo nuclear, nos centramos en prolongar las ya existentes. Desde el punto de vista económico, no tiene nada que ver alargar la vida de una cosa que ya está hecha con tener que construirla nueva.

P. ¿Y cómo sustituirían los combustibles fósiles en el transporte?

Q. En España, la gente que está comprando vehículos eléctricos suele ser clase media-alta que tiene una casa unifamiliar y que tiene otros vehículos. Son familias del extrarradio de Madrid o Barcelona, que usan el coche eléctrico para llevar a los niños al colegio. Esto está mal planteado con las subvenciones, pues estos coches además hacen pocos kilómetros. Sin embargo, un furgonetero de Coslada que se haga 300 o 400 kilómetros al día, al cabo del año recorre 60.000 kilómetros. Si se pone ahí el foco para cambiar a furgonetas eléctricas, los números salen muy bien y se puede quitar un montón de gasolina de la circulación.

P. ¿Qué más destacarían de su transición energética?

Q. Para España, la transición energética es una oportunidad mayor que para Polonia o Alemania, porque tenemos sol y viento. La cuestión es cómo traducir esta potencialidad en oportunidad real. Hay sectores donde podríamos atraer mucha inversión en las próximas décadas y convertirnos en un polo industrial.

P. ¿Por qué critican los plazos con recortes de emisiones ambiciosos, si reconocen que retrasar la acción aumenta los costes?

T. Ya existe bastante ciencia económica y están medidos los impactos en todos los escenarios, que son hipótesis. Si no se frenan las emisiones, lo que está proyectado es que tendríamos unas pérdidas relativas de PIB de prosperidad. Cuando se compara esto con lo que sería hacer los deberes ahora, creando incentivos y asumiendo externalidades que incluso pueden tener unos efectos en la economía, lo que se ve es que compensa actuar ahora de forma gradual. Pero todo esto siempre hay que ponerlo en el contexto global, lo que hace España es una gota en el océano. El calentamiento que sufra Alicante, Baleares u Oviedo dependerá de lo que hagan China e India.

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