Los monos de Gibraltar comen tierra para purgar la comida basura que les dan los turistas
Los macacos ingieren terrones de arena para ayudar a su sistema digestivo a lidiar con los azúcares, grasas y lácteos de las chucherías humanas

En la naturaleza, los macacos de Berbería (Macaca sylvanus) tienen una dieta casi vegetariana, a base de frutas, hojas tiernas, raíces y algún que otro insecto. Pero en el peñón de Gibraltar también consumen galletas rellenas de chocolate, cucuruchos de helado, grageas de chocolate M&M’S, patatas fritas de bolsa... ¿El resultado? Un estudio publicado en Scientific Reports muestra que estos monos comen tierra para poder purgar los azúcares, grasas o la lactosa de la comida basura que les dan los turistas.
Los dos centenares de monos de Gibraltar, como también son conocidos, son alimentados por trabajadores del Gobierno gibraltareño con una dieta similar a la de las poblaciones del norte de África. Pero, aunque está prohibido darles de comer, muchos de los visitantes del peñón lo hacen con frecuencia. Según este nuevo trabajo, hasta un 20% del tiempo que dedican a comer lo hacen con lo que les dan los turistas o la comida que roban a los más incautos.
Con más de 800.000 visitantes (según datos oficiales) que llegan a Gibraltar cada año, teniendo a los monos entre sus principales atracciones, un grupo de investigadores quiso investigar cómo les afectaba esta dieta alterada por los humanos. Les sobraban los motivos de preocupación: la mayoría de estos alimentos contienen grandes cantidades de azúcares o grasas procesadas que su metabolismo no sabe trabajar. Son pobres en fibra, a la que sí están habituados. Además, los helados, batidos y similares tienen leche y esta, lactosa, un azúcar que los humanos (sobre todo los occidentales) aprendieron a metabolizar hace milenios, pero que el resto de primates olvida tras su destete.
Entre el verano de 2022 y la primavera de 2024, durante varios trabajos de campo, los científicos observaron 46 momentos en los que alguno de los monos comía un terrón. Es lo que se conoce como geofagia. Más allá de la querencia de los bebés humanos por ella, son muchas las especies que ingieren tierra. Y lo hacen por buenos motivos. En algunos casos (la hipótesis de la suplementación), para adquirir nutrientes esenciales, sobre todo minerales, ausentes en su dieta habitual. En el caso del sodio, los grandes herbívoros africanos van allí donde está la sal. Pero hay otra explicación: algunas especies usan el sustrato como purgante, tanto de tóxicos como de posibles patógenos. Sería el caso de los monos de Gibraltar.
“Aportamos pruebas del papel detox de la ingesta de tierra”, dice Sylvain Lemoine, antropólogo de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) y principal autor del estudio. “La [tesis de] suplementación no se sostiene, ya que no hay nada que indique una predisposición en ciertas etapas reproductivas (embarazo, lactancia) en las que las hembras necesitarían suplementar con minerales”, añade Lemoine. “La tierra es fácilmente accesible en el entorno y puede tener efectos que alivien los dolores de estómago causados por el consumo de alimentos humanos", completa.
Los macacos comen sobre todo tierra roja, una arcilla abundante en el peñón. Pero también los grabaron ingiriendo otros tipos de suelo. Incluso en varias ocasiones, vieron cómo distintos monos de una de las poblaciones se llevaban a la boca fragmentos de asfalto arrancados de la carretera. En una veintena de casos pudieron relacionar directamente esta conducta con la comida humana: la mayoría de estos eventos se produjeron entre unos minutos y varias horas después de ingerir un alimento procesado.
La conexión con los turistas emerge enseguida: la mayoría de los eventos registrados los protagonizaron monos de los grupos que viven en las partes altas del peñón, donde abunda la tierra roja, pero donde también abundan los turistas. Aunque grabaron casos en siete de las ocho poblaciones que existen en la roca, no lo lograron en una de ellas, aun dentro de la reserva, pero en una zona a la que no pueden llegar los visitantes.
La comparación con otros macacos de Berbería también refuerza el papel de los turistas. Al revisar la presencia de geofagia en decenas de grupos (tanto en cautividad en suelo europeo como en libertad en Marruecos y Argelia), encontraron casos solo en un tercio de ellos, con una frecuencia baja entre los cautivos y rara entre los silvestres. “Consultamos a investigadores y conservacionistas que estudian poblaciones silvestres, semilibres y en cautividad para saber si habían observado este comportamiento”, cuenta Lemoine. “Los resultados muestran que otras poblaciones rara vez u ocasionalmente consumen tierra o carbón vegetal, mientras que la de Gibraltar se distingue por sus altas tasas y su consumo casi generalizado”, detalla el antropólogo.
Hay 23 especies del género Macaca. En varias se han observado casos de geofagia. Pero solo hay dos casos en los que comen tanta tierra como los monos de Gibraltar: los macacos de Formosa (Macaca cyclopis) y los de Hong Kong (Macaca mulatta e híbridos). Los tres tienen algo en común: son una atracción tanto para lugareños como para turistas y se han acostumbrado a la comida humana. Hay un dato que puede completar la historia. La práctica de comer tierra debe ser relativamente reciente. Los monos de Gibraltar actuales descienden de ejemplares llevados desde el norte de África al peñón, y en el continente africano es muy raro este tipo de automedicación.
“La geofagia es un comportamiento que, a pesar de poder resultarnos extraño, está bastante extendido en el reino animal, siendo común en mamíferos, aves, reptiles e invertebrados”, dijo Mª Carmen Hernández, profesora ayudante del área de Zoología en la Universidad Autónoma de Madrid a SMC España. Uno de los casos más llamativos para Hernández es el de algunos guacamayos y loros, que se concentran en barrancos para consumir arcillas ricas en ciertos minerales. “En este caso, la ingesta de arcilla tiene como función el aporte de minerales esenciales como el sodio”, dice la profesora, no relacionada con el actual estudio. Pero en otros animales, como podrían ser estos macacos, la arcilla, termina Hernández, “también cumple funciones relacionadas con la regulación digestiva y la neutralización de compuestos tóxicos”.


























































