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No solo Grecia fue la cuna de la democracia: “Otras sociedades también dieron voz a la gente común”

El análisis de una treintena de sociedades de la Antigüedad encuentra herramientas de participación política muy lejos del Mediterráneo

Panorámica de la gran plaza y grandes avenidas de Teotihuacán, civilización prehispánica anterior a los aztecas.Linda Nicholas, Field Museum

La historia ha venido contando que el control sobre el poder y la participación ciudadana en los asuntos del Estado nacieron en las polis de la Grecia clásica hace más de dos milenios; y que la democracia continuó con la república de Roma hasta que se convirtió en un imperio. La arqueología cuenta ahora otra historia: el análisis de indicadores como el tamaño de las casas, la existencia de plazas abiertas a todos o cómo eran sus enterramientos en una treintena de sociedades de la antigüedad ha permitido a un grupo de investigadores crear un índice de autocracia en la antigüedad. Como detalla en Science Advances, han encontrado mecanismos democráticos en regiones de América, Europa y Asia muy alejadas del Mediterráneo.

“Se tiende a pensar que las prácticas democráticas se originaron en Grecia y Roma”, dice Gary Feinman, investigador del Centro de Investigación Integrativa Negaunee del Museo Field (Estados Unidos) y primer autor del estudio. “Pero nuestra investigación demuestra que muchas sociedades por todo el mundo desarrollaron maneras de limitar el poder de los gobernantes y dar voz a la gente común”, añade en una nota.

Los autores se quedan con el control del poder y la participación ciudadana como los elementos claves que definirían a una democracia, por encima de otros. “Las elecciones no son precisamente el mejor indicador de lo que constituye una democracia, así que, en este estudio, intentamos basarnos en ejemplos históricos de organización política humana”, cuenta Feinman. “Definimos dos dimensiones clave de la gobernanza. Una de ellas es el grado de concentración del poder en una sola persona o institución. La otra es el grado de inclusión: cuánto acceso tiene la mayoría de los ciudadanos al poder y si puede participar en algunos aspectos de la gobernanza”, completa.

Una decena de estudiosos de civilizaciones antiguas, desde los mayas o iroqueses en América, hasta Angkor y los estados del valle de Indo, pasando por las primeras ciudades mesopotámicas en Asia, han investigado la mayor o menor presencia de aquellas dos características (concentración del poder y participación ciudadana) en 31 de estas sociedades. La han buscado en sus textos escritos, pero también en una veintena de indicadores indirectos, como la planta de una ciudad, el tipo de monumentos o las prácticas funerarias.

Feinman destaca las pistas que da el urbanismo. “Cuando se encuentran áreas urbanas con amplios espacios abiertos, o cuando se observan edificios públicos con áreas extensas donde la gente puede reunirse e intercambiar información, esas sociedades tienden a ser más democráticas”, comenta. Un ejemplo recurrente sería el ágora ateniense. Pues hay ágoras en el México anterior a los aztecas, entre los iroqueses del norte del continente americano o en Mohenjo-Daro, en el valle del Indo, dos mil años anterior al periodo clásico helenístico.

En el extremo contrario estarían las pirámides de los faraones, prototipo de la autocracia: “Si se ven pirámides con un espacio minúsculo en la cima, o planes urbanísticos donde todas las calles conducen a la residencia del gobernante, o sociedades con muy poco espacio para que la gente se reúna, todos estos son indicadores de regímenes más autocráticos”, dice Feinman.

“Para Uruk, codificamos los primeros periodos en los que se estaba desarrollando la urbanización”, cuenta en un correo el arqueólogo de la Universidad de Durham (Reino Unido) y coautor del estudio, Daniel Lawrence. Uruk, en el actual Irak, emergió milenios antes que las ciudades griegas. Origen de una de las primeras formas de escritura, está en el origen de la urbanización. “Conservamos algunos escritos de este periodo, pero son principalmente administrativos y no nos aportan mucha información sobre la organización social”. Por eso se fijan en el diseño urbano. En su centro monumental destacaba una estructura piramidal, un zigurat, con acceso restringido, pero “también contaba con espacios más abiertos donde la gente podía reunirse para deliberar”, dice el arqueólogo británico.

Lawrence recuerda que “textos posteriores, como la Epopeya de Gilgamesh, mencionan una asamblea de ancianos”. En conjunto, añade, “existen evidencias tanto de prácticas autocráticas como democráticas en Mesopotamia”. Y termina: “Ciertamente, la visión ateniense de los persas autocráticos no se ajusta a estas sociedades, aunque podríamos añadir que la visión ateniense tampoco se ajusta al propio imperio persa; siempre debemos tomar con cautela los relatos escritos por un enemigo”.

En Teotihuacán, a unos 50 kilómetros de Ciudad de México, también levantaron una pirámide, la del Sol, la tercera más grande sobre la Tierra. Pero además contaba con un enorme tianguis (mercado en lengua náhuatl). “Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo dijeron que era más grande que el mercado de Granada, como el de Constantinopla”, cuenta David Carballo, arqueólogo de la Universidad de Boston (Estados Unidos) y coautor del estudio.

Carballo lleva desde 1999 excavando el lugar. Empezó con un palacio y un templo, pero después siguió con un barrio de las clases bajas y ahora está con su tianguis. “Lo que sobresale de Teotihuacán, lo que atrae a los turistas, son las pirámides”, reconoce. Contemporánea de la Roma imperial, para Carballo, “lo que destaca es la ocupación primaria; hicieron entre 2.000 y 2.300 conjuntos departamentales en los que vivió casi toda la población: entonces tuvieron que vivir de manera comunal y eso nos habla también de la estructura social”, completa el arqueólogo estadounidense, de abuelos gallegos.

El trabajo no encuentra una relación directa entre el número de la población y una menor o mayor autocracia, aunque sí una creciente burocratización. También halla una fuerte correlación entre el origen de los ingresos del Estado y su posición en su índice de autocracia Si la fuente es externa, como sería el control de recursos mineros o rutas comerciales, es más probable que esa sociedad sea autocrática. Sin embargo, si el dinero estatal procede de sus ciudadanos, vía impuestos o similares, es más probable que se trate de una democracia. Una última conexión que ven es que, en las sociedades más democráticas, tiende a haber menos desigualdad. “Marx y Engels usaron a los iroqueses como ejemplo de comunismo primitivo”, recuerda Carballo.

Frente al relato tradicional sobre el origen de la democracia, “ahora podemos observar lo que realmente sucedió en cada macrorregión, y lo que estamos descubriendo es que no existió un camino único e inevitable”, dice en un correo Feinman, el primer autor del estudio. “Los pocos estudios de caso disponibles entonces (y desde entonces) se han encajado tradicionalmente en las narrativas existentes, moldeadas por sesgos eurocéntricos. Cuando la información no encajaba, tendía a ignorarse o a considerarse insuficientemente sólida”, termina. Ahora, gracias a la arqueología, se puede reescribir el relato.

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