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Descubierto un tiranosaurio descomunal que reubica el origen de estos depredadores: “Fue el más grande de su época”

La tibia de dinosaurio pertenece a un ejemplar enorme de una especie aún indeterminada. Su tamaño y ubicación refuerza la idea de que surgieron en el sur del actual Estados Unidos

Recreación del Parasaurolophus, en el actual Nuevo México, durante el Cretácico tardío, hace 74-75 millones de años.Chase Stone

Casi un metro de pata puede decir mucho de un dinosaurio. Una tibia de 96 centímetros de largo –como una guitarra española estándar– con 12,8 de diámetro –como un plato de postre– revela que debió soportar unas cinco toneladas de peso. Su forma y estructura cuentan que perteneció a la gran familia del Tyrannosaurus rex; los tiranosáuridos. El sitio donde apareció, la formación Kirtland, en Nuevo México, Estados Unidos, confirma que hace 74 millones de años, mucho antes del primer rey tirano, ya había tiranosaurios gigantes en el sur de Norteamérica.

“Fue el más grande de su época”, destaca Lucas Spencer, investigador del Museo de Ciencias e Historia Natural de Nuevo México y uno de los autores del artículo que se publica hoy en Scientific Reports. El individuo al que pudo pertenecer la tibia de Kirtland ya pesaba lo mismo que un T.rex promedio. Era casi tan grande como el mayor tiranosaurio conocido hasta ahora, hallado en 1990 en Dakota del Sur, con más de 12 metros de largo y entre 8 y 14 toneladas. En comparación, la nueva tibia era un 16% más corta y un 22% más delgada.

Mientras en el norte del actual Estados Unidos, sus colegas mantenían formas más ligeras y gráciles, en el sur, el ecosistema ya estaba produciendo reptiles colosales. El tamaño importa, en este caso, porque hasta ahora el enfoque paleontológico dominante situaba el culmen del gigantismo de los tiranosaurios cerca de su extinción, hace unos 66 a 68 millones de años, con el célebre T. rex. Este nuevo ejemplar demuestra, sin embargo, que el tamaño descomunal ya era una realidad ocho millones de años antes.

Además, “los dinosaurios grandes suelen ser los extremos de sus líneas evolutivas, por lo que los animales de gran tamaño nos revelan información importante sobre su historia”, resalta Spencer. La enormidad era el destino inevitable de los tiranos del norte. Este hallazgo “apoya la idea de que los tiranosaurios avanzados evolucionaron hacia grandes tamaños y este espécimen sugiere que esta tendencia ocurrió en una ventana de tiempo geológicamente más antigua de lo que se había apreciado”, advierte Fiorillo, coautor del estudio y director del Museo de Historia Natural y Ciencias de Nuevo México.

El origen de la tiranía

La comunidad científica debate si los tiranosaurios se originaron en Norteamérica o en Asia, desde donde cruzaron al otro lado cuando era posible hacerlo a pie (o, mejor, a pata). Los autores de este estudio se inclinan por la primera opción. No cierran la discusión, pero con este hallazgo en mano, exigen mejores explicaciones para el sustento de la hipótesis migratoria. “Este descubrimiento demuestra que los modelos de origen asiático deben explicar ahora la existencia de este gran tiranosaurio en Nuevo México”, advierte el estudio.

“Presumiblemente, tuvo ancestros más pequeños y la evolución de un tiranosaurio tan grande llevó algún tiempo. Por lo tanto, esto podría retrasar el origen de los tiranosaurios, y la ubicación del fósil en el sur de Norteamérica podría indicar que la evolución temprana de los tiranosaurios (y su origen) tuvo lugar en el sur de Norteamérica”, asegura Spencer.

La cuna de los tiranos estuvo, para ellos, en un continente perdido: Laramidia. Una isla separada por un mar occidental interior de Appalachia, la masa insular con la que finalmente se unió para formar la actual Norteamérica.

Aquel paisaje prehistórico húmedo y barroso que pisaron esos animales magnánimos es ahora un desierto de monumentales rocas surrealistas. En ese paisaje daliniano, en 1970, Lucas Spencer, entonces estudiante, encontró el fósil que hoy publica junto a Nicholas Longrich, Sebastian Dalman y Anthony R. Fiorillo.

“Existe una buena datación por cenizas, tanto por encima como por debajo de la localización. Por lo tanto, podemos estar seguros de que el espécimen es geológicamente más antiguo que otros miembros de los Tyrannosaurini”, reafirma Fiorillo.

La tibia, una pista caliente

Lo que este fósil calla, por ahora, es su historia familiar. “Con el único hueso que tenemos, adoptamos un enfoque conservador y no nombramos una nueva especie, aunque en nuestro artículo reconocimos que si se encuentran elementos esqueléticos adicionales, este espécimen podría terminar siendo una nueva especie”, anticipa Fiorillo. Sin embargo, ya hay algo claro. “Es un pariente cercano del T.rex”, asegura Spencer.

A Fiorillo, le entusiasman las dudas. “Hemos documentado dinosaurios realmente grandes en rocas más antiguas aquí en Nuevo México. Necesitamos comprender mejor el porqué. Esa es la parte divertida de la ciencia: generar nuevas preguntas con cada nuevo descubrimiento”.

Spencer espera que eso ocurra pronto. “Debe haber más fósiles de este tiranosaurio esperando ser descubiertos”.

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