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Los preferidos de Pilar Rodríguez: “Los deportistas, en Valparaíso, con la señora Ida de 97 años al mando de los fuegos”

Una de las más destacadas cocineras chilenas, tal vez la más, no transa a la hora de exigir calidad en la comida y el servicio en cualquier local que visita

Pilar Rodríguez

Tras una carrera en el mundo de la moda que la llevó a vivir casi una década en Panamá y viajar bastante por el mundo, Pilar Rodríguez decidió que no quería seguir haciendo eso por el resto de su vida, por lo que se fue a París para cursar un MBA pero al final terminó estudiando cocina en el prestigioso Le Cordon Bleu. De vuelta en Chile se estableció en el Valle de Colchagua y en 2006 abrió su Food and Wine Studio al interior de la Viña Viu Manent (Carretera del Vino km 37, Santa Cruz). Un restaurante pequeño y exclusivo que funciona por reservas que mayoritariamente son realizadas desde el extranjero. Su propuesta es la de una cocina chilena contemporánea, que da muestra de la variedad y versatilidad de los productos presentes en el Valle de Colchagua. Todo, obviamente, maridado con vinos de excelencia. El trabajo de Pilar ha sido destacado por medios como el New York Times, que en 2024 puso a su restaurante como uno de los recomendados para vistar ese año. Por otra parte, desde 2019 es embajadora de la Organización Mundial de Turismo. Por estos días, en plena alta temporada turística en el Valle de Colchagua, comparte los datos y lugares favoritos que tiene en su zona y también en otras partes.

Pregunta. ¿Un restaurante que recomienda para ir a comer en la noche?

Respuesta. Cada vez más me gustan los lugares donde se coma rico, que tengan una cocina con buena técnica, que utilicen productos de temporada, que tengan una buena carta de vinos y al que pueda volver por ese buen plato que me gustó y el buen servicio -impecable- que recuerdo. En ese sentido, elegiría al Baco (Nueva de Lyon 113, Providencia), donde se puede volver y volver y no cansa. Además, con precios súper razonables.

P. ¿Dónde se come el mejor sándwich de Santiago?

R. Hay dos lugares que dejan la vara muy alta, porque hacer un buen sándwich es un arte. La Antigua Fuente (Avenida Alameda 58, Santiago), un clásico que no falla nunca. Puedes ir mil veces y cada vez su sabor es el mismo. Mato por su chacarero, con ají verde, obvio. Por acá más cerca de mi casa está Soler (Ruta 5 Sur km 189, Curicó). ¿Quién no para ahí cuando va pasando por Curicó para comer un lomito? Ahí mi preferido es el lomito italiano. Hay algo en esa simpleza bien ejecutada que no falla nunca.

P. ¿Un lugar que no falla a la hora de desayunar o simplemente tomar un café?

R. En Santa Cruz los desayunos a la chilena que preparan en Casa Ommi (Orlandi 105, Santa Cruz). Son una oda al sabor nacional para comenzar el día. Y siempre es bienvenida la paila de huevos en la Panificadora Santa Cruz (Rafael Casanova 169, Santa Cruz), la “Pani”, con la marra(queta) recién salida del horno y una taza de té. En Santiago el Quínoa (Luis Pasteur 5393, Vitacura) con sus huevos pochados y un té rooibos (infusión de origen sudafricano).

P. ¿El sitio ideal para una cena romántica?

R. Para mí no hay nada menos romántico que una comida mal preparada, mal servida y con una carta de vinos al debe… en ese sentido creo que -nuevamente- el Baco cumple con la trilogía de comida bien hecha, bien servida y buenos vinos. ¡Eso ayuda mucho! Aunque obviamente, nada se compara con cocinarle algo a alguien que uno ama, acompañado de un buen vino.

P. ¿Un lugar para llevar a comer a amigos extranjeros?

R. La Calma (Nueva Costanera 3832, Vitacura), de todas maneras, porque muestra la costa chilena de una forma que no necesita explicación. Un trabajo impecable que me recuerda mucho al resto donde trabajé en Paris, con un respeto profundo por el producto sin fuegos artificiales. Máximos. Y otra cocina que no necesita explicación: Los Deportistas (Colo Colo 1219, Valparaíso), sí o sí… cocina chilena sabrosa, de casa, y en un lugar icónico del puerto con la señora Ida aún al mando de los fuegos a sus 97 años, es un tesoro humano vivo.

P. ¿Algo que siempre tiene en el refrigerador de su casa?

R. Huevos y paltas, todo el año. Me baja la ansiedad si no los tengo en el refri. ¡Tremendos alimentos! También una buena mostaza a la antigua o Dijon, porque siempre arreglan un adobo o un aderezo de ensalada.

P. ¿Lo imprescindible en la cocina de su casa?

R. Dos ingredientes fundamentales: flor de sal (cristales de sal que se generan en la superficie de las salinas y que se extraen manualmente) y aceite de oliva extra virgen. De Chile, obviamente. En cuanto a utensilios, dos cuchillos: uno chico y uno grande. ¡Pero que corten! Imprescindible también un rallador tipo Microplane, porque un poquito de zeste de limón puede levantar cualquier plato, y también un buen pelador de papas que ayuda a sacar provecho de muchas cosas más allá de sólo pelar papas. Además, una buena licuadora -ojalá del tipo Thermomix- y buenas copas para el vino, algo fundamental e intransable.

P. ¿Dónde compra lo que come en casa?

R. Compro mucho en ferias locales y también directamente a productores. En Colchagua eso es un lujo que trato de aprovechar siempre. Además, se crean lazos que valoro mucho. Por otra parte, es muy bonito eso de poder medir el tiempo a través de los ingredientes, ver qué va ofreciendo el lugar donde vives y conversar sobre las temporadas.

P. ¿Algún placer culpable que confesar?

R. Papas fritas y una Burger. ¡Tengo hasta mi ranking! Las de la cadena Chicken Love You, ¡mortales! y Dipsy’s Backyard (Nueva Costanera 3122, Vitacura). Pero cuando viajo a Santiago también paro en las Streat Burger de la (estación de servicio) Copec.

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