‘Carmina Burana’ cautiva al público del Estadio Nacional en un concierto gratuito y veraniego en Santiago de Chile
Unas 35.000 personas resistieron el calor para escuchar la popular obra de Carl Orff. “La cultura no puede ser un privilegio, es parte de la democracia”, dijo Rosa Devés, rectora de la Universidad de Chile, que organizó el espectáculo

El sol aún alumbraba las graderías del Estadio Nacional de Santiago cuando la música imponente de Carmina Burana invadió al principal coliseo deportivo de la capital chilena y sedujo a las 35.000 personas que llegaron para escuchar la obra de Carl Orff. Se trató de un concierto crepuscular, completamente gratuito, con un público que resistió el calor de una tarde de verano y que fue protagonizado por la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile y el Coro Sinfónico Universidad de Chile: más de 150 músicos sobre el escenario dando vida a esa conocida composición.
Los asistentes comenzaron a llegar al estadio cuando el sol aún estaba alto y los termómetros marcaban 34 grados a la sombra. Fue un espectáculo organizado por la Universidad de Chile y la productora Bizarro. Las entradas para el concierto se pusieron a disposición del público para ser descargadas desde la web el pasado 8 de enero, pero el interés superó las expectativas, ya que se agotaron en menos de dos horas. “La cultura no puede ser un privilegio. La cultura es parte de la democracia. En ese sentido esta invitación gratuita es también simbólica”, dijo la rectora de la Universidad de Chile, Rosa Devés, antes de que sonara la música.

La Orquesta Sinfónica Nacional de Chile estuvo dirigida por el maestro invitado Carlos Vieu mientras que el Coro Sinfónico Universidad de Chile fue comandado por Juan Pablo Villarroel. También destacaron las voces solistas de la soprano Tabita Martínez, el contratenor Moisés Mendoza y el barítono Pablo Oyanedel.
El escenario escogido para presentar Carmina Burana, está cargado de simbolismo e historia. El Estadio Nacional ha sido sede de grandes eventos deportivos como la final del Mundial de 1962, donde Brasil derrotó a Checoslovaquia, y en 2015 fue el lugar donde Chile ganó su primera Copa América ante la Argentina de Lionel Messi. Pero también fue un campo de detención, tortura y muerte luego del golpe de Estado de 1973 liderado por Augusto Pinochet. Así, el estadio funcionó casi dos meses como prisión por la que pasaron entre 20.000 y 30.000 personas.
Carmina Burana es la obra sinfónico-coral más importante del siglo XX, de las más populares y una de las más programadas en todos los escenarios del mundo. Está basada en una serie de cantos medievales llamados “canciones de Beuern” —de ahí el nombre en latín de la obra— encontrados en 1803 en Baviera, en lo que es hoy Alemania. Escritos por monjes jóvenes y empobrecidos, hablan sobre el amor, los placeres terrenales, la vida religiosa y la vida social. Así se refieren de manera sarcástica e irreverente a las autoridades civiles y de la Iglesia, y a las clases sociales, y celebran los goces de las tabernas, la bebida y la lujuria. Esos poemas fueron musicalizados por el compositor alemán Carl Orff (1895-1982) entre 1935 y 1936, y la obra fue estrenada en Frankfurt en junio de 1937.









“Es una obra muy rica rítmicamente. (…) Es una obra llena de timbres diferentes con un ritmo muy fácil de seguir y eso hace que la gente sienta la obra en carne propia. Por eso es tan masiva”, explicó el director del coro Juan Pablo Villarroel. Precisamente eso sintieron algunos asistentes. “Me pareció lindísimo, me llegó al alma, porque nunca lo había escuchado completo”, dijo a EL PAÍS, Gina Zamorano, de 85 años. “Nunca había venido a un espectáculo de esta magnitud, de música clásica. Si había venido al estadio a recitales de otro tipo de música. Este me dejó sin palabras”, afirmó Joaquín Chaparro (22) estudiante de gastronomía.
El concierto masivo y gratuito de la tarde del sábado en el Estadio Nacional de Santiago tiene un antecedente, también por una convocatoria de la Universidad de Chile. El 22 de diciembre de 2024 el principal coliseo deportivo santiaguino también se llenó de música con la interpretación de la Novena Sinfonía, conocida como Coral, de Ludwig van Beethoven. En esa ocasión la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile fue dirigida por quien era su director titular, el venezolano Rodolfo Saglimbeni. Sin embargo, falleció en junio pasado a los 62 años, razón por la cual el concierto del sábado fue dedicado a su memoria.
El espectáculo del sábado no estuvo restringido al Estadio Nacional, ya que fue transmitido en directo por el canal estatal TVN, por el canal UChile TV y por la Radio Universidad de Chile.
En el tramo final del concierto y cuando sonaban nuevamente las notas conocidas de “O Fortuna” dos queltehues hicieron acto de presencia. El par de aves pasó volando sobre el estadio y sobre el escenario, y se sumaron a los compases de la obra con sus característicos gritos, lo que dibujó sonrisas en buena parte de los músicos.
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