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Entre la piedra y el fuego

“Esta llama permanecerá encendida mientras exista una violencia organizada contra este pueblo”. Esa frase todavía figura junto al pebetero que ayer se apagó en Arkaute. Tras el cese definitivo de ETA, el Gobierno vasco decidió apagarlo casi dos décadas después de su encendido y sustituirlo por un monolito que recordase a los hombres y mujeres de la Ertzaintza y de las policias locales que fueron víctimas del terrorismo “por defender la democracia y la libertad”.

También ayer se inauguró este nuevo monumento, con un significativo respaldo de la sociedad vasca, sobre todo político. Ajenos a las polémicas del día a día, responsables del PNV, el PSE, el PP, Aralar, EA y EB quisieron arropar al lehendakari, Patxi López, en el descubrimiento. Junto a ellos, el actual consejero de Interior, Rodolfo Ares, y sus predecesores en el cargo.

Hasta Arkaute se desplazaron, igualmente, víctimas del terrorismo, los máximos responsables de la judicatura vasca y la presidenta del Parlamento, Arantza Quiroga, entre otros, además de ertzainas de la primera promoción y representantes sindicales.

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