Luc Delahaye: una realidad entre el documento y la ficción
Una exposición recorre dos décadas de la trayectoria del artista francés, en las que su obra aborda el estado del mundo. Sus imágenes combinan registro y construcción para reflexionar sobre la forma en que percibimos lo real y cómo se representan los conflictos y la vida contemporánea


Jenin Refugee Camp es una imagen panorámica de gran formato realizada en el campo de refugiados de Cisjordania por Luc Delahaye (Tours, Francia, 1962). Los restos de la destrucción, en primer plano y en la sombra, se imponen al espectador. Detrás y bañados por la luz, se encontrarán los testigos, figuras lo suficientemente lejanas como para que uno pueda advertir sus gestos. Sobre ellos, el cielo, como un remanso de paz surcado por las nubes. La violencia, la vida cotidiana y la calma conviven en la toma, remitiendo a la fotografía no solo cómo un registro de lo que ocurre, sino como un espacio donde conviven múltiples niveles de realidad, emociones y significados, donde nuestra interpretación depende tanto de lo que vemos como de lo que ya sabemos.











La imagen forma parte de la exposición The Echo of the World, presentada en Photo Élysée en colaboración con el Jeu de Paume, que recorre la trayectoria del artista francés de 2001 a 2025. En ella reverbera un ruido que, lejos de susurrar, se convierte en un auténtico grito, prolongado en el tiempo, donde muchos de los conflictos representados siguen sin resolverse. A través de sus imponentes composiciones fotográficas, en un contexto marcado por la saturación de imágenes y la creciente incertidumbre sobre los límites de lo real, Delahaye confronta al espectador con la tragedia del mundo. Haití, Iraq, Libia, Ucrania, o las conferencias de la OPEP, aparecen en sus imágenes, ya sea a partir de registros directos, de escenas escenificadas, o de composiciones digitales reconfiguradas. En su conjunto, estas obras reflexionan sobre un mundo marcado por la inestabilidad y examinan, desde una distancia crítica, las estructuras que aspiran a imponer orden al caos.
“Ver es estar presente: un acto deliberado”, afirma el fotógrafo, quien en los noventa se convirtió en una de las grandes referencias del reporterismo de guerra, obtuvo dos veces la Robert Capa Golden Medal, además del Prix Niépce y tres premios World Press Photo. Tras permanecer diez años como miembro de la agencia Magnum, en 2004, abandonó la cooperativa con el fin de explorar otros caminos menos vinculados a la actualidad inmediata y más orientados a una temporalidad más larga y reflexiva. Si a los 20 años se consideraba fotógrafo de guerra, a los 39 años se definía como un artista. “No se trató de un rechazo a la fotografía de prensa”, asegura Quentin Bajac, comisario de la muestra, “sino más bien de la búsqueda de un nuevo tipo de público a través de un nuevo formato y quizás de la voluntad de hacer otro tipo de imágenes sin seguir las pautas del fotoperiodismo”.

Así, la fotografía de guerra de este autor autodidacta, caracterizada por una documentación cruda y directa de los acontecimientos desde una peligrosa proximidad, fue incorporando progresivamente un distanciamiento intelectual que cuestionaba su propia presencia. En 2001 da un paso más allá al adoptar la cámara panorámica, con la que introduce una distancia que sitúa al espectador no dentro de la escena, sino frente a ella, como testigo de la historia. Se da también aquí el propósito de reconciliar la instantaneidad de las imágenes documentales con los grandes formatos, en cierto modo, una mezcla de pintura histórica y fotoperiodismo. “A Delahaye, a veces, se le ha observado casi como un cierto tipo de nuevo pintor histórico”, apuntaba el comisario durante una entrevista en la cadena de televisión France 24, “algo que no es del todo acertado, ya que ese término se ha quedado un tanto pasado de moda y considero que su obra es muy viva y actual”.
Las obras de gran formato permiten al espectador establecer vínculos desde diferentes posiciones o capas. Están hechas para verlas colgadas en la pared, grandes, coloridas y enmarcadas. Podrían recordar a la obra de Andreas Gursky, pero su contenido incomoda al espectador. El autor las describe como un intento de restaurar la autonomía de la imagen: todos los elementos están organizados para que la imagen funcione como un conjunto coherente, con sentido propio, donde no hay lugar a dudas y se muestra lo que ves, al tiempo que se permite trascender su naturaleza fotográfica.

El fotógrafo va de un lugar a otro sin un destino fijo, movido por la necesidad de entender el mundo sin imponerse demasiado en lo que observa. Al principio trabaja en zonas de guerra, pero poco a poco empieza a fotografiar situaciones más comunes: pueblos, ciudades, oficinas o instituciones. Con el tiempo, se planteó introducir elementos propios de la ficción, construcciones o decisiones que no son puramente “un registro neutral”. Así, Father and Daughter es la primera fotografía que escenifica. Ocurre en Jharkhand, una región de la India de intensa minería de carbón, donde un trabajador de la mina es recibido por su hija de vuelta del trabajo.
“Está claro que no fotografío realmente el mundo tal como es, sino o bien como no debería ser —la dureza— o bien como debería ser: el ser humano devuelto a la historia, un destino incierto, pero aún una posibilidad de fraternidad”, asegura el artista.
132nd Ordinary Meeting of the Conference está compuesta por 19 imágenes realizadas in situ por el fotógrafo, unidas de forma digital. “Fragmentos de la realidad” o “momentos de la experiencia”, tal y como él los describe, que adquieren para él valor de documentos fotográficos. De ahí que la imagen trate de transmitir el tumulto experimentado por Delahaye en el lugar. De igual forma, Trading Floor es una composición digital realizada a partir de imágenes tomadas en la Bolsa de Metales de Londres, en la que unos operadores se enzarzan en un enfrentamiento verbal. El fotógrafo hará uso de los rostros de estos operadores para componer las caras de los soldados sirios que aparecen en Soldiers of the Syrian Army, Aleppo, November 2012. Establece así una metáfora visual que equipara la tensión del mercado con la del conflicto bélico, sugiriendo una continuidad entre la violencia militar y la económica.
En Taxi, una joven con un niño en sus brazos evoca una pietà mientras comparte coche con dos pasajeros de los cuales no vemos el rostro. Fue realizada en Palestina, como también lo fue Sümud, donde un joven intenta hacer retroceder a un burro. Ambas imágenes aluden a la resistencia del pueblo palestino y ofrecen una representación tan poética como anclada a la realidad.

“A menudo hay cierto grado de lirismo en mis imágenes”, reconoce el artista. “Se mantiene contenido y sobrio, pero las impregna y parece surgir en el momento en que aparecen personas, especialmente cuando están implicadas en una acción con una dimensión trágica. Es una cualidad que ha desaparecido de las sociedades avanzadas, donde quedamos reducidos al gesto individual utilitario y, en última instancia, absurdo. Eso me da, probablemente, otra razón para ir a esos lugares de dificultad”.
Las fotografías de Luc Delahaye no fijan una posición clara: ni del todo documento, ni del todo ficción, ni completamente distantes. Permanecen en ese lugar ambiguo donde la historia aparece fragmentada, recompuesta, y en cierta medida puesta en duda. Tal vez, ahí reside su fuerza: no en mostrar el mundo, sino en evidenciar hasta qué punto cualquier intento de hacerlo implica ya una forma de intervenirlo.
The Echo of the World. Luc Delahaye. Photo Élysée. Lausana. Suiza. Hasta el 31 de mayo de 2026.
Luc Delahaye: Catalogue Raisonné 2001-2025. Publicado conjuntamente por Jeu de Paume, Photo Élysée, y Steidl. 256 páginas. 55 euros.


























































