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Gaudí en Barcelona: cinco edificios para redescubrir a un genio

Recorremos el centro de la capital catalana con el biógrafo Gijs Van Hensbergen para conocer las claves de la obra del “arquitecto más famoso del mundo”

05:37
Cinco edificios de Barcelona para descubrir a Gaudí
La Sagrada Familia, en Barcelona. Foto: James Strachan (GETTY)

“Un hombre humilde y obsesionado. Católico puro y duro. Vivía por y para el arte. Pero no el arte por el arte sino el arte por la religión. Creo que cada vez se fue identificando más con San Francisco”. Así responde Gijs Van Hensbergen al preguntarle por los rasgos más destacados de la personalidad de Antoni Gaudí (1852-1926).

Este año se cumple el centenario del trágico fallecimiento de “uno de los creadores más singulares de la historia de la arquitectura mundial”, “el arquitecto más famoso del mundo”. Coincidiendo con esta efeméride, durante su visita a España León XIV inaugurará la Torre de Jesús donde a finales del pasado mes febrero se colocó el brazo superior de una gigantesca cruz. Entre los muchos libros del Año Gaudí se reedita la biografía clásica de Van Hensbergen, traducida a más de 10 lenguas (incluidos el español y el catalán). Viene acompañada por un nuevo capítulo inicial: un estado de la cuestión del conocimiento de la vida y la obra de Gaudí.

Sentado en el asiento delantero de un taxi, circulando por el Eixample o regateando a los turistas frente a la Sagrada Familia, el hispanista desgrana su madurada visión sobre un personaje del que apenas se conserva documentación personal y que a lo largo de la tarde no duda en calificar repetidas veces de genio. “Un genio como Picasso, con los problemas de un genio”. ¿Sabía Gaudí que era un genio? “Cuando todo el mundo se reía de Gaudí y dibujaban La Pedrera como si fuera un zoo, él seguía con su idea porque tenía una gran autoconfianza y el don del trabajo”. Lo consiguió. “Cual Leonardo del siglo XX, Gaudí es la apoteosis del artista como inventor”.

Una de las principales virtudes de esta biografía, al describir la etapa de formación de su protagonista, es conectar a Gaudí con importantes arquitectos y pensadores internacionales o mostrar el impacto que tuvo en su generación la llegada de la fotografía para descubrir edificios de todo el mundo. Más allá de sus edificios míticos, una aportación fundamental de este estudio es mostrarnos la importancia de la conexión con la familia Güell o el poeta Jacint Verdaguer o enfatizar el enorme volumen de trabajo -muebles, planos, proyectos- que hizo en su estudio y con sus colaboradores. En realidad, tras describir la etapa de infancia y juventud en Reus y Riudoms y como estudiante en Barcelona, el núcleo del libro es la precisa descripción de cada uno de sus edificios, como si estuviéramos leyendo una guía culta para visitantes experimentados.

El profesor e historiador del arte Van Hensbergen, que también es autor de una monografía sobre el Guernica y la Sagrada Familia, necesitó diez años para escribir esta biografía de Gaudí, esperando a tenerla acabada para leer el clásico de Robert Hugues y así no dejarse influir. Los dos primeros años los pasó paseando por Barcelona, poniendo en orden los edificios en la ciudad y en la historia. Acabo por entender que debía pensarse a Gaudí en la cultura del catalanismo de su época, como decorador y como ingeniero, para ver cuál era el espíritu escondido tras el disfraz de sus formas.

Un cuarto de siglo después de su primera edición, Gijs Van Hensbergen vuelve a Barcelona para encontrarse con Babelia y proponer un recorrido por cinco edificios de Gaudí para conocer la evolución del arquitecto. Los contemplamos a través de sus investigaciones y sus análisis simbólicos y arquitectónicos.

Casa Vicens

“Un monumento al exotismo”. A los treinta años Antoni Gaudí presentó los planos a la oficina municipal de Gracia -un pueblo aún no anexionado a Barcelona- para construir una villa. Era el año 1883 y el encargo se lo hizo un fabricante de azulejos: Manuel Vicens i Montaner. Al visitar por primera vez el solar, el arquitecto se fijó en una palmera rodeada de flores. Allí iban los pájaros a cazar insectos. Es una estampa que le sirvió de inspiración. “El exterior muestra un vivo y multicolor orientalismo. En sus muros se entrelazan hileras de ladrillo con una franja de azulejos con las caléndulas africanas que Gaudí encontrara allí”. Es un edificio excepcional en su trayectoria, una actualización del estilo mudéjar: “sería la primera y última vez que Gaudi produciría un edificio que no estuviera firmemente enraizado ya fuera en la fe católica, ya en el mito catalán”. La casa actual es en parte una versión mutilada de la original.

Casa Calvet

La Casa Calvet está en la calle Casp 48 y es uno de los edificios de Gaudí menos conocidos de Barcelona. En el otoño de 1897 Juliana Pintó y su hijo Pere Màrtir Calvet visitaron a Gaudi para hacerle un encargo: la construcción de las oficinas centrales de su negocio textil más un edificio donde residiría aquella familia burguesa y dispondrían de pisos para alquilar. El 29 de marzo de 1898 el arquitecto ya había dibujado los planos. Ganó el concurso anual que organizaba el Ayuntamiento y premiaba el mejor edificio del año Es “un testimonio de la sensibilidad de Gaudí ante los deseos de su cliente”, en palabras de Gijs Van Hensbergen. Su arquitectura teológica partía de lo que entendía como Gran Libro de la Naturaleza: si la naturaleza era perfecta lo era en la medida que Dios era su creador. Y, en este caso, las verjas de los balcones mostraban una afición de Pere Calvet: “se trata de un catálogo de setas comestibles”. La antigua puerta de la oficina hoy da paso a un restaurante chino que conserva la estructura de las oficinas en el pasillo y también algunas vidrieras. La puerta para acceder a las viviendas está decorada con un picaporte con simbolismo. “El visitante así una aldaba en forma de cruz que golpeaba contra un chinche de hierro forjado”: la tradición dice que simbolizaba la batalla entre la católica Cataluña y la parásita Castilla, tópico del movimiento nacionalista del que Gaudí formaba parte.

Casa Batlló

Josep Batlló era un representante de la burguesía textil barcelonesa. La casa en la que vivía en el Passeig de Gràcia estaba pasando de moda. La acera en la que estaba se iba convirtiendo en una lección magistral de arquitectura y artesanía catalana: la conocida como Manzana de la Discordia. En 1901 Batlló pidió permiso para derruir su antigua casa. En 1904 presentó un proyecto al Ayuntamiento que causaba impresión: lo había diseñado Gaudí. A principios de 1906 la casa estaba completada. “Se salta las normas y deja que la piel del edificio se ondule hacia afuera y forme rítmicas oleadas marinas. El ornamento está en todas partes”. El añorado historiador local Lluís Permanyer defendía que la fachada era un homenaje a Sant Jordi: los balcones calavera eran víctimas del dragón, la cruz de la torre del tejado representaba la lanza de Sant Jordi, las tejas que se parecen a las escamas de un pez sugerirían la muerte del dragón. Esta pugna también se interpretó en clave nacionalista. En sus primeros años, antes de convertirse en el imán de turistas y entradas caras, fue popularmente conocida como la Casa de los Huesos. “Por vez primera, un edificio de Gaudí nos proporciona una forma de autobiografía arquitectónica”.

Casa Milà

Un dandi en los días del modernismo. Pere Milà era político y empresario, promotor inmobiliario y editor del periódico El Día Gráfico. En 1903 se casó con una viuda rica: Roser Segimon. Ella compró un solar en la esquina del Passeig de Gràcia con la calle Provença. En 1905 Gaudí solicitaba al Ayuntamiento autorización para derruir la casa y despejar el emplazamiento para los cimientos. Gaudí paseaba por aquella calle en la que ya tenía otros tres proyectos con su firma: la Casa Batlló, una farmacia y el interior de un café. Al cabo de pocos meses Gaudí ya presentaba los primeros planos de la Casa Milà. Por sus dimensiones sería un edificio único, pero lo más innovador era el hinchado cuerpo de la fachada: “se cernía amenazadora sobre la vía pública”. Era como una montaña. Se conocería como La Pedrera. También los pisos de la casa serían distintos a los habituales. “La rectangularidad había sido reemplazada por un diseño muy orgánico que semejaba un grupo holgado de burbujas, cada una de las cuales significaba una habitación, pero adosada al azar”. A finales de la primavera de 1909 se retiraron las vallas y los ciudadanos descubrieron aquel edificio tan polémico. “Transmitía una sensación primitiva y burda”, sí, y, a la vez, propietario y arquitecto habían logrado su objetivo: “tanto Gaudí como Milà querían que el edificio fuera un lujoso escaparate”. Fue blanco de los ataques de la juventud intelectual catalanista, pero, al mismo tiempo, Gaudí se había convertido ya en una leyenda.

Sagrada Família

“Si ves a Opisso”, le escribió por carta en 1900 Pablo Picasso a un amigo, “dile que mande al infierno a Gaudí y a la Sagrada Familia”. Por entonces ya habían transcurrido algunos años de la vinculación de aquel arquitecto católico y nacionalista con aquel templo impulsado originalmente por la Asociación Espiritual de Devotos de San José. Un año y medio después de la colocación de la primera piedra, en el extrarradio del barrio del Eixample, un joven Gaudí aceptó el encargo de rehacer el proyecto de su predecesor y desde 1884 sería el arquitecto oficial de un templo expiatorio concebido como la catedral de los pobres. En algún momento pudo imaginar que la misa para celebrar la conclusión del templo podía celebrarse antes de final del siglo XIX, pero “la ambición de Gaudí sobrepasaba con creces lo posible dentro de los términos de su vida”. Desde 1918 solo tendría aquel proyecto, al que se dedicaba a mayor gloria de Dios. “Para principios de 1920, la jornada de Gaudí consistía en una rutina inalterable: misa matutina, trabajo en la Sagrada Família, confesión y vuelta a meterse en la cama”. Por entonces el edificio ya era lugar de peregrinación. Su creador, como tributo al Creador, lo concebía como un espacio de intermediación entre el cielo y la tierra. “Gaudí hizo lo que Goya y El Greco antes que él: ilustrar de forma precisa la realidad plástica del mundo espiritual”. Hoy es el monumento más visitado de España.

Antoni Gaudí. Una biografía

Gijs van Hensbergen
Traducción de Patricia Antón
Taurus, 2026
376 páginas, 23,90 euros

Antoni Gaudí. Una biografia

Gijs van Hensbergen
Traducción de Anna Vergés
La Campana, 2026
408 páginas, 23,90 euros

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