‘Era todo el mismo hueco’: seis cuentos superlativos de Eider Rodríguez
Solo la autora vasca puede inspeccionar la grieta de quienes creemos sentirnos a salvo en un primer mundo agonizante


Qué suerte tenemos de que nuestra realidad haya colapsado en espacio y tiempo con la de Eider Rodríguez. Lo bueno de tener un nuevo libro de la autora vasca es que ante nosotros se despliega el privilegio de adentrarnos en los universos que imagina. Algo hace crac cuando volvemos a la mejor forense de las grietas —corporales, espaciales, sentimentales— que todos ocultamos para seguir como si aquí no pasara nada. Ese espejo al que nos enfrenta, uno que jamás cuestionará nuestra mugre escondida, también nos convierte en seres más perspicaces, despiertos y afilados: personas más listas. Leerla es como si alguien llegara y nos limpiara bruscamente las gafas. Ese gesto supuestamente cariñoso no buscará aliviarnos, sino revelar una verdad tan nítida como cruda. ¿Lo malo de este libro? Solo hay seis relatos, y se acaban.
Tras la excelente novela de no ficción Material de construcción (Random House, 2023), donde reconstituyó su vínculo con un padre alcohólico, la autora regresa a las ficciones cortas con Era todo el mismo hueco, la antología que escribió originalmente en euskera y que ahora traduce Ander Izaguirre en Random House. En Canícula, un cuento sobre finales anestésicos e inicios en los que el deseo y el fuego se encienden en un cuerpo nuevamente enamorado, Rodríguez retoma los personajes de Ixabel e Iñaki del relato que puso nombre a su anterior libro en ese formato, Un corazón demasiado grande. “No tengo ningún principio, lo único que tengo son nervios”, piensa esta protagonista que abre el camino a otras ficciones definidas por la extrañeza frente a nuestra corporalidad, los reflejos sentimentales e identitarios que construimos en las fronteras o quiénes somos en las tierras de nadie. No es casualidad que la autora resida en Hendaya, un umbral entre dos mundos. Esa capacidad de entenderse ni de aquí ni de allí le ha otorgado una visión perifèrica y certera.
En este libro hay novias que cavan agujeros en su jardín hasta ennegrecerse las uñas sin, aparentemente, saber por qué; amigas enraizadas en casa efímeras porque “les bastaba mirarse la una a la otra para crear un circuito cerrado desde el que dominar el mundo”; mujeres que comprenden que se olvidaron de sí mismas en paraísos remotos o extrañas en casas tan ajenas como perfectas, espacios que nunca serán un hogar. La asfixia y la alienación femenina, droga dura en su escritura, regresa aquí en su mejor versión. Solo Rodríguez puede asomarse a la fisura de quienes creemos sentirnos erróneamente a salvo en un primer mundo agonizante. Solo ella puede narrarla sin condescendencia ni indulgencia. Aquí la belleza de los otros produce desconfianza y sentimientos de violencia, aunque el amor sincero y compartido asoma como un rayo esperanzador en un último relato que nos dejára el corazón como indica su título, como El cráter. Cantaba Leonard Cohen que “hay una grieta en todo, así es como entra la luz”. Qué suerte tenemos de que sea Rodríguez quien la escriba.

Era todo el mismo hueco
Traducción de Ander Izaguirre
Random House, 2026
148 páginas
17,95 euros

Dena zulo bera zen
Susa, 2025 (en euskera)
196 páginas. 18,05 euros

Tot era el mateix forat
Traducción de Pau Joan Hernàndez
Periscopi, 2026 (en catalán)
176 páginas. 19,50 euros
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