‘Paseos con Robert Walser’, los últimos 20 años del escritor suizo
El libro de Carl Seelig retrata una amistad entre dos personajes extraordinarios forjada a base de silenciosas caminatas por el campo y pequeñas revelaciones


Áyax —su perro— estaba enfermo, y Carl Seelig decidió por esa razón cancelar su excursión de ese día con Robert Walser; era el 25 de diciembre de 1956, y, al atardecer, Seelig recibió una llamada informándolo de que su amigo había muerto ese mediodía mientras hacía el paseo prometido, solo. Carl Seelig —escritor y reseñista, pero sobre todo mecenas— había comenzado a visitar a Walser en 1936 tras “unas pocas y sobrias cartas”. Walser había publicado su último libro en 1925 y no escribía desde 1933; desde 1929 vivía en un hospital psiquiátrico, adonde había llegado porque escuchaba voces.
No hay ninguna explicación de por qué Seelig se interesó por Walser, más allá —por supuesto— de su singularísima obra: El ayudante, Los cuadernos de Fritz Kocher, Los hermanos Tanner, El bandido, la extraordinaria Jakob von Gunten. De los sentimientos de su protagonista hacia Seelig —inevitablemente— sabemos incluso menos después de leer este Paseos con Robert Walser, que regresa por fin a las librerías españolas. Walser solía cerrarse en banda, podía ser brutalmente hosco y —por lo general— no tenía ninguna intención de hablar de sus libros, que no quería siquiera que le mencionasen; rechazaba cualquier tipo de ayuda, durante la guerra estuvo seis meses sin responder las cartas de su amigo y se negó a visitar a su hermana en el lecho de muerte. (“Su sentido de la familia roza casi con lo enfermizo, con lo inmaduro”, dijo a modo de justificación). Pese a ello, cada domingo esperaba a Seelig en Herisau para una excursión al lago de Constanza o a cualquier otro sitio. Uno supone que era este último quien pagaba los desayunos y los espléndidos almuerzos y las cervezas y los vinos con los que se premiaban durante sus paseos, los que a menudo los llevaban a recorrer extensiones desconcertantes, monomaniacas. (Sólo el recorrido de Walser por Herisau dura tres horas, según la página web del Ayuntamiento local).
Uno también imagina que Walser —que tenía 58 años cuando conoció a Seelig y 78 cuando murió— vio en el visitante una simple excusa para salir del sanatorio. “El silencio fue la estrecha senda por la que fuimos al encuentro el uno del otro”, escribió Seelig. Sin embargo, es posible que Seelig haya sido el único amigo que tuvo Walser en su vida, y los Paseos son la historia de cómo transcurrió esa amistad entre dos personas extraordinarias. También es el testimonio más importante que tenemos de las opiniones y el carácter de uno de los escritores germanohablantes más importantes y singulares de la primera mitad del siglo XX, admirado por Franz Kafka y por muchos otros.
Walser, sobre el fracaso de sus libros: “Tenía muy poco instinto social (…) viví mi propia vida (…). Nunca me lo perdonaron”
Walser terminó contándole a Seelig cómo y por qué escribió sus libros, por qué fracasaron —“Tenía muy poco instinto social (…) viví mi propia vida (…). Nunca me lo perdonaron”— y cuál era la razón por la que decidió dejarlos atrás: “El genio es incómodo; y el pueblo ama la comodidad”, afirmó. Dotado de una memoria extraordinaria y dueño de opiniones contundentes, casi todas desconcertantes —su entusiasmo por autores ya por completo olvidados como Heinrich Zschokke, Theodor Storm y E. Marlitt y su convencimiento en enero de 1937 de que el Gobierno español alcanzaría “la victoria final” porque “quien no posee las ciudades no posee el corazón del pueblo” son tan sorprendentes como la lucidez con la que anticipó el final del nazismo pero se preguntó, al final de la guerra, “cómo devolverán a su jaula a la bestia llamada capitalismo”—, Walser fue también, según Seelig, el amigo que le estrechaba la mano “varias veces” y en una ocasión caminó “siguiendo a mi tren” hasta que dobló la curva, el que se conmovía al contemplar la nieve y estudiar las nubes y en una ocasión le dijo: “No somos más que una chapuza comparados con la naturaleza”.

Paseos con Robert Walser
Traducción de Carlos Fortea
Epílogo de Elio Fröhlich
Siruela, 2026
212 páginas. 19,95 euros
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































