Cuando la política irrumpe en la gramática
La “visibilidad” de las mujeres deja de constituir un objetivo si se habla de lacayos, privilegiados y ricos


Volvió a suceder. Una persona que en sus declaraciones públicas suele duplicar sustantivos, adjetivos y pronombres cuando pronuncia términos positivos o neutrales –aunque a veces desista o se despiste porque cuesta mantener la concentración– deja de hacerlo cuando toca expresar una carga negativa. Rita Maestre, portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de la capital, escribió en X el 4 de febrero: “Nos roban la ciudad y se ríen. Vamos a plantar cara a esta minoría de privilegiados y lacayos de los ricos”.
La “visibilidad” de las mujeres deja de constituir un objetivo cuando se trata de lacayos, privilegiados y ricos; o cuando han de pronunciarse genéricos como “los millonarios inflacionistas”, “los intereses de grandes inversores”, “los especuladores”, “los empresarios”, “los banqueros”.
En las distintas declaraciones públicas de la concejala Rita Maestre, con cuyas posiciones de fondo suelo concordar, conviven estas frases…:
“Feliz Año Nuevo chino a todos y todas las vecinas chinas que han hecho de Madrid su casa”. “Lo que oyes en el chat de madres y padres, en las calles, en el metro”. “Orgullo madrileño de vecinas y vecinos organizados frente a los fondos buitres”. “Los madrileños y madrileñas tienen derecho a saber qué hacen asesores municipales del alcalde en la Universidad Complutense”.
…Con estas otras:
“Buitres y poderosos nos están robando Madrid”. “La única respuesta al poder de los poderosos que gobiernan en Madrid es el poder de la gente organizada”. “Vamos a pelear para ponerle freno a la especulación, el turismo de lujo y los millonarios que compran nuestra ciudad a trozos”. “15.000 pisos turísticos ilegales en Madrid. 1.289 denuncias. Solo 92 sancionados”. “Las facilidades son para los millonarios (...), para los famosos; para la gente normal todo son facturas, burocracias y listas de espera”.
Si diéramos por válido que las mujeres no se hallan representadas en los genéricos (por lo que hace falta esa duplicación que convierte los genéricos en masculinos), resultaría que no existen ricas, ni poderosas, ni corruptas, ni criminalas (en analogía con “concejalas”). Ni banqueras, aunque conozcamos a financieras como Ana Botín (Santander), María Dolores Dancausa (Bankinter) o Christine Lagarde (Banco Central Europeo). Ni empresarias como Marta Ortega (Inditex), Cristina Álvarez Guil (El Corte Inglés), Belén Garijo (de la farmacéutica francesa Sanofi, y antes de la alemana Merck)…
Sí tiene sentido que quienes doblan los sustantivos, los adjetivos o los pronombres expresen en masculino (y no en genérico) “los agresores sexuales”, por ejemplo, puesto que las agresoras son estadísticamente insignificantes. Pero quien considera que el genérico excluye a las mujeres debería duplicar también, salvo manipulación en su mensaje: “los banqueros y las banqueras”, “los ricos y las ricas”, “los corruptos las corruptas”…; que existen.
A cada rato leemos en las nuevas leyes la expresión “las personas trabajadoras”, a fin de evitar el genérico “los trabajadores”, pero no se menciona jamás a “las personas empresarias” porque no se ve problema en el genérico “los empresarios”. Observamos aquí por tanto uno de los efectos que se producen cuando la política irrumpe en la gramática: que la bienintencionada sinrazón de no discriminar mediante el uso de los genéricos acaba derivando en una discriminación mediante el uso de los genéricos.
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