Magalí Etchebarne: “Suelo desconfiar de la gente que no trabaja”
Se reedita ‘Los mejores días’, el primer libro de relatos de la escritora argentina

Magalí Etchebarne (Buenos Aires, 1983) es editora y autora del libro de relatos La vida por delante, ganador del Premio Ribera del Duero de 2024. Ahora recupera su primer título, Los mejores días (Páginas de Espuma).
Se reedita Los mejores días. ¿Qué cambiaría si lo volviera a escribir hoy? Los cuentos de Los mejores días son cuentos que escribí entre mis 20 y mis 30 años, más o menos, así que todo lo que está ahí no podría repetirlo ni “mejorarlo”. Cambiar algo sería cambiarme a mí, y esa versión de mí es la que me trajo hasta acá. De ese libro me gustan, sobre todo, sus partes más imperfectas. Lo escribí muy cargada de sentimientos, aprendiendo cosas, amando por primera vez. Todo eso vive en los cuentos y me gusta ese latido.
¿Qué puede contar un cuento que no quepa en una novela? Creo que un cuento puede contar lo mismo que una novela, pero en una conversación breve, breve y muy intensa, como un buen chisme que alguien te cuenta al pasar por la calle o tomando un café. La lectura de un cuento no lleva semanas, no es como la novela que incluso puede acompañarte una temporada, se lee en unos minutos. A pesar de eso, consigue quedar resonando en el lector por mucho tiempo.
¿Quiénes son sus tres cuentistas de cabecera? Borges, Silvina Ocampo, Claire Keegan. En Borges todo está hecho de forma perfecta. Silvina Ocampo escribía desde un lugar incómodo, raro, feroz. A Claire Keegan la descubrí hace poco más de una década y me marcó profundamente su precisión, el tratamiento de los espacios y el uso del clima como un personaje más.
¿Qué libro la convirtió en lectora? Los primeros libros que leí de muy chica, todos los cuentos de Elsa Bornemann, una escritora argentina que escribía terror para niños. No volví a leerla, sin embargo, hay cuentos suyos que todavía recuerdo y que todavía me dan miedo. Como uno de un chico que vuelve de la escuela, toca la puerta de su casa y cuando su madre abre lo mira como a un desconocido y le pregunta qué necesita. Él le dice mamá soy yo, pero la madre, creyendo que se trata de alguien que está mal de la cabeza, cierra la puerta. El chico va de un lado a otro, pero nadie lo reconoce. Nunca más nadie lo vuelve a reconocer. La idea es sencilla pero perturbadora.
¿Y en escritora? No hubo uno solo, creo que fueron las lecturas de la adolescencia las que más me imprimieron el deseo de querer hacer lo mismo, escribir. Me acuerdo de estar muy tomada por Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato, los cuentos de Cortázar, la poesía de Alejandra Pizarnik. Aunque creo que todo lo que sigo leyendo me va convirtiendo en una escritora diferente.
¿A qué hora del día prefiere escribir? ¿Y en qué lugar? Se convirtió en el horario que prefiero porque no puedo hacerlo en otro, a la noche, en la mesa que tengo en el medio del living de mi casa. Con mi perra al lado y casi siempre una taza de té.
¿Cuál es la mejor crítica que ha recibido? Una reseña de una crítica argentina que admiro mucho, que escribió que en mis cuentos hay una fascinación por lo escurridizo para acercarse a los grandes temas.
¿Y la peor? En la primera reseña que apareció en Argentina de Los mejores días, cuando lo publiqué en 2017, un señor escribió que los libros escritos por mujeres, con contratapas escritas por mujeres y editados por mujeres estaban de moda. Una se ilusiona pensando que quedan pocos rancios, pero crecen por todas partes, siempre vuelven a aparecer.
¿Qué libro tiene ahora mismo en su mesilla de noche? Tengo varios, más que varios, ¡una pila!, algunos ya leídos y otros que esperan su turno. Los que estoy leyendo ahora son dos, Mi padre y yo, de Ackerley, y Habitaciones, de Emma Barrandéguy.
¿Uno que no lograra terminar? La Regenta. Estaba en el programa de Literatura Española en la universidad. Me esforcé, pero nunca pude llegar al final, lo dejé en mi biblioteca a la vista para ver si algún día me animo.
¿Qué canción usaría como autorretrato? No como autorretrato, pero me gusta mucho la versión de Superstar, de Sonic Youth, y si tuviera que ser la protagonista de un video quisiera que fuera con alguna canción de Pixies.
¿La película que más veces ha visto? Titanic, por insistencia de los canales de televisión los sábados de mi adolescencia y Perfume de mujer con mi madre, también muchas veces por insistencia de la programación.
¿Un estreno reciente que le encantara? Past Lives de Celine Song, aunque mi película favorita de los últimos años es Toni Erdmann, de Maren Ade.
¿Cuál fue la última serie que vio del tirón? No veo muchas series, pero hace un tiempo vi The White Lotus toda entera bastante rápido. Los espacios de veraneo me parecen escenarios espectaculares para la ficción, porque todo está ahí de forma concentrada, lo peor y lo mejor de cada uno. En esta serie, además, se suman los matices de clases. Mi favorito es el personaje de Jennifer Coolidge, esa señora hiper traumada, dolorida, narcisista y miserable, que no sabemos si es que es así de egoísta por lo traumada que está o todo es una excusa.
¿En qué museo se quedaría a vivir? Un día pasé muchas horas en museo de Orsay, en París. Encontré obras que me emocionan mucho. Vi La cama de Toulouse-Lautrec, que me gusta mucho más que En la cama: el beso, porque es una intimidad más tierna. Perfectamente podría haber sido la portada de Los mejores días.
¿Tiene algún placer culpable en materia cultural? Supongo que ver series de crímenes sin resolver y películas de terror con guiones lamentables. Pero no creo en los placeres culpables, sería juzgarlo desde el esnobismo y trato de protegerme de ese virus.
¿Qué trabajo no aceptaría jamás? Tuve que aceptar trabajos en mi vida que habría preferido no hacer. Por eso creo que el peor de todos es ser asistente personal de cualquier persona que nunca trabajó, ya sea un millonario, una millonaria, algún artista. Y aunque casi todos los trabajos se terminan pareciendo a eso, recomiendo siempre ganarse la vida de alguna manera, suelo desconfiar de la gente que no trabaja.
¿Cuál es su acontecimiento histórico favorito? El voto femenino. Un derecho que, en mi país, es ley desde 1947. Es decir, hace tan solo 79 años. 79 años.
¿Qué está socialmente sobrevalorado? La velocidad, el éxito, la expansión, la visibilidad.
De no haberse dedicado a la escritura, le habría gustado ser… Bailarina, sin dudas. A veces sueño que todavía lo consigo. Y ensayo: en el living de mi casa, a veces ensayo. Es un poco vergonzoso, pero me hace feliz. Me habría gustado mucho poder decir cosas con el cuerpo, ser flexible, saber nadar en la música.
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