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Vinicius de Moraes, la vida es el arte del encuentro

El MAR de Río acoge una gran muestra sobre el músico, figura de influencia transversal entre la alta cultura y la cultura popular cuyos versos están grabados en la memoria de Brasil

No se puede descartar que en un futuro el mundo estudie y recuerde las décadas prodigiosas de la modernidad brasileña, entre la década de los treinta y el golpe militar de 1964, como una especie de Quattrocento tropical: como en Florencia, Venecia, Ferrara o Roma en el siglo XV, se dio allí una conjunción única y casi milagrosa de condiciones políticas, históricas y culturales que desembocaron en un momento de brillantez creativa deslumbrante en todas las artes, impulsada por una o dos generaciones de creadores geniales: de Niemeyer a Lygia Clarke, de Clarice Lispector a Tom Jobim, de Gal Costa y Maria Bethânia a Chico Buarque, Caetano Veloso o Gilberto Gil.

Fue el Brasil optimista y socialista que creyó poder dejar atrás la pesada herencia del colonialismo, la oligarquía imperial y el esclavismo y construyó su nueva identidad apoyándose en una fusión única de lo erudito y lo popular, y que encontró en políticos como Getúlio Vargas o Juscelino Kubitschek el apoyo político y la voluntad modernizadora. El que codificó el samba y lo llevó de los morros y favelas a la memoria compartida, musical y afectiva unificadora de un país vastísimo y dispar, que luego exportó la bossa nova al mundo entero y asombró con la modernidad rabiosa, lúdica y lisérgica del Tropicalismo. El que construyó Brasilia y encontró en su burguesía urbana e ilustrada el mecenazgo para construir por todo el país una de las variantes más gozosas y optimistas de la arquitectura del Movimiento Moderno. El que mostró al mundo las formas novedosas de un arte contemporáneo apegado a la calle, a las tradiciones de las escuelas de samba y a la sensualidad de las obras manipulables, bailables y catárticas de Hélio Oiticica y los Neoconcretos.

En esa especie de Risorgimento cultural ejemplar para lo que luego llamaríamos el Sur Global, emancipador y afirmativo, Vinicius de Moraes sería una figura verdaderamente parecida a los polígrafos multifacéticos del Renacimiento: poeta popular y culto, compositor y letrista de algunos de los himnos que el Brasil entero adoptó instantáneamente como propios, dramaturgo, dibujante, cantor maravillosamente desafinado, diplomático que no dudó en repudiar el golpe y la dictadura militar renunciando a su carrera, el poetinha (como todos cariñosamente lo conocen en Brasil) carioca vivió mil vidas, se casó siete veces, y es una figura cuya influencia y alcance transversal, sin distingos ni remilgos entre la alta cultura y la cultura popular (“não separo a poesia que está nos livros da que está nas canções”, acostumbraba a decir) nos resulta difícil de concebir de este lado del Atlántico: hay que imaginarse una mezcla de Neruda y de Borges, de Dylan y de Rafael Alberti, cuyos versos tararea aún todos los días todo un país que los lleva grabados en su memoria afectiva y sirven de santo y seña para los enamorados del Brasil esparcidos por el mundo.

El MAR de Río acoge ahora una magna muestra sobre su figura, que viene de São Paulo y de Porto Alegre y que ojalá viajase hasta España, para remediar un poco esa especie de ceguera selectiva que nuestro país tiene en lo que hace al Brasil, el gran elefante en la habitación de nuestras relaciones culturales y afectivas con América Latina.

Los comisarios Eucanaã Ferraz y Helena Severo arman su relato de forma visual y lúdica, y cuentan con la gran ventaja de que Vinicius mantuvo siempre vínculos muy estrechos con las artes visuales. Las artes plásticas y visuales desempeñan un papel fundamental en la exposición, reafirmando la interacción de Vinicius con grandes nombres de su generación. La exposición reúne obras de Portinari, Guignard, Pancetti, Santa Rosa, Cícero Dias, Dorival Caymmi, Carybé y Carlos Scliar, artistas que fueron amigos cercanos del poeta y con quienes mantuvo intercambios intelectuales y afectivos a lo largo de su vida. Llama la atención la elegancia enigmática del Retrato de Vinicius de Moraes (1938), de Candido Portinari, que se muestra por primera vez al público carioca. Arman así un recorrido luminoso con más de 300 piezas, entre manuscritos, fotografías históricas, vídeos, libros raros, portadas de discos, objetos y documentos personales, instrumentos musicales, esculturas y obras de arte de artistas amigos de Vinicius. La idea es organizar un recorrido emocional y estético por la vida y obra del artista a partir de sus principales ejes creativos: música, poesía, teatro, artes visuales y las ciudades que marcaron su trayectoria.

Su alcance resulta difícil de concebir de este lado del Atlántico: es una mezcla de Neruda y Borges, Dylan y Alberti

Emociona particularmente el espacio dedicado a Orfeu da Conceição (1956), pieza teatral que inauguró la colaboración de Vinicius con Tom Jobim y que luego adaptó al cine Marcel Camus, con canciones legendarias como A felicidade o Manhá de Carnaval (ganó el Oscar a mejor película extranjera). La sección presenta bocetos originales de vestuario de Lila Bôscoli y Carlos Scliar, carteles promocionales de Djanira, Scliar y Luiz Ventura, fotografías de José Medeiros que documentan los ensayos de la producción y un dibujo en altorrelieve de Oscar Niemeyer para la escenografía del espectáculo, que se estrenó en el Teatro Municipal de Río de Janeiro.

A los más fetichistas les dará morbo ver algunos de los instrumentos que tocó Vinicius, su legendaria guitarra y el piano que usó en colaboraciones míticas como la serie Os Afro-Sambas (1966), con Baden Powell y con Tom Jobim: en sus teclas sonaron por primera vez grandes himnos de la bossa nova como la Garota de Ipanema, Corcovado o Chega de Saudade, que cantó Elizeth Cardoso y luego versionó de forma inolvidable João Gilberto.

Vinícius fue un personaje bigger than life, irrepetible, y algo de su aliento llega ahora en las salas del MAR, en este reencuentro con el público de la ciudad que tanto amó y de la que sus composiciones son emblema, himno y resumen para el mundo entero. Por algo lo decía él mismo: “La vida es el arte del encuentro, aunque haya tanto desencuentro en esta vida. A vida é pra valer”.

Vinicius de Moraes - por toda a minha vida’. MAR, Río de Janeiro. Hasta el 3 de febrero.

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Sobre la firma

Javier Montes
Novelista y ensayista. Entre sus libros recientes están 'La radio puesta' (Anagrama, 2024), 'Luz del Fuego' (Anagrama, 2020) y 'El misterioso caso del asesinato del arte moderno' (Wunderkammer, 2020). En 2022 publicó la recopilación de sus textos sobre arte contemporáneo 'Visto y no visto' (Machado Libros). Ganador del Premio Anagrama de Ensayo.
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