Ir al contenido
_
_
_
_

Jero Romero: escribir la mejor canción pop posible

Desde la independencia y a contracorriente de la industria musical, el cantante y compositor, exlíder de The Sunday Drivers, publica ‘Mi vida en partes muy pequeñas’ al tiempo que protagoniza una exitosa residencia musical en el Teatro del Barrio de Madrid

Jero Romero (Toledo, 51 años) atraviesa la plaza madrileña del Dos de Mayo, camino del bar citado en Malasaña, a paso lento, con las manos en los bolsillos, rodeado de cierto aire contemplativo. Es como si anduviese fijándose en esos detalles insignificantes que, en el fondo, guardan un universo dentro. Esos mismos detalles que revolotean en sus composiciones como pájaros libres que juegan a buscar en su vuelo un sentido a todo un sentimiento, a una emoción lo suficientemente importante como para obsesionarse con ella hasta convertirla en canción. “Para mí, las canciones son actos completamente de ensimismamiento y muy solitarios”, confiesa ya sentado en el bar.

Asentado en su carrera en solitario, dejando ya bastante atrás los años con The Sunday Drivers, Romero ha publicado un nuevo trabajo que bien enlaza con su gusto por los pequeños detalles, es decir, por todas aquellas cosas que demuestran que no siempre hay que ir “a por algo más grande”. El título de este trabajo es Mi vida en partes muy pequeñas, un EP de cuatro canciones que, aparte de una deliciosa obra de orfebrería pop como Cabeza de león (2011) o Miracaloso (2022), es una declaración de intenciones: “Hay una filosofía de no necesitar crecer. Esa cosa de que un disco parece que tiene que llevarte a algo mayor, igual que un concierto o una gira. Esa ambición no está en mi carácter”. Por tanto, los detalles, como las partes pequeñas de la vida, son los que marcan el ritmo de un músico que evita tener presiones propias del funcionamiento de la industria: “Mi manera de ver la vida está muy fuera de ese modo de trabajar en las discográficas”.

Para conseguirlo, tomó una decisión importante: desde 2015 tiene otro trabajo al margen de la música como ux writer, una especie de profesional de la escritura que crea los textos de la interfaz de productos digitales. “Que la música esté en el centro de todo en mi vida siempre ha puesto una presión que no me ha ayudado a disfrutar de ella”, asegura. “Por eso, tomé la decisión de no estar siempre activo y produciendo como hice durante 15 años. Ahora, siempre edito cuando tengo canciones. A veces, tardo siete años y otras solo uno”, explica. “En mi cabeza, siempre que publico una colección de canciones tienen sentido juntas. Si solo son dos, pues hubiesen salido dos. Si son nueve, pues nueve. Ahora, tenía cuatro y tienen una filosofía vital detrás. Nunca me ha preocupado lo que va a pasar después de parar. Lo hago porque lo necesito. Aparte, nunca he tenido la sensación de tener algo que perder por parar”. Y sentencia: “Tampoco trabajo con ningún plan ni estrategia”.

Con su característico tono íntimo, tan íntimo que brilla como si los secretos fueran tesoros a guardar y no chismes con los que traficar, Jero Romero habla despacio y con un discurso lúcido, directo y sencillo, sin formalidades de estilo promocional. Apenas concede entrevistas porque tampoco es algo a lo que ve sentido si no tiene un espacio de conversación real y pausado. En ese mismo tono, viene defendiendo sobre el escenario Mi vida en partes muy pequeñas con el resto de su cancionero durante su residencia artística en el Teatro del Barrio de Madrid, en el corazón de Lavapiés. Acompañado solo de sus guitarras, el músico lleva meses tocando de forma fija en la sala madrileña, como siempre fue habitual en los músicos de jazz de clubs. “Esta experiencia me ha hecho salir muy reforzado por el oficio de hacer canciones y compartirlas”, dice un músico que no le gusta el actual circuito de festivales. Gracias a la gran acogida del público, espera seguir haciéndolo hasta abril de 2026 al tiempo que gira por otras ciudades como Sevilla, (16 de enero en Cartuja Center), Valencia (14 de febrero en Jerusalem) y Zaragoza (20 de febrero en Rock & Blues Café).

“Siempre me ha parecido paradójico que todo el mundo quiera hacer lo mismo para destacar. Es un oxímoron. Sacas un disco, haces gira, sigues inflando el disco y así intentas acabar en el Movistar Arena. Todo el mundo corre la misma carrera. Yo estoy en las antípodas de eso. Mi carrera está en otra frecuencia, pero, si tuviese que jugar a eso, no lo haría porque yo ahora me conformo con cosas que tengo mucho más a mano, y que, a mi modo de ver, se mueven en una escala más decente. A mí me han dicho: ‘Si sumas todas las residencias que estás haciendo en Lavapiés, harías dos Rivieras’. Y yo pienso que eso no es lo que yo quiero hacer. No sería lo mismo. Es otro concepto. En una Riviera no puedes vivir lo que yo vivo en el Teatro del Barrio, aunque gane mucho menos dinero con esta decisión, pero me lo puedo permitir porque tengo otro trabajo. En mi jerarquía está por encima de todo el concepto artístico”.

Dentro de una de esas veladas en el Teatro del Barrio, Romero, quien supo al frente de The Sunday Drivers lo que era girar por Europa y alcanzar aforos de miles de personas —“reconozco que nunca estuve preparado para meter 50.000 personas en un concierto en Francia”, confiesa—, consigue crear una comunión muy armónica con los espectadores. Al más puro estilo de Bruce Springsteen en su residencia en Broadway, deja pinceladas de su vida, de su modo de componer y explica de dónde vienen algunas canciones mientras se toma su tiempo para afinar las guitarras o, a oscuras y sin barras de bar ni móviles, siente al público respirar en la misma onda que él. “Con los años estoy descubriendo que la canción es lo realmente importante. Es lo que me obsesiona y me atrapa”, cuenta.

En las canciones de Jero Romero, los detalles, sus detalles, son a veces pájaros en llamas y otras simplemente bellas aves posadas en alambres. Y, de una manera u otra, viven siempre dentro de un espíritu pop donde la canción, como estructura clásica, al más puro estilo de compositores que admira como John Lennon o Elliott Smith, se abre camino. “Nunca voy a dejar de componer. Me encanta escribir. El proceso me fascina y me divierte. Las crisis de mi vida con la música son más con ponerme en movimiento y promocionarme, no con intentar escribir la mejor canción pop posible”. Y sentencia: “Por eso, hoy por hoy, estoy muy feliz porque estoy en el sitio que tengo que estar”.

‘Mi vida en partes muy pequeñas’ 

Jero Romero 
Autopublicado

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Fernando Navarro
Redactor cultural especializado en música. Pertenece a El País Semanal y es autor de La Ruta Norteamericana. Crítico musical en Cadena Ser. Pasó por Efe, Abc, Ruta 66, Efe Eme y Rolling Stone. Ha escrito los libros 'Acordes Rotos', 'Martha', 'Maneras de vivir', 'Todo lo que importa sucede en las canciones' y 'Algo que sirva como luz'. Es de Madrid.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_