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La punta de la lengua
Columna
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House tour of the Moncloa Palace

Quizá Sánchez buscó acercarse a los jóvenes, pero ellos también habrían entendido un término como “visita”

El presidente Pedro Sánchez exaltó el pasado 9 de diciembre la validez del español como puente de entendimiento, en un discurso pronunciado durante la reunión del Patronato del Instituto Cervantes. No había pasado ni un mes de eso cuando nos invitó a todos a un house tour por el palacio de la Moncloa.

Sánchez es el primer presidente en ejercicio de la actual democracia que habla un buen inglés; pero a veces no se esfuerza por hablar un buen español. Su lenguaje suele mostrar los politiquismos habituales, es decir, esas expresiones que se contagian unos diputados a otros y que luego copian los periodistas, quienes las suman a sus periodistismos. Por ejemplo, falsas esdrújulas como “réstitución de los derechos”, “la lidaridad de los españoles”…; el aparente galicismo “a día de hoy” (suele bastar con decir “hoy”); pleonasmos (redundancias de significado) como “el 45% del total de los españoles”, “crear nuevos empleos”…; discordancias gramaticales (“se tardaron más de 10 años en recuperar los niveles de empleo”, en vez de “se tardó”; “me gustaría decirle a nuestros conciudadanos”…, con ese le inmovilizado que desafina cada día en la política y en los periódicos); o la supresión del artículo necesario en construcciones partitivas como “he dado al Falcon el mismo uso que el resto de [los] presidentes”. No es así como habla la mayoría de los españoles.

Se trata, cierto, de deslices orales. No los imaginamos en políticos cultos de otras épocas como Niceto Alcalá Zamora, Manuel Azaña o Manuel Fraga, pero todos podemos incurrir en ellos. Ahora bien, una cosa es el desatino ocasional y otra repetirlo con frecuencia. También le hemos anotado a Sánchez algunas desatenciones por escrito, como en la meditada carta que dirigió a la ciudadanía y difundió el pasado 24 de abril tras sus famosas cinco fechas de retiro espiritual. En ella, conforme reseñamos entonces, incluyó un pleonasmo, una incoherencia sintáctica y al menos cinco comas innecesarias.

Hace unos años, en 2021, Sánchez nos anunció una inversión pública en un hub audiovisual (“cubo”, “centro”, “eje”, “nudo”, “nodo”…). Ahora nos ha obsequiado desde las redes con la expresión house tour (literalmente, “recorrido por la casa”). Aquí, imagino, pretendía emplear un lenguaje más jovial, más de TikTok, pero a la vez mencionó a un personaje que quizá no forma parte del juvenil imaginario de hoy: Isabel Preysler (y en alusión, supongo, a la famosa mansión, con 13 cuartos de baño, que compartía con el socialista Miguel Boyer y que nos mostró en la revista ¡Hola! en 1992. Aunque ella no hablara de house tour).

Pero digo yo que los jóvenes también habrían entendido el término “visita”, que a su vez no habría rechinado ni a las generaciones precedentes ni a quienes esperan de un presidente del Gobierno cierto gusto por usar un español esmerado.

Dice Sánchez al empezar el vídeo: “Hoy os voy a hacer un pequeño house tour por el palacio de la Moncloa, en plan Isabel Preysler”. Y así como el anglicismo innecesario habrá molestado a algunos de sus votantes, nadie habría criticado que expresase en mejor español: “Hoy os invito a una breve visita por el palacio de la Moncloa”. Se dice lo mismo, y en estilo más cuidado, con dos palabras menos.

Isabel Díaz Ayuso había despreciado días antes a Sánchez adjudicándole el término inglés loser (perdedor, fracasado). Sería gracioso que los líderes políticos empezaran ahora a discutir entre ellos en inglés. Pero en ese caso ni Díaz Ayuso ni Núñez Feijóo tendrían la lengua tan suelta.

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Sobre la firma

Álex Grijelmo
Doctor en Periodismo, y PADE (dirección de empresas) por el IESE. Estuvo vinculado a los equipos directivos de EL PAÍS y Prisa desde 1983 hasta 2022, excepto cuando presidió Efe (2004-2012), etapa en la que creó la Fundéu. Ha publicado una docena de libros sobre lenguaje y comunicación. En 2019 recibió el premio Castilla y León de Humanidades
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