El caso $Libra y el viaje de Adorni: dos golpes al relato moral del Milei
La sospecha de que el presidente argentino cobró por apoyar una criptomoneda y la vida de lujos de su jefe de Gabinete resquebrajan el discurso anti casta del Gobierno


“Fue un torpedo a la línea de flotación”, dice el hombre, que los conoce desde la génesis del proyecto. Trabajó para los hermanos Javier y Karina Milei. Los entrenó. Les afinó el discurso. Viajó con ellos. Comió con ellos. Y todavía orbita dentro del universo libertario. El hombre apunta al caso $LIBRA y a la tormenta que provocó y protagoniza el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. “Esto -insiste- es un piedrazo en la cristalería del relato que quiere imponer el Gobierno”.
Milei venía bien o, al menos, tranquilo. Tras ganar las elecciones legislativas de medio término en octubre pasado, había logrado recobrar la iniciativa política e imponerle al Congreso su agenda legislativa. Así logró aprobar una reforma laboral y un nuevo régimen penal juvenil que rebaja la edad de imputabilidad a 14 años. Y en ese clima se ilusionó con liderar una gran semana en Nueva York, con el evento “Argentina Week” para seducir inversores.
Pero se complicó, por errores propios.
Se complicó porque tras meses de dormir el sueño de los justos (o de los impunes), como dice el analista político Claudio Jacquelin, la investigación del “caso $Libra” registró un punto de inflexión y, acaso, de quiebre. ¿Qué pasó? Que las querellas lograron acceder al material que peritos informáticos oficiales lograron recuperar de los teléfonos y otros dispositivos electrónicos de algunos de los acusados. Ese peritaje forense resquebrajó la muralla de silencio que protegía a la Casa Rosada.
Recordemos lo esencial: la investigación criminal conocida como el “caso $Libra” intenta dilucidar si Milei, su hermana Karina u otros funcionarios participaron o fueron víctimas de una maniobra delictiva que provocó pérdidas por más de 100 millones de dólares a los inversores. Ocurrió la noche de San Valentín de 2025, cuando el presidente posteó en su cuenta oficial de la red social X sobre ese criptoactivo, alentó a comprarlo y en las horas que siguieron todo terminó en un estropicio.
Transcurridos trece meses desde aquella noche escandalosa, Milei siempre negó vínculos con los protagonistas visibles del lanzamiento y colapso de $Libra, planteando que actuó de buena fe y que terminó envuelto en un escándalo por no haberse “interiorizado” de los detalles como debería haberlo hecho.
Sabemos ahora que la versión oficial cruje. El material informático evidencia que el Presidente cruzó mensajes y llamados con algunos de los acusados, como el lobista argentino Mauricio Novelli. Según fuentes que frecuentan la Quinta de Olivos, Novelli le acercó la propuesta a Milei bajo la premisa de que su nombre era un “activo personalísimo” que podía monetizar sin vulnerar el Decreto 41/99 de Ética Pública. Novelli habría negociado —según reconstrucciones surgidas de la investigación— el pago de hasta 5 millones de dólares a cambio del apoyo explícito del jefe de Estado a la operatoria.
La Justicia, cabe aclarar, todavía no verificó si parte de esos 5 millones de dólares que desembolsó otro de los acusados, el estadounidense Hayden Davis, llegó a los bolsillos de los Milei. Pero sea que eso se verifique o no, el escándalo golpeó al presidente, que quedó bajo la sospecha del cobro de dádivas y de las negociaciones incompatibles con la función pública, entre otras figuras penales posibles.
Ese frente judicial todavía abierto se vio agravado por un segundo escándalo, de menor gravedad legal pero de mayor impacto en la opinión pública, que golpeó el discurso fundacional del gobierno. ¿Cuál? La aparición de fotos y videos del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, volando en aviones privados al exclusivo balneario uruguayo de Punta del Este y disfrutando de Manhattan con su esposa, a costa del Estado.
Para un gobierno que se presenta como impoluto, lo novedoso de las formas se evaporó ante la evidencia de los privilegios. La vida de lujos del jefe de Gabinete se asemejó demasiado a las prácticas de la “casta” política que Milei vino a repudiar pero que, por lo visto, emula con llamativa naturalidad.
“Hoy, dado el descrédito del Poder Judicial, para la sociedad argentina es más importante la cuestión ética que la cuestión legal”, dice el hombre que los conoce como pocos. “Lo de Adorni, más que lo de $Libra, es un piedrazo a la cristalería del relato que el Gobierno quiere imponer entre morales e inmorales, entre ellos y la casta”.
En la política contemporánea, se sabe, y en especial en la Argentina, las crisis de legitimidad de los gobiernos no siempre nacen de lo que es delito, sino de lo que resulta moralmente intolerable para la opinión pública. Y el hombre, que es un convencido de la derecha, lo sintetiza con otras palabras. “Lo de $Libra es ilegal; lo de Adorni, inmoral”, dice. “Y la diatriba contra la casta no se define por lo ilegal, sino por lo inmoral”.
No fue una buena semana para los hermanos Milei. Por primera vez, la mácula de la corrupción alcanzó el corazón de su esquema de poder. Otra vez perdieron la iniciativa política y el control de la agenda pública. Y de la mano de Adorni quedó expuesta la fractura en el pilar central del discurso libertario: el León debe explicar ahora por qué sus propios funcionarios practican los mismos vicios que prometió erradicar.
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