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En colaboración conCAF

Pescadores y científicos ecuatorianos se unen para blindar la Reserva Marina Hermandad

Esta área protegida conecta las islas de Galápagos y Cocos a través de una de las rutas migratorias más importantes del mundo para tiburones, mantarrayas, tortugas y ballenas

Ejemplares de ballenas piloto, en abril de 2026.Sofía Green

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Durante 23 días, la embarcación llamada Yualka, un bote de pesca de 18 metros de largo, transportó a pescadores artesanales de la cooperativa Coopespromar y a científicos de tiburones de la Galapagos Science Center (GSC). El recorrido fue de aproximadamente 1.900 kilómetros dentro de la Reserva Marina Hermandad, iniciando en la isla Isabela hacia el oeste y luego en línea recta hacia Costa Rica, para realizar el monitoreo de especies migratorias como tiburones, mantarrayas, tortugas y ballenas. “Nos sorprendió ver especies endémicas de Galápagos como lobos marinos fuera de la Reserva Marina Galápagos. También un grupo de ballenas piloto nos acompañó en la primera mitad del viaje”, cuenta Alex Hearn, investigador de tiburones de GSC y cofundador de Migramar.

A bordo, cada integrante tenía un rol definido y las actividades estaban cuidadosamente planificadas. Muy temprano por la mañana, el equipo de pescadores desplegaba líneas de 400 metros, similares a las utilizadas para pescar, pero en este caso equipadas cada 200 metros con una carnada y una cámara BRUVS, una técnica poco invasiva que permite monitorear las especies y el fondo marino. Al atardecer, recogían los equipos, observaban las grabaciones y luego se reunían tanto científicos como pescadores para salir nuevamente al mar y marcar tiburones. El marcaje de tiburones consiste en colocar etiquetas generalmente en la aleta, lo que permite rastrear las rutas y datos vitales, esenciales para gestionar áreas protegidas ante amenazas como la pesca industrial.

Manuel Yépez, pescador de la cooperativa Coopespromar, valora mucho que hayan tenido en cuenta la opinión de los pescadores en esta misión para blindar esta área protegida tan importante para Ecuador. “En esta expedición pudimos marcar tiburones y después monitorear sus movimientos. Nos alegra mucho cuando vemos un tiburón que marcamos con vida”, narra.

Durante el recorrido, científicos y pescadores trabajaron conjuntamente e intercambiaron conocimientos. Las comunidades pesqueras aportaron también su experiencia práctica sobre el mar, en especial en las maniobras de marcaje de tiburones, mientras que los biólogos contribuyeron con información científica para entender mejor las especies que habitan y transitan por la Reserva Marina de Galápagos.

Esta área protegida alberga cerca de 3.000 especies marinas, de las cuales aproximadamente un 25% son endémicas. Entre ellas se encuentran el tiburón ballena, el tiburón martillo, las tortugas marinas, los lobos marinos y el pingüino de Galápagos. Debido a esta riqueza biológica, fue declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco.

Trabajar juntos, científicos y pescadores, parecía impensable hace 20 o 30 años, señala Alex Hearn, investigador de tiburones del GSC, quien destaca que se ha superado esa antigua relación de confrontación. “La colaboración comenzó hace algunos años entre la comunidad científica dedicada a los tiburones y los pescadores artesanales, cuyo aporte ha sido fundamental: son expertos en las maniobras en el mar, la navegación y el conocimiento práctico del entorno”, explica.

Un caso claro es el de Manuel Yépez, quien participó en la expedición y es pescador de tercera generación en San Cristóbal. Su padre, su abuelo y su bisabuelo se dedicaron a esta actividad, que él ejerce desde los 12 años, cuando en Galápagos había apenas unos 50 pescadores registrados. Actualmente son cerca de 1.000, lo que ha incrementado la presión sobre los recursos. Antes bastaba con navegar distancias cortas para asegurar la pesca; hoy las jornadas son más extensas y exigen un mayor gasto de tiempo y recursos.

“Las comunidades de pescadores necesitamos ser parte de las investigaciones científicas, tener un rol y conocer más sobre las especies”, explica Yépez, de 47 años. “Hay mucho desconocimiento sobre la vida de los peces que capturamos. Muchas veces pescamos ejemplares muy jóvenes. Hace 40 años vivíamos el día a día, pero ahora es importante planificar la pesca, establecer vedas y conocer las características de las especies y sus zonas. No hace falta pescar tantos peces para tener mejor economía. Es mejor realizar pescas pequeñas pero inteligentes”.

Los pescadores artesanales que participaron en la expedición fortalecieron sus conocimientos sobre las distintas especies de tiburones. Además, realizan un seguimiento periódico, de los ejemplares que marcaron durante la investigación.

Estas exploraciones científicas transforman la percepción de los pescadores sobre la fauna marina: deja de ser vista únicamente como un recurso y pasa a reconocerse como vida silvestre que requiere protección. Como resultado, en Galápagos han surgido proyectos de pesca artesanal sostenible y con trazabilidad.

Monitoreo y descubrimientos

La expedición contó con la participación de tres embarcaciones: el Yualka, el Sierra Negra, liderado por la dirección del Parque Nacional Galápagos, y el Sirius, de la Armada del Ecuador. Durante las investigaciones se emplearon, además, técnicas de ADN ambiental, lo que permitió monitorear la conectividad del ecosistema desde Galápagos hasta Cocos. En este recorrido se identificaron al menos 96 especies y se evidenció un sistema pelágico altamente productivo. Es decir, esta es una zona de mar abierto con mucha luz y nutrientes, donde las corrientes suben los alimentos desde el fondo marino, generando gran cantidad de plancton y peces que, a su vez, atraen a grandes depredadores como tiburones.

La investigación registró cerca de 17 tiburones martillo hembras migrando desde Galápagos hacia Cocos y Panamá, además de numerosos tiburones zorro. “Contar con este corredor libre de pesca fantasma e industrial es vital”, explicó Hearn.

La pesca fantasma se refiere a redes, anzuelos, trampas que han sido perdidas o abandonadas en el mar y que continúan capturando fauna marina y son un riesgo para la navegación. Por su parte, la pesca industrial es una actividad organizada y a gran escala, que emplea grandes embarcaciones y tecnología avanzada para capturar grandes volúmenes de peces con fines comerciales.

Los hallazgos evidencian que, aunque existen avances importantes en la protección marina, aún persisten vacíos críticos en el manejo de la Reserva Marina Hermandad. La alta abundancia registrada en el monte submarino Paramount, en Panamá, una zona cercana pero fuera del área protegida, confirma que la biodiversidad no reconoce límites y que hay sitios claves aún expuestos.

Si bien Panamá protege el 39% de su área marina en el Pacífico, preocupa que tiburones martillo marcados en Galápagos y Paramount migren hacia zonas donde se ha documentado el consumo de crías. De igual forma, aunque Costa Rica ha ampliado la protección alrededor de la isla del Coco, la presencia de flotas palangreras [cientos de anzuelos con carnada que generan grandes capturas incidentales de especie no objetivo] contrasta con las restricciones de la reserva Hermandad.

Estas diferencias muestran que la conservación del corredor depende no solo de áreas protegidas aisladas, sino de una coordinación real entre países para asegurar la protección de especies migratorias a lo largo de toda su ruta. “Las áreas marinas protegidas representan un gran avance para preservar el mar de donde venimos. Aunque esta zona está lejos de nuestras rutas habituales, el hecho de que esté protegida de la pesca industrial fortalece y respalda nuestra labor”, zanja Yépez.

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