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La escuela musical que aleja a los niños de la violencia en Oaxaca

Surgida a partir de un proyecto eclesiástico hace 15 años, la institución le ha dado un nuevo panorama a lo que fue un asentamiento fundado por recolectores de basura

Luis Cervantes Piña en Villa de Zaachila, Oaxaca, el 23 de enero.Eva Lepiz

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Los aires de cambio en Villa de Zaachila, Oaxaca, traen música que se esparce por las calles sin pavimentar y adornan el polvo fino que se levanta a la menor provocación en este sitio que, durante más de cuatro décadas, recibió miles de toneladas de basura de la capital y de la zona metropolitana. La Escuela de Iniciación Musical Santa Cecilia de esta población, ubicada a 18 kilómetros de distancia del centro de la ciudad, ha sido un factor de incidencia para dar un nuevo horizonte a niñas, niños y familias enteras, quienes a lo largo de 15 años han aprendido a dominar un instrumento musical de viento o cuerdas. Lo que antes eran toneladas de basura acumulada y camiones que trasladaban toda clase de desechos, comienza a virar hacia oportunidades universitarias, bandas de la localidad y una perspectiva cultural solo lograda con el esfuerzo comunitario.

La Escuela Santa Cecilia se encuentra ubicada en la Agencia Municipal Vicente Guerrero, un asentamiento fundado en la década de los 80 por recolectores de basura. La localidad, con 15.910 habitantes, tiene altos grados de marginación y pobreza: el 38% de la población no tiene seguridad social y, de las 5.292 viviendas, el 34% no cuenta con agua potable, el 12% no tiene drenaje y el 1% carece de energía eléctrica.

Esta informalidad fue la cuna para que, en 2011, el párroco José Rentería y un grupo juvenil, pusieran en marcha un proyecto para fomentar el arte y la cultura. Modesta Hernández, presidenta de la Asociación Civil Armonía Juventud y Comunidad, así como directora general de la Escuela Santa Cecilia, recuerda cómo la iniciativa comenzó sostenida por el comité de padres de familia y el religioso. “Cada domingo las madres acudíamos a vender chicharrines, medias tortas y antojitos a la iglesia de San Bartolo para financiar el pago del maestro de música. Pero el aumento de la matrícula nos llevó a buscar otras formas de financiamiento”, cuenta.

Con el apoyo de las fundaciones D’entreprise Airfrance, Tash Inc. y Don Do Choeur, así como la Parroquia de San Bartolomé Apóstol y la asociación de la Banda de Música, lograron construir, en 2019, cinco salones de clases, 12 salas individuales y dos bodegas.

La coordinadora de la escuela, María de los Ángeles Ramírez Mijangos, señala que esta infraestructura les ha permitido mantener una matrícula de 208 estudiantes para instrumentos de aliento y cuerdas, así como una plantilla de 11 maestros. La formación, añade, consta de seis años: el primero en iniciación musical y los cinco restantes en ejecución del instrumento, así como enseñanza de conceptos musicales.

La institución, asegura, ha sido refugio de niños y niñas, pues hasta antes de su creación no existía ninguna opción recreativa y mucho menos de tipo cultural para las infancias y juventudes de la zona. El trabajo ha dado resultado: 11 alumnos de la Santa Cecilia ingresaron a instituciones de educación superior, entre ellas, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el conservatorio de la Ciudad de México y de Puebla. Además, se han formado ocho bandas de música regional en la agencia.

Sin embargo, Manuel José José, director de una de las bandas desde 2016, considera que el principal reto es lograr que los jóvenes que se encuentran en procesos formativos en instituciones de alto nivel regresen a compartir el conocimiento con sus compañeros. También profesor de saxofón, él ha estado al frente del grupo en eventos como la inauguración del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, así como en el Festival de Normandía 2023, en cuyo marco tocaron en París. “Yo me siento privilegiado de ser director de la banda y que los niños me permitan ser parte de su vida musical, de motivarlos a dedicarse a su instrumento”, confiesa.

Historias de músicos

José Alberto Durán Hernández es estudiante de fagot en la UNAM. Actualmente, se encuentra de vacaciones y acompaña a la banda que lo formó al centro de Oaxaca para tocar en la calenda que parte del emblemático templo de Santo Domingo de Guzmán. Las calendas son recorridos engalanados con música, bailes y flores. A los nueve años, este joven de ahora 20, ingresó a la escuela Santa Cecilia, tomando el clarinete, hasta que, en París, conoció maestros fagotistas que lo orillaron a dedicarse a ese instrumento.

“La música es un factor de cambio para las personas, te da otra perspectiva de la vida. Poder hacer música es un privilegio que, además de conocimientos, te brinda la facilidad de conocer otros lugares y te da sentido de pertenencia”, confiesa.

Para Margarita José López (trombonista, 56 años), integrante de la Banda de Música, esta institución le permitió cumplir con el sueño de tocar un instrumento, al igual que a sus hijos, Obed y Josué López José, este último trompetista y participante en la calenda. Karen Cecilia Martínez López (saxofonista, 18 años) también tiene una tradición familiar musical: su abuelo y su padre son músicos, por eso aprendió desde los seis años a tocar un instrumento y, desde hace uno, acude a la Escuela Santa Cecilia. Habitante de la Agencia Vicente Guerrero reconoce que, a partir de la enseñanza musical, hay un antes y un después en la zona, sobre todo en materia de seguridad y disminución de la violencia. “Los jóvenes tenemos un espacio donde aprender, interactuar y desenvolvernos lejos de la violencia”, considera.

Aunque en 2023, la agencia y 50 colonias pertenecientes a la Villa de Zaachila se unieron para cerrar el basurero municipal, la pobreza persiste acompañada de daños ecológicos como el correr de los lixiviados por las calles (líquidos generados por la descomposición de la basura). Pese a esto, a lo lejos quedó la montaña de basura que los envolvía. Ahora esperan ser reconocidos por lo que hace la Escuela Santa Cecilia, semillera de grandes músicos.

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